Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Reflexiones sobre el Discurso Inaugural de Mauricio Funes

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En su discurso por la Transmisión del Mando, el nuevo presidente de El Salvador expresó con optimismo su intención de “reinventar” a su país.  Esto “significa mejorar lo que está bien y hacer lo que nunca fue hecho”, lo cual nos daría algún norte si hubiera mencionado algo “que está bien” en El Salvador, pero como en todo el discurso sólo identificó cosas malas, únicamente nos queda que va a “hacer lo que nunca fue hecho.” Esto – a lo que también llamó una “revolución pacífica y democrática”-  encierra la posibilidad de grandes logros ó desastrosos fracasos dependiendo de la perspectiva de cada observador.

La historia nos advierte sobre los efectos de las revoluciones políticas -espasmos ideológicos que buscan efectuar cambios inmediatos, drásticos y extensos en toda la sociedad-, empezando con el baño de sangre que siguió a la madre de todas las revoluciones, la Revolución Francesa, por no hablar de los múltiples y mortíferos ejemplares del siglo XX. 

Así reflexionó Burke en 1790 sobre la Revolución Francesa: “Los franceses se mostraron como los arquitectos de ruina más capaces en toda la historia del mundo. En ese corto plazo de tiempo habían traído al suelo completamente, su monarquía; su iglesia; su nobleza; sus leyes; sus ingresos; su ejército; su marina; su comercio; sus artes; sus manufacturas.” ¿Quién puede decir que las intenciones de Funes son más nobles que las de Robespierre o que la bondad de las intenciones determina el resultado?

Me agradó el énfasis en la meritocracia. Como dice Funes, las personas deben ser reconocidas “por su talento y su honestidad y no por sus conectes o su apellido”, aunque no está de más recordarle que el mercado contiene un mecanismo que promueve esto mismo. Las instituciones o empresas integradas con base en el padrinazgo languidecen porque se encuentran en franca desventaja con respecto a sus competidores que se integran con base en el mérito (contratando y promoviendo a los más capaces, honestos y disciplinados.) Aún así, no está de más que el nuevo presidente garantice la aplicación de este valor en el sector público.

También fue positivo el duro mensaje en contra de la corrupción, si bien es una promesa trillada que todos los políticos latinoamericanos hacen elección tras elección sin que por ello la corrupción abandone nuestro continente. Me parecieron también innecesarias las repetidas acusaciones en contra del gobierno anterior, reprochando “las inadecuadas decisiones gubernamentales del pasado que han distorsionado la función pública al consentir la corrupción en el aparato del Estado.” Si el gobernante sabe de evidencias de corrupción, en vez de andar haciendo insinuaciones politiqueras, que abra los procesos correspondientes en las instancias que ahora están bajo su cargo.

Sobre el rol del gobierno en la sociedad, Funes reflexionó: “¿Cómo es posible que millones de compatriotas migrantes, trabajando duramente fuera del país, logren su realización y consigan mejorar su vida? ¿Qué nos está diciendo eso? Muy simple: que el problema no está en nuestro pueblo, en nuestra gente; sino en la mentalidad de los gobiernos y dirigentes que han conducido el país. La riqueza humana del país está dispuesta, sólo falta un gobierno sensible y patriota que la haga crecer. Yo quiero ser el presidente de ese gobierno.”

Funes transita un campo intelectualmente minado. Aunque fuera cierto (no lo es) que el gobierno de El Salvador es culpable de la pobreza de los salvadoreños, son los mismos salvadoreños quienes eligieron al gobierno de su país -no al gobierno estadounidense- por lo que el razonamiento de Funes es evidentemente incorrecto. Además, los salvadoreños emigran de un país en el que son una mayoría a otro donde son una minoría.  El éxito relativo que tienen en los Estados Unidos se debe a la cultura que predomina en aquel país, y el respeto de derechos y oportunidades de las que son sujetos por parte de la mayoría. Como es imposible transplantar por completo el gobierno estadounidense a El Salvador y el gobierno salvadoreño a los Estados Unidos, es imposible validar o negar la hipótesis sociológica de Funes, pero es admirable la audacia de este nuevo presidente que ha colocado sobre sus hombros la responsabilidad de la prosperidad de sus coterráneos.

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Written by craguilar

junio 1, 2009 a 6:05 pm

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