Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Especulando sobre quién tiene la culpa

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A la gente le cuesta aceptar el fenómeno de la suerte. Hay algo sobre el evento fortuito que incomoda a nuestro intelecto, tan condicionado a buscar un diseño en todas las cosas. De allí la creencia que todas y cada una de las tragedias sufridas por la raza humana se deben a algún plan misterioso concebido en la mente de un ser inteligente. Si Fulanito muere aplastado por una roca que se desprendió de la montaña, es la voluntad de Dios. Si el avión cae del cielo fulminado por el mal tiempo, seguramente es porque algún ejecutivo de la aerolínea escatimó el mantenimiento. Si el precio del petróleo sube, tiene que deberse a una conspiración de los especuladores.

En el caso del precio del petróleo, los especuladores han suplantado a la OPEP en el rol de principal chivo expiatorio. Si obligadamente debemos responsabilizar a alguien, yo sugiero que nos quedemos con la OPEP, la organización que impone cuotas a sus países miembros para restringir artificialmente la oferta y así incrementar el precio. Recientemente, esta asignación de culpa se ha dificultado porque esta organizaciòn sólo controla el 36% de la producción mundial y actualmente tiene poca capacidad ociosa, por lo que su grado de influencia está en duda.  Ahora está de moda echarle el muerto a los inversionistas difusamente clasificados como “especuladores.”

Se dice que los especuladores son responsables de mantener el precio del petróleo artificialmente alto, por la demanda que crean en la bolsa de futuros. Se supone que la oferta y la demanda de petróleo físico debería encontrar el equilibrio en un precio inferior al actual si no fuera por la influencia de los especuladores, quienes compran y venden contratos a futuro sin intención de adquirir el producto físico.

El problema es la distinción falaz que se hace entre un precio en “papel” y un precio real. Los contratos son derechos de propiedad sobre petróleo real, no petróleo imaginario. Es tan absurdo como calificar de artificial al precio convenido por un título de propiedad sobre un inmueble. Que haya inversionistas de bienes raíces comprando y vendiendo propiedades que nunca habitarán, intercambiando sólo documentos, no significa que estén creando una demanda ficticia a precios distintos a los del mercado “real.” Si esto fuera así, uno podría ganar millones sin riesgo alguno a través del arbitraje, comprando una casa en el mercado “real” a un precio bajo y luego vendiendo el título de propiedad al precio artificialmente alto de los documentos.

En el caso del petróleo, si el precio de los contratos a futuro está artificialmente alto esto quiere decir que hay un mercado de petróleo físico que está más bajo. Dicen que sin los especuladores y su mercado de papel, los precios estarían por $ 80 el barril. Entonces, ¿por qué no hay nadie comprando barriles físicos de petróleo para vender luego los futuros en la bolsa? Yo podría hacer millones sin riesgo comprando barriles al precio “real” del mercado físico para luego vender los futuros en la bolsa a $140. Cuando el futuro venza, cumplo con el contrato haciendo entrega del barril que compre a $80, y me embolso la ganancia de $60. ¿Por qué no hay especuladores que estén haciendo esto? Por la simple y sencilla razón de que el precio del futuro refleja el precio del producto físico. Si yo fuera hoy a Arabia Saudita o a Venezuela a tratar de comprarles un barril a $80, persuadiéndolos con mi avanzada teoría de la diferencia entre demanda real y demanda artificial, se reirían en mi cara y me deportarían sin una gota de petróleo.

El precio del petróleo — como de todos los bienes y servicios en una economía abierta–, está determinado por la oferta y la demanda. La bolsa de futuros permite que productores y compradores administren su riesgo por las variaciones del precio en el tiempo. Los inversionistas institucionales (especuladores) juegan un rol importante dándole liquidez al mercado, sirviendo de contraparte para los administradores de riesgo que necesitan petróleo para sus operaciones productivas.

A diferencia del mercado de acciones donde en teoría todos pueden ganar al mismo tiempo, el mercado de futuros es del tipo suma-cero, lo que quiere decir que cuando alguien gana, otro pierde en la misma medida. Para cada persona que compra un futuro esperando que este suba de precio, hay otra que lo vende esperando exactamente lo contrario. Las expectativas especulativas acumuladas son neutrales al precio. Lo único que puede determinar su tendencia de mediano y largo plazo es el análisis fundamental, es decir, la oferta y la demanda mundiales de los productos físicos.

La oferta y la demanda del petróleo, a su vez, son en buena medida determinados por la suerte. Quien tiene yacimientos y cuánto petróleo hay en el mundo es un resultado del azar. El hecho de que la ciencia y la investigación no hayan encontrado hasta la fecha una tecnología alternativa que sea económicamente viable no es resultado del diseño sino de la inercia. Que nuestra civilización dependa tanto del petróleo es el resultado espontáneo de millones de decisiones económicas que, sin concierto alguno, moldearon la estructura productiva actual. Por lo tanto, en este como en tantos otros problemas, no es conveniente buscar culpables ni conspiraciones. Lo más probable es que esta época de altos precios resulte en el desarrollo de las tecnologías que, con el tiempo, reducirán la demanda y la importancia relativa del petróleo en la economía.

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Written by craguilar

julio 16, 2008 a 12:43 pm

Publicado en Economía

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