Nueva América Central

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El Fracaso de la Revolución Cubana

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En un menso artículo publicado hoy en elPeriódico, José Rodolfo Pérez Lara demuestra su admiración por la dictadura al comparar a Guatemala desfavorablemente con Cuba. En el país centroamericano, “mueren un montón de almas chapinas en el camino por falta de alimentos, medicina, educación e infraestructura”; mientras que en la isla “cuentan con alimentación, atención médica gratuita y suficiente -que por si fuera poco, contribuye inmensamente con esa carencia chapina-.”

Por todos lados he escuchado esta defensa de la tiranía; hasta en el cine gracias al obeso propagandista Michael Moore. En su película se representa a Cuba como una especie de paraíso donde el gobierno provee de todo lo necesario a sus habitantes. Si fuera así, ¿por qué hay tantos balseros?

La respuesta de Moore y Pérez Lara es el “bloqueo” estadounidense. Desde que terminó el billonario subsidio que la Unión Soviética le daba a Cuba, aquel se convirtió en el chivo expiatorio para todos los males cubanos. Culpar a los Estados Unidos es la táctica favorita de todos los demagogos tercermundistas, especialmente en Latinoamérica.

En realidad, ni Guatemala se parece mucho a Cuba, ni Cuba sufre un bloqueo, ni el sistema cubano de salud es mejor que el estadounidense, ni Cuba es un modelo a emular para ningún país del mundo -por atrasado y pobre que sea. El regimen cubano es, sencillamente, un forúnculo vergonzoso en la barriga del hemisferio occidental.

Vamos en órden.

Guatemala es un país muy distinto a Cuba, tanto en su composición demográfica como en su historia. Las similitudes que traza Pérez Lara se basan todas en aspectos de origen geográfico: extensión territorial, cercanía a los Estados Unidos y principales cultivos. Pero allí acaban las similitudes, porque en Guatemala la población indígena es un 45% mientras que en Cuba no existe debido a su exterminio sistemático a manos de los españoles en el siglo XVI. La sociedad guatemalteca es heterogénea, con más de 20 grupos idiomáticos distintos, mientras que en Cuba es homogénea. Es de conocimiento general que, en Guatemala y el resto de América Latina, la población indígena presenta mayores rezagos sociales que la ladina o criolla. Cualquier análisis serio debe tomar en cuenta estos factores.

El punto que quisiera demostrar Pérez Lara es que la Revolución Cubana ha dado mejores resultados que la democracia chapina, pero esto presupone que ambas tuvieron el mismo punto de partida, lo cual es falso. Guatemala es democrática desde 1986 mientras que Cuba inició su experimento socialista desde 1959. Además, cuando empezó la Revolución, Cuba tenía indicadores sociales muy superiores a los de Guatemala, así que el hecho de que hoy se mantenga la ventaja no es necesariamente una demostración de la superioridad del comunismo para conseguir tales indicadores.

En 1958, un año antes de que los barbudos descendieran de la Sierra Maestra, Cuba era una de las sociedades más prósperas de América Latina, con indicadores sociales que se asemejaban a los de España y Portugal. La expectativa de vida era 59 años, mientras en Guatemala era 47. Cuba tenía 129 dentistas y médicos por cada 100,000 habitantes, adelante de Francia, el Reino Unido y Bélgica. Su tasa de alfabetismo era 80%, mientras que en Guatemala era un abismal 35%. En mortalidad infantil, Cuba perdía 40 por cada 1,000 niños nacidos, lo cual era mejor que Francia, Japón e Italia; en Guatemala, morían 131 de cada 1,000.

De modo que, por malo que haya sido Fulgencio Batista, le entregó a Castro un país en condiciones relativamente muy buenas. ¿Cómo estaría ahora esa paradisíaca isla si en 1959, en vez de una dictadura comunista, se le hubiera implantado una democracia liberal? Aunque no podamos saberlo con certeza, ésta es la comparación relevante, y no la que, entre peras y manzanas, hace el mentecato Pérez Lara.

El otro popular ardid es el del “bloqueo.” Así le pusieron Castro y sus sicofantas al embargo que los Estados Unidos impuso como reacción al robo que sufrieron sus ciudadanos a manos de los comunistas. Es un cínico juego de palabras, porque bloqueo y embargo significan cosas muy distintas. El primero, un bloqueo marítimo a la entrada de cualquier embarcación o avión de cualquier origen, como lo que hicieron los aliados contra Alemania y Japón en la Segunda Guerra Mundial. Es esencialmente una medida militar. El embargo, por otro lado, es una medida comercial donde el gobierno estadounidense le prohibe a las empresas estadounidenses que hagan negocios con la isla (con los Castro, en efecto, porque no hay empresarios cubanos.)

