Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Un Perfil de la Sociedad Guatemalteca

con 3 comentarios

La sociedad guatemalteca ha fracasado. Más de la mitad de los guatemaltecos son pobres y un cuarto de la población es extremadamente pobre. Las instituciones son débiles y carecen -merecidamente- del respeto de los ciudadanos. La violencia ha impuesto un régimen de miedo que aflige a todos con la sensación de tener una pistola permanentemente en la sien. Ante este suplicio, algunos emigran, otros se persignan, y aún otros tratan de analizar la tragedia para que quizá así, como objeto de estudio, la expectativa de una muerte inminente sea menos tormentosa.

Que Guatemala ha fracasado socialmente no es un enunciado controversial. Ya sea el profesor sancarlista o el columnista liberal; ya el invasor de tierras o la ama de casa; ya un padre preocupado o un analista gringo atrincherado en su embajada; todos están de acuerdo en que hay algo profundamente malo con este país. No es simplemente un asunto de mejora continua como en tantas sociedades exitosas en el mundo, las cuales, en el reconocimiento de su natural imperfección, van haciendo ajustes para acercarse al ideal. No, el problema de Guatemala es mucho más fundamental porque empieza con los supuestos bajo los cuales operan sus instituciones. Algunos, como el premio Nobel Miguel Ángel Asturias, suponen que el problema está explicado en la composición étnica. Otros, como el socialdemócrata Álvaro Colom, creen que radica en las estructuras sociales y económicas. Por su parte, los liberales culpan a un Estado ineficiente que no se enfoca en sus funciones propias.

Cada una de estas posiciones tiene argumentos a su favor, pero creo que en última instancia su poder explicativo es limitado porque todas tienden a absolver de responsabilidad a los mismos guatemaltecos y la sociedad que conforman. Es mi opinión que ni la etnicidad, ni las estructuras, ni tampoco el Estado ineficiente y distraído son las causas del fracaso, sino consecuencias de un mal subyacente que es la cultura del guatemalteco(a). No soy el primero en señalar la importancia de la cultura en el desarrollo de las naciones. David Landes de Harvard escribió un libro dedicándole mucha atención a este factor.  http://www.amazon.com/Wealth-Poverty-Nations-Some-Rich/dp/0393040178

Recientemente Robert Samuelson escribió un artículo al respecto: http://www.realclearpolitics.com/articles/2008/05/the_moral_challenge_of_globali.html

Para ilustrar el problema de la cultura en Guatemala, voy a hacer una clasificación inusual de su población. En vez de partir la población conforme a parámetros demográficos y económicos, clasificaré según las actitudes las cuales, en conjunto, constituyen la cultura de cada grupo social.

Si creemos que son las acciones de las personas que determinan los resultados que obtienen de la vida, al investigar las causas del subdesarrollo debemos enfocarnos en las actitudes que determinan las acciones de las personas. Me he dado cuenta que las diferencias en actitudes no están necesariamente delineadas por las categorías típicamente usadas en los análisis de este tipo, a saber, ladinos e indígenas, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, católicos y evangélicos, ricos y pobres. Creo que –culturalmente– pueden identificarse tres grandes grupos culturales en esta sociedad: víctimas, idiotas y sinvergüenzas. 

El grupo más grande es el de las víctimas. Quienes pertenecen a este grupo pueden describirse como personas escrupulosas que tratan de ganarse la vida honradamente. Se enfocan en desarrollar vínculos económicos con el resto de la sociedad y se preocupan por la educación de sus hijos.  Salen de su casa todos los días pensando en lo que deben hacer para lograr la cada vez más ardua hazaña de proveer para su familia sin cruzar camino con un delincuente. La víctima no piensa políticamente ni se organiza con otras víctimas para defender sus derechos porque cree que esto es una pérdida de tiempo; además, ve la política con un desdén escéptico, creyéndola irremediablemente sucia. La víctima tiene la esperanza sobrenatural, justificada en su devoción religiosa, de que la ola de violencia no tocará a su familia.

Los idiotas conforman el segundo grupo más numeroso después del de las víctimas, y son los que inconscientemente definen el curso del país. Son exactamente como las víctimas salvo en un crítico detalle: no son escépticos sino crédulos en cuanto a las ofertas políticas, especialmente las de corte populista. El idiota puede ser trabajador y religioso como la víctima, pero su verdadero entusiasmo lo reserva para servir de carne de cañón en los movimientos políticos ideados por personas más astutas que él. Su ingenua colaboración con el mal se explica en que alberga resentimientos y prejuicios fácilmente explotados por los miembros del siguiente grupo, a quienes, con su irracional complicidad, el idiota empodera para dirigir al país.

