Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Una defensa inequívoca de los Estados Unidos

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Mucha gente odia a los gringos. En América Latina es, después del fútbol, la afición principal de las masas. Aquí no sólo odiamos a nuestros vecinos del norte, sino que nos encanta odiarlos; derivamos mucho placer de despotricar en su contra. No es una aflicción exclusiva de la izquierda política, como uno podría imaginarse. La derecha también está repleta de personas –en otro contexto perfectamente objetivas– para quienes la simple mención del país más poderoso del planeta provoca exabruptos de resentimiento e ira.

¿Cómo se explica este fenómeno?

Por una parte, en la alta visibilidad de los Estados Unidos.  Éste es un país enorme, con más de 300 millones de habitantes de distintos orígenes quienes practican la cantidad más diversa de costumbres, religiones, virtudes y vicios. Si alguien odia algo, seguramente lo puede encontrar en los Estados Unidos y en ningún otro lugar tan visiblemente. Para los puritanos, está el circo permanente de la cultura popular, con sus Madonnas y sus Paris Hilton. Para el degenere europeo, está el fundamentalismo cristiano del Bible Belt. Para los socialistas, está Wall Street y la economía capitalista más grande del mundo. Para los capitalistas, están los subsidios agrícolas y el estatismo remanente del New Deal. Las mentes estrechas se enfocan en aquello que refuerza sus prejuicios. 

La parte irracional de esta animadversión se debe principalmente a la envidia. Envidia de los países pobres que no progresan ni logran generar oportunidades de bienestar para la mayoría de sus habitantes, quienes entonces deben sufrir las humillaciones de la inmigración ilegal. Envidia de las antiguas potencias europeas, hoy relegadas a simples espectadores del ejercicio del poder hegemónico norteamericano.

Cualesquiera sean las causas del antiamericanismo, no es el objeto de este artículo refutarlas, sino proporcionar evidencia para justificar una actitud contraria que es, precisamente, la de admirar a los Estados Unidos de América. La actitud prevalente se debe a una lectura parcial e incompleta de la historia y la influencia estadounidense. Si se hace un análisis justo, tomando en cuenta tanto las cosas buenas como las malas, la conclusión debe ser que este país ha sido generalmente una influencia positiva en el mundo y una esperanza de una mejor vida para millones de personas, adentro y afuera de su territorio.

Tomemos, para empezar, la libertad y la democracia. ¿Qué otro país ha derrochado tanta sangre y tesoro para defender estos ideales? Sólo en la lucha contra el fascismo y el comunismo –los dos grandes flagelos de la humanidad en el siglo XX–, 500,000 estadounidenses murieron lejos de su país liberando a otros pueblos. Más de 4.5 millardos de dólares fueron gastados en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Vietnam. Esto equivale a más del doble del PNB anual de Argentina y Brasil juntos. Y esto no incluye toda la asistencia económica que prestaron a países como El Salvador, Nicaragua y Colombia para que estos pudieran defenderse de la agresión totalitaria.

La esclavitud es la gran mancha en la historia de los Estados Unidos. Miles de africanos fueron secuestrados de sus hogares y transportados a Norteamérica en condiciones infrahumanas. Sin embargo, no fueron los gringos quienes inventaron la trata de esclavos en África. Este dudoso honor se lo debemos a los musulmanes, quienes desde el siglo IX dirigieron la marcha de africanos cautivos a través del Sahara hacia los países árabes. En la era colonial, los portugueses y los españoles iniciaron este comercio en el Atlántico con el auspicio de la Iglesia Católica y el Papa Nicolás V, quien en la bula papal Dum Diversas le cedió al rey de Portugal el derecho a reducir a “saracenos, paganos y cualesquiera otros no creyentes” a esclavitud hereditaria. 

