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La Ley de Armas en Libre Encuentro

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Anoche, cambiando canales ya pasadas las diez de la noche, me topé con Libre Encuentro, la creación televisiva del bienaventurado empresario Dionisio Gutiérrez. Este es el foro donde políticos y analistas de profesión desempolvan sus habilidades retóricas, y a veces nos asombran con su capacidad para argumentar la cuadratura del círculo sin ruborizarse. 

Para ser un programa de debate, Libre Encuentro se distingue por carecerlo. Llegan a este set personajes cuyas ideologías son polarmente opuestas, pero en el antiséptico ambiente moderado por Dionisio van deshaciendo sus diferencias delicadamente hasta que al finalizar la discusión pareciera que ninguna existe. Al final, el programa resulta ser menos un foro de debates que una tribuna del pudiente moderador, hacia cuya opinión todos los participantes parecen confluir a medida que se acercan los créditos.

Así que me sorprendió el episodio de ayer sobre la Ley de Armas porque ante mis ojos se desarrolló algo parecido a un debate real. Agarré el programa ya empezado, pero en lo poco que ví me llamaron la atención un par de cosas.

Declaro que estoy a favor de la tenencia y portación de armas por parte de civiles, siempre y cuando estén debidamente registradas. Me opongo a nuevas leyes que restrinjan este derecho, creyéndolo un regalo para los delincuentes que prefieren víctimas desarmadas, como bien reza la omnipresente calcomanía.

Había tres personas defendiendo una ley más restrictiva y tres personas oponiéndose a la misma, encontrándose entre estos últimos Pablo Duarte, el diputado unionista quien por su irritante tono de voz debería limitar sus aportes al medio escrito. Este caballero defendió el derecho a portar armas desde una perspectiva pragmática, argumentando que mientras el Estado no pueda garantizar un nivel tolerable de seguridad pública sería imprudente negarle a los ciudadanos los medios para defenderse por su cuenta. Empezamos mal. Si bien es cierto que es especialmente indefendible restringirle las armas a la gente honrada durante la actual crisis de inseguridad, no creo que la restricción sea aceptable aún cuando la situación haya mejorado. El derecho a defender la vida propia, como cualquier derecho legítimo, es inherente a la persona humana y trasciende las circunstancias de cualquier situación particular.

Duarte también dijo que Vinicio Cerezo firmó la Ley de Armas vigente en 1989, creando así un derecho ciudadano y, según él, no es justo darle derechos a los ciudadanos para luego quitárselos. Aquí le falló aún más la puntería. Si los derechos no dependen de las crisis coyunturales mucho menos dependen de las revelaciones del funcionario de turno. Los guatemaltecos no “ganaron” un derecho cuando Cerezo firmó la Ley que les permitía poseer y portar armas, sino que finalmente pudieron gozar un derecho que siempre tuvieron pero que les había sido negado por los gobiernos despóticos y usurpadores del pasado. Los derechos de las personas son naturales; no son concedidos por los gobiernos. Éstos tienen la obligación de salvaguardar los derechos individuales, pero no la potestad a darlos o quitarlos.

Ahora bien, los que se salieron completamente del polígono con su puntería lógica fueron los panelistas que quieren más restricciones. No vale la pena ahondar mucho en su diatriba, la cual denota una serie de prejuicios sobre las armas y el derecho que no pasan ni la primera lectura.

Un señor regordete dijo que las armas constituyen un “riesgo” a que se cometan crímenes violentos. Entonces, él razona, al reducir el número de armas en circulación se reduciría la incidencia de éstos. Algo así como que las armas fueran zancudos y la violencia fuera la malaria; basta con exterminar a los zancudos para derrotar a la enfermedad. A este ilustre ponente no le conmovió en lo mínimo el hecho estadístico, introducido oportunamente por el moderador, de que algo como el 90% de los crímenes con armas de fuego se cometen con armas no registradas, es decir, ilegales. Para él un arma ilegal es lo mismo que un arma legal y la proliferación de una u otra implica el mismo riesgo para la sociedad.  Él se equivoca; los estudios demuestran que un arma legal tiene en la seguridad pública un efecto contrario al de un arma ilegal, siendo la primera pertenencia de un ciudadano que respeta las leyes con el fin de defender sus derechos y la segunda un instrumento criminal. Alguien remítalo a More Guns, Less Crime (Más Armas, Menos Crimen), de John R. Lott Jr. http://www.amazon.com/More-Guns-Less-Crime-Understanding/dp/0226493636

Una señora de buena presentación también se pronunció a favor de quitarle a los guatemaltecos sus pistolas. Ella dijo que sólo un 0.5% de la población porta armas y que no es correcto que la ley los favorezca en detrimento de la mayoría. A este argumento lo desinflan por lo menos dos falacias, así: 1.) Suponer que el 99.5% que no porta arma está en contra del derecho a portar armas. (Yo soy la contradicción viva a este supuesto, porque al momento de escribir esto no poseo un arma y sin embargo siempre he defendido el derecho a portarla. Tampoco he participado en alguna manifestación pública y sin embargo creo en mi derecho y el de otros a manifestarse públicamente.) 2.) Suponer que es contrario a los intereses de la mayoría que una minoría porte armas. El criterio subyacente es que la minoría usa sus armas para someter a las mayorías desarmadas, lo cual presenta una absurda dicotomía ya que hay un tercer grupo -los delincuentes con armas no registradas- que en efecto impone su voluntad sobre sus víctimas, armadas o desarmadas. El delincuente no sabe si su próxima víctima forma parte del 0.5% armado o del 99.5% armado, y la resultante incertidumbre complica sus proyectos nefastos. En la medida que se incremente el número de ciudadanos armados se incrementa la probabilidad de que el delincuente se tope con alguien que ofrezca resistencia, lo cual incrementa los costos esperados de asaltar o secuestrar. Axiomáticamente, mayores costos esperados disuaden del delito.

No quedé muy satisfecho con el nivel del debate sobre la Ley de Armas en Libre Encuentro, pero al menos hubo debate, lo cual es un gran paso adelante. Sintonizaré el próximo programa, talvez tengo suerte otra vez.

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Written by craguilar

abril 16, 2008 a 4:12 pm

Publicado en Política

2 comentarios

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  1. “nadie sabe para quién trabaja” Alguién tiene que ver que el “congrueso” como muy atinadamente le dice Marta Yolanda, entienda que la prohibición de armas afectará negativamente a los civiles guatemaltecos y a los delicuentes positivamente. ¿por qué? porque los delicuentes les viene del norte las leyes, obviamente lo sabemos porque son DELICUENTES. No se requiere mucha ciencia para concluir que si se emite una ley de restricción de armas los delicuentes NO la acatarán.. Así que solo la idea es nefasta ¿cómo se atreven a meterla a debate? lo único que harían es someter al pueblo y premiar a los delicuentes. Una vez más. “nadie sabe para quién trabaja”

    Alejandra Cotto

    abril 20, 2008 at 8:52 am

  2. […] no respetan la ley de no asesinar tampoco respetan la ley de no portar armas. ¿A quién se le habría ocurrido semejante cosa? Resulta que los delincuentes prefieren víctimas desarmadas. […]


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