Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Tecún Umán y la Revolución del ’44

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Uno sabe que está viendo una mala película cuando no aparece un personaje con quien identificarse. A nadie le interesa una historia donde no hay héroes y los villanos siempre se salen con la suya. Hasta en Goodfellas de Martin Scorsese  -donde todos los personajes son mafiosos-, al final, Henry Hill entrega a sus compinches a la justicia.

La historia de Guatemala haría una pésima película porque no tiene héroes; sólo villanos que van sucediéndose unos sobre otros en una secuencia interminable de fechorías. No hay registro de justicia para los victimarios, ni de retribución a la maldad, ni de figuras públicas que se distingan por su abnegación a ideales verdaderos.

Ciertamente hay muchos héroes anónimos en Guatemala, quienes con su sudor diario sostienen a su familia y a su país, y cuyos actos de solidaridad alimentan la esperanza de un mejor futuro. Sin embargo, los protagonistas de la historia nacional se caracterizan por una imaginación incapaz, una pobre constitución moral, o una combinación de ambas cosas.

Tecún Umán (personaje ficticio según arqueólogos) es el arquetípico héroe indígena que defendió a su tierra de los invasores ibéricos hasta el último aliento. Pero, ¿cuál era el régimen que defendía? Pues, una civilización decadente y miserable, plagada de guerras intestinas, donde la numerosa casta inferior trabajaba de sol a sol para mantener a un grupito opulento de nobles que practicaban la esclavitud, el sacrificio humano y el canibalismo.  Y, ¿contra quién peleaba Don Tecún? Los invasores eran mercenarios —lo peor de la sociedad española— dispuestos a hacer cualquier cosa para enriquecerse, incluyendo la traición y la tortura.

Hasta las figuras menos controversiales de la Conquista, como fray Bartolomé de las Casas, demostraron su ineptitud moral en este capítulo. Si bien es cierto que De las Casas se manifestó a favor de elementales derechos humanos para los indios americanos, no creía lo mismo para los africanos. Fiel a las enseñanzas del padre de la Iglesia, San Agustín (De Civitate Dei, capítulos 14 a 17), la esclavitud de negros no le pareció en absoluto reprobable. (En efecto, hasta el día de hoy, con declaraciones como las del Monseñor Quezada Toruño sobre la política fiscal, la Iglesia Católica sigue jugando más papel de villano que de héroe.)

Los Próceres de la Independencia no fueron más que potentados oportunistas que se sirvieron de la Corona mientras pudieron y dejaron de hacerlo cuando ya no les convenía.  La élite criolla se percató de las enormes ganancias económicas que dejaba de percibir por la proscripción colonial a comerciar con otras naciones. Con esto en mente fue que en 1821 decidió desligarse de España, en aquel entonces una potencia dispersa y diezmada por su imperialismo desmedido.  El himno glorifica este trámite baladí en su letra (“… y lograron sin choque sangriento, colocarte en un trono de amor.”)

No fue amor del bueno. Desde la Independencia hasta hoy, las riendas han sido llevadas por personajes de diversa y execrable clasificación: comandantes genocidas, comunistas megalómanos y ladrones de corbata. Menos del 15% de la vida independiente de Guatemala ha sido democrática. La democracia, por su parte, aunque otorgó cierta legitimidad al gobierno, no ha traído mayores beneficios para la población que permanece en su mayoría pobre, ignorante e insegura. El beneficio de la democracia se contabiliza en los bolsillos forrados de los políticos.

Para contrarrestar la desilusión causada por una historia tan poco ilustre, los guatemaltecos se han consolado con mitos de su propia creación (aunque Rigoberta Menchú fue de creación extranjera.) Uno, el de Tecún Umán. Otro, el de la Revolución de Octubre de 1944. Éste último, lo que el elegíaco Álvaro Colom denomina “Primavera Democrática”, es de especial atractivo para los soñadores de izquierdas.

Para empezar, esta “primavera” no fue ni más ni menos democrática que los inviernos militares que antecedió, a menos que por “democracia” entendamos socialismo. En junio de 1944, Ubico cedió ante una junta militar, la cual a su vez le cedió el poder al Gral. Ponce Vaides. Éste fue depuesto por la facción izquierdista del Ejército, la cual improvisó elecciones fraudulentas para instalar al intelectual desterrado Juan José Arévalo en 1945, quien regresó como salvador desde la Argentina con todo y el bagaje del “Socialismo Espiritual”, que en resumidas cuentas es algo como la Unión Soviética sin el Gulag.

Inspirado por tales extravíos ideológicos y empoderado de una Constitución Política recién estrenada, Arévalo se dedicó a engrandecer sistemáticamente al Estado y sus funciones. Impuso leyes laborales draconianas, fundó el sistema estatal de previsión social en el elefantiásico IGSS, creó el Banco de Guatemala y su maquinita inflacionaria, otorgó autonomía a la inoperante USAC, la cual desde entonces se transformó en una cabeza de playa del comunismo. Quizá su legado más duradero fue otorgarle autonomía al Ejército bajo la figura de un Consejo Superior de la Defensa, con lo que aseguró décadas de autocracias militares para el futuro.