Los caidos de la Guerra Civil

Los caídos en Gettysburg

Esta institución resultó ser insostenible porque contradecía los principios fundacionales inscritos en la Declaración de Independencia de 1776 (“todos los hombres son creados iguales y dotados por su Creador con ciertos Derechos inalienables, entre estos están la Vida, la Libertad y la Búsqueda de la Felicidad.”) Se libró entonces una cruenta Guerra Civil (1861-1865) donde once estados del sur buscaron la secesión de la Unión para preservar su derecho a poseer esclavos. 620,000 estadounidenses murieron en esta guerra – más que en cualquier otra guerra-, sobre quienes Abraham Lincoln declaró, en Gettysburg: “Los hombres valerosos, vivos y muertos, que lucharon aquí han consagrado [esta tierra], mucho más allá de lo que nuestro pequeño poder puede añadir o sustraer. El mundo apenas notará, ni por mucho tiempo recordará lo que digamos aquí, pero nunca puede olvidar lo que ellos hicieron aquí. Es para nosotros los vivos, más bien, dedicarnos aquí al trabajo inconcluso avanzado tan noblemente por los que aquí pelearon. Es más bien para nosotros estar aquí dedicados a la gran tarea que queda ante nosotros –que de estos honrosos muertos tomemos una devoción aumentada a la causa para la que ellos dieron la última y plena medida de devoción –que los que aquí estamos resolvamos solemnemente que estos muertos no han muerto en vano –que esta nación, bajo Dios, tendrá un nuevo nacimiento de libertad –y que el gobierno del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo, no perecerá de esta Tierra.”

 ¿Qué otro país en la historia de la humanidad ha sacrificado tanto por los derechos de una minoría? Freedom isn’t free, dicen los gringos. Nadie sabe esto mejor que ellos, porque nadie ha pagado un precio tan alto.

La actual prosperidad estadounidense no es accidental. Tampoco es el resultado del imperialismo y la expoliación de otros países, siendo estas fuentes efímeras y costosas de riqueza como lo comprobaron tarde los holandeses, los belgas y los franceses. El desarrollo económico de los Estados Unidos, que lo llevó de ser un país agricultor en el siglo XVIII a una economía industrializada importante a principios del s. XX, a ser la economía más grande del mundo en el s. XXI, es el resultado de un sistema político y económico que privilegia la libertad y los derechos individuales por sobre todas las cosas. La libertad de emprender es la clave del desarrollo tecnológico, y el desarrollo tecnológico conduce a un mayor nivel de vida.

Construyendo los sueños

Construyendo el sueño

La insondable creatividad humana alcanza su máximo potencial en aquellas sociedades donde se le permite a cada persona llegar tan alto y tan lejos como sus habilidades y esfuerzos la lleven.  La gran virtud del sistema estadounidense es que logra equilibrar — a través de un esfuerzo consciente — la maximización de la libertad individual con una institucionalidad legal que garantiza los derechos de cada individuo. Se diferencia de otros sistemas en que busca regir los medios, mas no tiene pretensiones sobre los fines o los resultados. William Sumner escribió: “Los derechos deberían ser iguales porque afectan las oportunidades, y todos deberían tener las mismas oportunidades en la medida que estas son proporcionadas o limitadas por la acción de la sociedad. Esto, sin embargo, no producirá iguales resultados, pero es correcto precisamente porque producirá resultados desiguales — es decir, resultados que estarán proporcionados al mérito de los individuos.”

La bonanza económica resulta de esta meritocracia. Con 5% de la población mundial, los Estados Unidos produce el 25% de la riqueza. Con bajo desempleo y alta movilidad social, no sorprende que sea el principal destino para migrantes de todos los puntos del globo. Millones de personas de todas las nacionalidades, etnicidades y religiones han votado con sus pies por el sistema estadounidense, sometiéndose a grandes dificultades por alcanzar el sueño americano. Huyen de países donde el gobierno controla todos los aspectos de la vida, donde la casta en la que nacen determinaría su destino, donde se restringe su derecho a expresarse, y donde la corrupción y la violencia domina a la sociedad entera. Huyen por una mejor vida y, en la mayoría de los casos, la encuentran. De lo contrario, ¿por qué persiste la inmigración?

Gracias a su poderío, los Estados Unidos está en la posición única de influir significativamente en la suerte de otros pueblos. Es simultáneamente una bendición y una maldición, porque en sus hombros reacae la responsabilidad de procurar la justicia para millones de víctimas en todo el mundo. Si no lo hace los Estados Unidos, ¿quién? Alguna vez se tuvo la esperanza de que la ONU se convirtiera en el policía del mundo, pero la irrelevancia de esta organización ha quedado ampliamente demostrada, especialmente en el caso de África y el Medio Oriente.