A pesar de ser menores en número, los sinvergüenzas son los amos y señores de Guatemala. Consisten de las mafias del narcotráfico, los políticos corruptos, los cabecillas de las maras, los sindicalistas deshonestos, los policías sacones y violadores, los comerciantes avorazados que buscan privilegios en el gobierno en vez de clientes en el mercado, los padres irresponsables que andan regando hijos sin proveerles de sustento, los gorrones de profesión. Todos conocemos gente así. Pasan todo el día pensando en cómo mentir, robar, asesinar, o de cualquier otra forma extraer de los demás lo que no les corresponde. Su idea del éxito es ser listo, lo cual definen como la capacidad de pasarle encima a los demás con impunidad.  Lo que define al sinvergüenza es la avaricia, lo que lo explica es la inmoralidad rampante, lo que significan para Guatemala es violencia y miseria. En todas las sociedades hay sinvergüenzas, pero sólo en contados países tienen tanto poder como aquí, proliferando en las instituciones de la democracia como un cáncer metastásico, especialmente en el gobierno donde arreglan las reglas del juego a su conveniencia.

Es fácil denunciar a los sinvergüenzas como lo hacen todos los días los periódicos y los políticos, siendo estos últimos, con frecuencia, sinvergüenzas ellos mismos. Al sinvergüenza mismo le tiene sin cuidado la denuncia pública porque sabe que vive en un país controlado por su clase de gente, lo cual le garantiza impunidad siempre que esté dispuesto a repartir una parte de su botín. Y si alguien cree que al menos les preocupa su reputación, olvida que, al fin y al cabo, estamos hablando de individuos sin vergüenza.

A quienes nunca se denuncia es a los numerosos idiotas, esos tontos útiles que por mayoría eligen a los funcionarios, encubren a los narcotraficantes, hacen propios los pronunciamientos más absurdos de la Iglesia idiotizante, cierran carreteras y queman llantas, evaden impuestos y engrosan la economía informal, vitorean los bonos salariales por decreto con los que compran los vulgares periódicos que pagan el salario de reporteros y editorialistas. Este idiota, el que sin saberlo sostiene en sus hombros al sinvergüenza que lo mantiene pobre y aterrorizado, es intocable porque es la mediana del votante/ consumidor guatemalteco. Ni el político ni el periódico arriesgarán ganarse su antipatía.

¿Qué nos queda al final, entonces? ¿Dónde está la solución? Hay otro grupo responsable del fracaso, aquel que se rehúsa a organizarse y participar en la vida pública. “Todo lo necesario para que el mal triunfe”, según Edmund Burke, “es que los hombres buenos no hagan nada.”  Si las víctimas no pelean por una sociedad justa, verán como sus números se reducen gradualmente hasta que en Guatemala no queden sino maleantes y sus habilitadores. Será entonces inevitable el colapso hacia la oscuridad y la barbarie de un país que, como ha ocurrido en África y el Medio Oriente, se verá obligado a descartar su soberanía para aspirar a un grado tolerable de civilización a través del dominio extranjero.

Escrito por craguilar

Abril 12, 2008 a 5:02 pm

3 comentarios

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  1. muy atinado comentario. Yo personalmente me confieso como una ciudadana sin fe ni esperanzas de este Guatemala. para mi sería más facil emigrar o que nos “colonizaran” nuevamente. mi enojo se debe en parte, a la última propuesta del Presidente Álvaro Colom: precios tope, aumento de impuestos y bonos salariales. Los cuales por supuesta los tenemos que pagar las “victimas” porque no es nisiquiera toda la población Guatemalteca económicamente activa, la economía informal se escapa de estos gravámenes por “sin vergüenzas” por lo que el grupo que tiene que paga los platos rotos de la más perfectas y más grandes estupidas ideas de adivinen quién? los “idiotas”.

    Alejandra Cotto

    Abril 20, 2008 a 9:19 am

  2. la verdad si estamos dentro de una sociedad muy cruel, pero con esto de que nos vuelvan a colonizar, mmmmmmmmmmm, no la verdad si queremos cambiar guatemala tenemos que cambiar primero nosotros, en una forma de pensar nosotros somos guatemala y por eso tenemos que demostrar con comentarios como esos no tendremos esperanza, apesar de como la se ecuentra la estructura social de guatemala, existe gente con ganas de sacar a delante el pais, ah pero nosotros a esa gente no la apoyamos y solo decimos no tener fe en guatemala.

    recordemos a gente que hace que guatemala sea un pais con ganas de superar.

    los heroes no se lloran,
    se imitan……………

    jorge tepeu

    Marzo 19, 2009 a 10:21 am

  3. Queridos, cada uno de ustedes pueden hacer que guatemala sea libre de la corrupcion de la mentira y de los sin verguenzas….pero mi pregunta es: ESTAS DISPUESTO A DAR TU VIDA POR ELLO?…PIENSALO Y DESPUES ME RESPONDES…..SI ES AFIRMATIVA, ENTONCES EN MENOS DE 10 AÑOS…..GUATEMALA LLEGARA A SER AQUELLO QUE TU PIENSAS……

    jorge gimenez gutierrez

    Septiembre 20, 2009 a 3:10 pm


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