Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Las Remesas: una Maldición

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Cuando eramos niños, escuchamos a nuestros padres advertirnos sobre los enchufes. Nos dijeron que al insertarles un objeto metálico seríamos recompensados con una sensación muy desagradable. Muchos optamos por rechazar la advertencia y llegamos a aprender por dolor lo que no quisimos aprender con palabras. Es la obstinada naturaleza del ser humano que lo lleva a sufrir en carne propia lo que habría podido evitar si escuchara los consejos de quienes lo sufrieron antes. No importa; para el enésimo aventurero, la singular y dolorosa experiencia ha sido suficiente para que no lo vuelva a hacer.

Los individuos organizados en comunidad también aprenden valiosas lecciones de sus propios errores. Muchos ignoran que los peregrinos ingleses que llegaron por primera vez a Norteamérica implementaron el socialismo en Plymouth Rock. Por extraño que parezca, el registro histórico demuestra que en los Estados Unidos, ahora el baluarte del capitalismo mundial, hace casi 390 años se fundó una colonia socialista. El gobernador William Bradford administró un pequeño estado con una tienda comunal que operaba bajo la máxima “de cada quien según su habilidad y a cada quien según su necesidad.”  En retrospectiva, Bradford escribió lo siguiente: “la experiencia que se tuvo en este curso y condición comunes durante arduos años, entre hombres temerosos de Dios y sobrios, podría bien extirpar la vanidad de la arrogancia de Platón y otros antiguos, aplaudida por algunos en tiempos postreros; –que al eliminar la propiedad, y traer la comunidad a una riqueza común, los haría felices y prósperos; como si fuesen más sabios que Dios. Porque esta comunidad llegó a tener mucha confusión y descontento, y retardó muchos esfuerzos que habrían sido para su beneficio y comodidad. Porque los hombres jóvenes que eran más hábiles y dispuestos resintieron que tuvieran que usar su tiempo y fuerza para trabajar para las esposas e hijos de otros hombres, sin recompensa. El fuerte o el laborioso no obtenía una mayor división de la producción que el que era débil o incapaz de hacer una cuarta parta de lo que hacía el otro; esto era considerado injusticia. Y que las esposas de los hombres fueran ordenadas a hacer servicio para otros hombres, cocinándoles, lavando su ropa, etc., lo creían un tipo de esclavitud y no hubo muchos esposos que bien lo tolerasen. ” Luego de tres años de escasez y conflicto, los peregrinos reestablecieron definitivamente la propiedad privada. 

Así como las virtudes son hábitos que enriquecen, los vicios son hábitos que empobrecen. Las sociedades que se configuran de modo tal que castigan las virtudes y premian los vicios tienden naturalmente al fracaso. Éste se manifiesta como la incapacidad de satisfacer las necesidades mínimas de riqueza y seguridad de las familias, lo cual tiene un efecto escarmentador análogo a la electrocución del niño travieso. Empero, así como un niño que no sufre las consecuencias seguirá hasta la adultez insertando cubiertos en tomas eléctricas, así también las personas que no padecen por sus malos hábitos seguirán cultivándolos.

La remesa familiar — ese pago regular que hacen muchos expatriados a sus familiares en Centro América — es el mecanismo a través del cual millones de personas pueden cultivar malos hábitos sin sufrir las consecuencias. A nivel familiar, las remesas permiten que generaciones enteras de holgazanes accedan a un nivel de vida superior al que su productividad les merece. A nivel agregado, alivian la presión económica que las sociedades enfermas tienen para reformarse. ¿Por qué someterme al agravio de crear aquí un estado de derecho que propicie la creación de riqueza si puedo transferirme la riqueza desde afuera? Ciertamente es más fácil ir a mendigarle a Bush para que suspenda las deportaciones de inmigrantes ilegales que cambiar las condiciones en nuestros países que en primera instancia generan la emigración.

Sí, conozco los beneficios macroeconómicos de las remesas: incremento de reservas internacionales, estabilidad del tipo de cambio, mayor PNB, mayor poder adquisitivo, etc. Pero ni los indicadores económicos ni el dinero constituyen riqueza. La riqueza es el conjunto de capital, conocimientos y hábitos productivos en una sociedad, del cual nos creemos capaces de prescindir sólo porque estamos recibiendo transferencias de dinero.  Los beneficios temporales de las remesas son pagados con el precio de eliminar incentivos para hacer los cambios de fondo que nos conducirían hacia economías nacionales capaces de generar riqueza.