No obstante su superioridad militar, los Estados Unidos se ha conducido en el mundo con una impresionante medida de consideración y respeto a las demás naciones. Si esto le parece una afirmación descabellada, considere las alternativas. De todas las grandes potencias en la historia de la humanidad (léase Egipto, Persia, Roma, Gran Bretaña, etc.), ¿cuántas han ejercido su liderazgo sin subyugar? Los Estados Unidos no tomó esclavos ni despojos de los territorios que liberó en sus guerras. A diferencia de la Unión Soviética, concluida la Segunda Guerra Mundial los estadounidenses se retiraron sin conquistar un solo kilómetro cuadrado de la Europa que liberaron, ni siquiera en la Alemania vencida. ¿Por qué no tomaron una isla de Japón como una reparación por la guerra iniciada por los imperialistas nipones?  ¿Cuántas colonias estadounidenses existen o han existido en el mundo? Compare esto con la historia del colonialismo europeo, que sometió a los pobladores de los lugares más remotos del mundo a los antojos de los monarcas. Compare el profesionalismo del ejército estadounidense con la rapiña de las hordas Euroasiáticas o de la Legión romana. Nuestras sensibilidades modernas se escandalizan con el trato de los prisioneros en la Bahía de Guantanamo, como si se tratara de la Isla del Diablo en Guyana Francesa, donde los franceses metieron a Papillón. Se nos olvida que estas sensibilidades se derivan de un mundo más humano que los Estados Unidos ayudó –más que ningún otro país– a construir.

En los Estados Unidos se encuentran las mejores universidades, donde centros de estudio investigan constantemente para expandir las fronteras del conocimiento. En ningún otro país hay tanto capital privado invertido en investigación y desarrollo. La mayor parte de los avances en la tecnología de la información, como las computadoras y el internet, se gestaron en los Estados Unidos. Nuevas medicinas y tecnologías médicas son desarrolladas aquí todo el tiempo, incrementando la expectativa y la calidad de vida para millones alrededor del mundo. Además, los estadounidenses son los ciudadanos más caritativos del mundo, regalando dinero y otros recursos a gente extranjera que no conocen en el orden de 13,000 millones de dólares al año.

Alexis de Tocqueville fue el primer autor en percatarse del excepcionalismo estadounidense, atribuyéndolo a un conjunto único de valores que predominan en esta cultura. Los ideales republicanos, la meritocracia, el rechazo a distinciones hereditarias de clase, la preeminencia del individuo, la deferencia al Creador y los derechos naturales, el escepticismo del poder concentrado en burocracias distantes, el rechazo a las utopías racionalistas, el sentido de aventura y la autosuficiencia –todos constituyen elementos inextricables del ethos estadounidense y ayudan a explicar el éxito de su país. Para los que observamos desde afuera, en vez de odiar por envidia o enfocarnos en sus defectos, más bien nos conviene aprender sobre lo que funciona para convertir a nuestros propios países en faros de esperanza, donde en vez de enviar migrantes a otros lugares los atraigamos aquí. También estaría en orden un poco de gratitud por el legado de los Estados Unidos en el mundo, gracias al cual somos un poco más libres y prósperos.

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Written by craguilar

julio 26, 2008 a 2:13 pm

Publicado en Política

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3 comentarios

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  1. queremos al pueblo norteamericano, nos encanta el país y sus ciudades.
    Son los cerdos gobernantes a quienes odiamos (bush, te estoy viendo)

    Obama en 2008!

    m

    julio 26, 2008 at 11:36 pm

  2. Pienso que tiene razón, y le agrego… el viejo refran “a donde va Vicente, va toda la gente” yo podría apostar, que si se pudiera pasar un test para preguntarle a toda la gente ¿por qué odia a estados unidos? la gente diría “porque si, por cosas que he escuchado”, ya hablando fuera de pajas (como se diría en buen chapin) la gente odia a Estados Unidos por ignorancia, y porque por ahí han escuchado a un montón decir eso “cosas” cosas sin fundamento.. y aceptan esas ideas como de ellos,,,, lo cual me parece triste.. porque desde aquí se muestra, la falta de curiosidad intelectual de la gente en Guatemala y en muchas partes del mundo.

    Alejandra Cotto

    agosto 5, 2008 at 9:49 pm

  3. creo que exagerás al decir que todos odian a los gringos … yo he conocido a muy pocos … y generalmetne son los que conocen el triste pasado de mi bello y horrendo país …

    guille

    septiembre 4, 2008 at 10:46 pm


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