Si hubiera bloqueo, no llegarían tantos cruceros a dejar turistas europeos en las costas cubanas, ni llegarían los tanqueros venezolanos ni los buques de contenedores de todos los socios comerciales que Cuba tiene regados por todo el mundo. Si los izquierdistas fuesen intelectualmente coherentes, deberían agradecerle a los Estados Unidos que les impuso un embargo comercial, porque según la teoría de la dependencia enseñada por el gurú de los “Perfectos Idiotas” – Eduardo Galeano, autor de Las Venas Abiertas de América Latina-, comerciar con los países industrializados nos empobrece.

Así que desde cualquier perspectiva es absurdo culpar al embargo por las carencias que viven los cubanos. Lo lógico es que provengan del mismo factor que causó carencias en la U.R.S.S., en Europa del Este y que las causa hoy en Corea del Norte y hasta en Venezuela; a saber, la ineficiencia económica inherente al socialismo.

A pesar de la evidencia, el despotismo cubano sigue siendo glorificado, quizá porque es la realización tangible de los sueños más sudorosos de la generación de los 60’s. Y no posee ningún aspecto más glorificado que el sistema de salud universal en Cuba, ese caballito de batalla que los castristas usan para justificar el medio siglo de férrea dictadura. La realidad demuestra que el caballito no es como lo pintan.

Por supuesto que hay una enorme cantidad de médicos en Cuba, porque esa es la preferencia del régimen. Castro ha tenido la potestad de manejar todos los recursos del país, así que es natural que en sus intereses favoritos, como lo son la salud y el deporte olímpico, tengan resultados sobresalientes. Pero esto no necesariamente refleja las preferencias de los cubanos, ya que sin un libre mercado es imposible determinar cuáles son. La disparidad entre los objetivos del régimen y las necesidades reales de Cuba se manifiesta, por ejemplo, en la exportación de médicos. Como Cuba está saturada de médicos y sus escuelas los siguen graduando, Castro los está usando como herramienta para ganarse favores políticos de otros países, lo cual -irónicamente- Pérez Lara elogia en su artículo. Pero, ¿será que los pobres cubanos prefieren esto a una mejor alimentación o mayores comodidades en sus casas?

Hay muchos médicos pero pocas medicinas. Una publicación canadiense que estudió el sistema cubano encontró que no tenían ni aspirina ni alcohol etílico. Los antibióticos se encuentran solamente en el mercado negro. Jazmín, una enfermera de Morón, le dijo a la reportera: “No tenemos nada. No he visto aspirina en una tienda por más de un año. Si tienes pastillas en tu cartera, por favor dámelas. Aunque haya pasado su fecha de expiración.” Indira A.R. Lakshmanan del Boston Globe escribió: “desde el corte del subsidio soviético hace unos 15 años, con los hospitales y clínicas necesitando renovación y equipo, y los costos farmacéuticos disparándose, los pacientes dicen que deben llevar sus propias sábanas, comida y ventiladores a los hospitales. Pero las quejas de falta de personal médico son nuevas, datan de la cooperación con Venezuela que algunos observadores llaman el ´programa doctores por petróleo´.”  Increíblemente, debido a su incapacidad de producir suficientes bienes exportables, Cuba ha tenido que vender a su ejército de médicos para conseguir petróleo.

Lo más triste es que en Cuba hay dos sistemas de salud. Uno, para los cubanos, y el otro para los extranjeros que obtienen atención de primera clase a un precio. Aunque algunos cubanos pudieran pagarlo, para ellos es prohibido acceder a los hospitales estrella como el que visitó Michael Moore. En este sitio se relatan algunas de las anécdotas sufridas por los cubanos en su apartheid caribeño.

En definitiva, el saldo que la Revolución le ha dejado a los cubanos es de miseria, no obstante lo que digan los admiradores de Castro en los medios de comunicación. No me deja de sorprender la desfachatez de aquellos periodistas que alaban un sistema donde no existe libertad de expresión y donde los únicos periódicos en circulación son los oficiales. ¿Qué no saben que en Cuba publicar una opinión contraria al régimen es un crimen castigado con cárcel? Sin duda, a los Pérez Lara del mundo se refería Vladimir Lenin cuando acuñó la expresión “tontos útiles.”

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Written by craguilar

enero 17, 2009 a 6:43 pm

3 comentarios

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  1. Pobres ilusos, la gente en busca de un cambio, proponen cualquier cambio aunque sea irracional o estupido.

    Mery

    febrero 9, 2009 at 11:20 am

  2. […] con sus anfitriones comunistas, la cual decidió satisfacer con una trillada referencia al “bloqueo” en desmedro de sus obligaciones como jefe de Estado. ¿Por qué opinar, sin necesidad de hacerlo, […]

  3. […] el concierto es una afronta al “brutal bloqueo económico”, el cual, no me canso de explicar, no es bloqueo, ni mucho menos brutal, sino una infeliz excusa para el desastre económico que ha […]


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