Lo peor es que para un gran número de familias, las remesas no son una fuente adicional de ingresos sino la única fuente de ingresos. Personas en edad de trabajar se están dedicando al ocio gracias a la esperanza que tienen de recibir su “Western Union” a fin de mes. En el oriente de El Salvador, por ejemplo, los ingenios y los beneficios de café tienen que importar trabajadores de Nicaragua porque los locales ya no quieren ser molestados con la cosecha. Hay pueblos enteros donde la gente se la pasa todo el día sentada enfrente de su casa, plácidamente conversando con otros dependientes del trabajo migrante. Las manos ociosas son el juguete del diablo, dice el dicho, y así lo comprueba la proliferación de maras en comunidades otrora inmunes a este flagelo social.

Otra bendición de las remesas es el oprobioso espectáculo ofrecido por nuestros gobernantes al dictarle a los Estados Unidos como administrar sus leyes migratorias. Es lo que motiva al presidente de México a pontificar continuamente sobre el trato debido a sus indocumentados en el Norte, al mismo tiempo que ignora el abuso perpetrado por los federales charros contra inmigrantes centroamericanos. En realidad, ni el gobierno de México, ni el salvadoreño o el guatemalteco, ni el de cualquier otro país que no sea los Estados Unidos tiene derecho a decirle a este país cómo manejar su política de inmigración o sermonearle sobre la conveniencia de construir el muro fronterizo. Es realmente vergonzoso observar como nuestros políticos no tienen suficiente voluntad política para reformar su propio país, pero sí para pretender abusivamente reformar a otro.

El hecho de que casi la mitad de los inmigrantes no tienen estado legal hace aún más precaria la muleta remecista. Además, la tendencia en los Estados Unidos es hacia restringir cada vez más la inmigración. Es bien sabido que es sólo la primera generación de inmigrantes envía dinero a sus países de orígen. Los hijos de los inmigrantes, cultural y socialmente desvinculados con el país de sus antepasados, dejan de enviarlo. La estadística confirma que el crecimiento explosivo en las remesas, observado en años anteriores, está menguando. Nos acercamos al cénit y todos sabemos lo que ocurrirá después: una reducción paulatina y segura en las transferencias a medida que los inmigrantes de primera generación se retiran. Es una perspectiva agobiante para los que preferirían seguir golpeando el pavimento con sus tazas de latón hasta el fin de los tiempos, pero es una luz al final del túnel para los que deseamos ver que finalmente ocurran cambios profundos en Centro América. 

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Written by craguilar

mayo 1, 2008 a 10:17 am

Publicado en Economía

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2 comentarios

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  1. Si bien es cierto que los gobiernos de México, Guatemala y El Salvador deberían de mejorar la situación económica de su país, pienso que también deben de velar por las personas que ya están allá, y por eso mismo hablan con Bush para que se les trate bien. si bien es cierto que la necesidad de emigrar no la has sentido, (y espero nunca la sientas) debes también de comprender que hasta ahora en Guatemala es casi imposible poder salir adelante, allá es la ciudad de las oportunidades, de los sueños hechos realidad. Claro que esto es difícil de entender para alguién que lo ha tenido todo, es decir todas las oportunidades para poder vivir descentenmente en un país. pero te pregunto yo ¿por qué no es tan grave para tí que Ingleses hayan huído de su tierra para asentarse en las Américas?? todos procuran su propio bienestar, de una u otra manera todos han roto leyes, han invadido tierras, han creado guerras para procurar su propio bienestar, han llegado a conseciones, o como dices tu han mendigado, pero no entiendo porque ves de menos cuando esto mismo pasa con gente humilde y pobre que sale de sus tierras, deja a sus familias, sufre de discriminación etc, etc. en busca de nuevas oportunidades, y encima de eso…. alegas porque hay algunas personas que velan por un bienestar digno para estas personas….
    claro a bush nadie le puede decir qué hacer y qué no hacer? pero no le hablamos de como hacer o no hacer leyes que no nos repercuten, hablanos de las leyes que se le ocurren y repercuten sobre nuestros familiares.

    es la otra cara de la moneda no?

    Alejandra Cotto

    mayo 6, 2008 at 9:15 pm

  2. […] culturales y políticas. Aún sin la presente crisis financiera, la muerte del remecista estaba anunciada. La muerte política la halló en la mano del electorado gringo quien, asustado por el terrorismo, […]


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