Arévalo le entregó la presidencia a un militar e ideólogo afín, el coronel Jacobo Arbenz. Éste se hizo asesorar de José Manuel Fortuny, entre otros comunistas confesos, que le recomendaron expropiar tierras a los principales empleadores en Guatemala. El Decreto 900 (Reforma Agraria) selló su destino, porque atentó explícitamente en contra de los derechos de propiedad de empresas estadounidenses y envalentonó a sus camaradas comunistas en un punto particularmente álgido de la Guerra Fría. La derecha recalcitrante, bajo el auspicio de la CIA, se justificó en dicha imprudencia para derrocarlo en 1954 sin pena ni gloria. El militar defenestrado huyó a la embajada de México en paños menores. De allí transcurrieron tres décadas de dictaduras —todas deplorables e indistinguibles entre sí— antes de que Vinicio Cerezo encontrara al poder por medio de elección popular.

Quizá no sea justo evaluar los gobiernos de la Primavera Democrática por los indicadores sociales de esos años, los cuales no evidencian mejoría alguna en la población, porque fue un experimento abortado antes de su madurez. De lo que quedó, como el IGSS y el Banco de Guatemala, con generosidad podemos decir que los resultados son decepcionantes. El IGSS ha sido un costoso foco de corrupción incapaz de proveer servicios básicos de salud consistentemente, y el Banco de Guatemala ha resuelto tantas crisis como las ha creado. La USAC —es reconocido por todos— es hoy una vergüenza nacional.

Es más difícil juzgar los resultados de la reforma agraria, salvo por los efectos que ha tenido en otro lugares donde fue implementada. En El Salvador, por ejemplo, dicha medida acabó por completo con la producción industrial de diversos cultivos, principalmente el algodón, otrora pilar de la economía exportadora. La práctica de fraccionar latifundios en minifundios resulta en una menor productividad, porque reduce la intensidad en el uso de capital e inhibe las economías de escala.

Pero los legados más claros de la Revolución de Octubre son dos: uno, la instauración de un poder militar paralelo que dominaría al país durante otros treinta años; y el otro, la inspiración de otra revolución más bienaventurada, comandada por el Ché Guevara y Fidel Castro. El primero de éstos escribió “estaba en aquellos momentos en Guatemala, la Guatemala de Arbenz. Entonces me di cuenta de una cosa fundamental para ser médico revolucionario o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución…”  El resto, como dicen, es historia.

¿Será mucho pedir que nuestros héroes no sean militares sanguinarios ni marxistas?  ¿No existe algún punto intermedio, quizá un defensor de la democracia y los derechos individuales como lo fue Winston Churchill para Inglaterra y Thomas Jefferson para los Estados Unidos? Mientras no surjan tales figuras, en Guatemala tendremos que conformarnos con mitos como el de Tecún Umán y la Revolución de Octubre de 1944.

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Written by craguilar

octubre 22, 2008 a 6:24 pm

7 comentarios

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  1. definitivamente necesitamos héroes … distintos .. nuevos, frescos, idealistas, innovadores, con opinión propia y que vean para delante más que para atrás ….

    pero acá más veo a un derechista criticando a los del otro bando porque no piensan como él ..

    ojalá las nuevas tendencias políticas se amputaran la derecha y la izquierda de una vez por todas y buscaran nuevas y mejores alternativas para la humanidad…

    sobre que no se vieron mejoras en Guatemala en esos diez años, y o considero que fue muy poco tiempo para ver cambios, y los cambios drásticos no se prestaron a eso.. más bien fueron un tanto imprudentes los de Arbenz.. pero yo creo que si habrían funcionado, en esa época claro,

    Arévalo si mis respetos … podrá haber sido cualquier cosa, pero sus hechos hablan más …

    sobre tecún uman ….. todo un mito hecho por los españoles mismos .. sólo hace falta ver los bailes de la conquista, donde los españoles son los héroes.

    saludos..

    guille

    octubre 28, 2008 at 9:54 pm

    • mira guille tecún umán es un héroe el lucho para q todos y todas las indígenas de ese tiempo fueran aceptados y el arriesgo su vida y su honor por ellos ademas tambien lucho contra los españoles por guatemala y los vencio aunq tambien murió y el no es un mito si no ahora todavía fuéramos condenados por los españoles

      daniela

      septiembre 29, 2010 at 7:54 pm

  2. […] en toda la historia de Guatemala (incluyendo a la Conquista), el autoproclamado heredero de la “Primavera Democrática” le pidió al pueblo que “no panda el cúnico.” Los comercios cierran sus puertas […]

  3. Me desagrada que Alvaro Colom esté usando a los heroes de la revolución como propaganda, el no le llega ni a los talones a su papa, ni a cualquiera que estuvo involucrado. Es un tipo pusilanime, sin autoridad y un ladron.

    David Samayoa

    marzo 26, 2009 at 9:58 am

  4. Se me olvido recordarles, señores lectores que un verdadero heroe fue Francisco Morazan (Guatemalteco de origen), el lucho constantemente para unir centroamerica con ideales liberales, y asi pudo quitarle poder y autoridad a la oligarquia y a la Iglesia sobre el Estado. Un heroe con mucho honor!!

    David Samayoa

    marzo 26, 2009 at 10:15 am

  5. […] 1946 y 1948? Pues, nada menos que Juan José Arévalo, el “socialista espiritual” revolucionario de quien Álvaro Colom orgullosamente se declara heredero político y cuya efigie gigante cuelga […]

  6. […] de la Reforma Agraria en las aulas y la promoción de la imagen de su autor dentro del mito de la “Primavera Democrática.” También una carretera llevará el nombre del Gran […]


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