Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

La distribución de la riqueza

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En este artículo, el veterano de la política Bob Shrum, pregona el final del “Reaganismo” manifestado en la victoria de Barack Obama. Lo que él denomina “Reaganismo” es más o menos la creencia de que el gobierno no es la solución a todos los problemas sino, por el contrario, frecuentemente su causa. Afortunadamente para los Estados Unidos, esta filosofía ha imperado durante casi treinta años, hasta en la administración del demócrata Bill Clinton, quien, ante un entusiasmado congreso republicano declaró en 1996: “la era del gobierno grande ha terminado.” Muchos izquierdistas resintieron este repudio público a sus ideales; los mismos que ahora vitorean el advenimiento del Ungido Redistribuidor.

La idea de que la distribución de la riqueza, por sí sola, es un indicador de la justicia, se encuentra en la base de la cosmovisión izquierdista. Shrum arguye que la derrota de McCain se deberá a que “la era Republicana de desregulación al por mayor y la redistribución de la riqueza, hacia arriba, se terminó.” 

Es muy probable que esto sea cierto, en la medida que los vientos políticos en la actualidad soplan en contra del libre mercado y a favor del intervencionismo. Los medios de comunicación se han encargado de reforzar los prejuicios de quienes culpan a la desregulación de la debacle financiera, aún cuando la evidencia demuestra que fueron acciones del gobierno estadounidense y de su Reserva Federal las que fomentaron prácticas bancarias irresponsables y crearon la burbuja inmobiliaria.  

La acusación de que los Republicanos redistribuyeron la riqueza “hacia arriba” merece escrutinio, porque hoy sustenta la candidatura de Obama así como en otras latitudes ha sustentado despliegues destructivos de demagogia.

Shrum se basa en que los recortes de impuestos implementados por Bush beneficiaron desmedidamente a los ricos, mientras que “una mesera recibió solo centavos.” Esto, en su opinión, es redistribuir la riqueza “hacia arriba.” ¡Pero los recortes de impuestos no son redistribución de la riqueza!

Considere el siguiente ejemplo. Si un ejecutivo gana $250,000 al año y su tasa impositiva se reduce de 40% a 35%, entonces dejará de pagar $12,500 anualmente al gobierno. Como parte de la misma medida, a una mesera que gana $40,000 se le reduce su tasa de 20% a 10% (el doble de la reducción), por lo que ahorrará $4,000 al año. Esto es percibido por los izquierdistas como una gran injusticia –a pesar de que implica un sistema tributario más progresivo–, porque en términos absolutos el recorte al “rico” es mayor que el de la mesera. El demagogo indignadamente proclama: “¡el rico recibió 3 veces lo que la mesera!”

Las palabras del demagogo reflejan su prejuicio de que la riqueza es del gobierno, no de las personas y empresas que la produjeron. De allí que Obama le recrimine a McCain que quiere “regalarle” miles de millones a las empresas petroleras, cuando en realidad McCain propone un recorte de impuestos general que les permitirá a todas las empresas conservar más de lo que ellas mismas ganaron.

Si la premisa es que toda la riqueza le pertenece al gobierno, entonces sí, definitivamente, en aras de la igualdad procede lo que Obama ahora propone, que es redistribución de la riqueza al incrementar los impuestos de los “ricos” para enviarle cheques a personas de medianos y bajos ingresos que no pagan impuestos. Los estadounidenses no deberían tener empacho en llamar a esto por su nombre: socialismo.

En realidad, los recortes de impuestos no son redistribución de la riqueza porque ésta no le pertenece al gobierno. No se requiere de ninguna acción positiva del gobierno para que las personas conserven más de lo que ganan en el mercado. Al contrario, se requiere una acción positiva (redistribución) del gobierno para quitar de algunos lo que se regala a otros. Lamentablemente, como dice el dicho, “aquel que le roba a Pedro para pagarle a Pablo siempre podrá contar con el voto de Pablo.” Una democracia sin restricciones constitucionales está condenada a violar los derechos de las minorías.

Debe comprenderse que la desigualdad en los ingresos, en la medida que no sea resultado del diseño, no es necesariamente una manifestación de la injusticia. En el sistema de libre mercado, la riqueza se acumula en función del valor que se ofrece a la sociedad. Si una persona produce algo valioso para los demás, se hará rica, no por diseño sino por las decisiones individuales y voluntarias de sus clientes. Ésto no es redistribución “hacia arriba”, como lo plantea Shrum, sino la asignación eficiente de recursos que ocurre espontáneamente en una sociedad libre.

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Written by craguilar

octubre 28, 2008 a 12:25 pm

Una respuesta

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  1. No, eso no es una distribución hacia arriba .. es más bien una selva …

    algún tipo de anarquía salvaje en favor de los más afortunados que tienen más …

    sobre si llamarle socialismo o no a lo que propone obama … croe que es más complejo que eso .. el socialismo ya se ha quedado viejo e inservible (lo vemos en venezuela) … y esto pareciera algo más … no distinto por completo, pero si algo más ….

    ya veremos qué pasa con los gringos .. y por ende con nosotros 😎 …

    guille

    octubre 28, 2008 at 9:28 pm


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