Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Ecologismo y Ecohisteria

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No soy uno que tilde de “ecohistéricos” a todos los ecologistas, pero tampoco siento empacho en señalar a un ecohistérico cuando lo veo. Es importante identificar las diferencias entre ambos conceptos.

El ecologista es una persona que estudia el medio ambiente, midiendo el impacto de los seres humanos en su entorno y evaluando medidas para minimizar sus efectos adversos. Ante todo, el ecologista busca la verdad científica con el fin de mejorar la vida en la Tierra.

El ecohistérico, en contraste, no estudia sino que amonesta con base en prejuicios que podrían o no estar fundamentados en la observación. Sus fines son proselitistas, normativos y revolucionarios. Su celo religioso lo motiva a opinar sobre todos los asuntos de la vida humana –no solo aquellos que inciden directamente en la naturaleza-, incluyendo a la economía, la religión, la política, psicología, etc. Para el ecohistérico, el medio ambiente es una obra teatral con moraleja. El capitalismo es una gigantesca conspiración para asesinar a la Tierra y las “grandes corporaciones” son los asesinos.

El espíritu científico del ecologista lo motiva a dudar y poner a prueba todo cuanto se afirma sobre la naturaleza. El ímpetu proselitista del ecohistérico no sabe de duda, sólo de dogma, de activismo, de histeria.

Vengo a estas reflexiones por el artículo publicado por Alejandra Marroquín Rey Rosa en Siglo Veintiuno, donde confunde ambos conceptos al autoproclamarse “ecologista” cuando sus escritos revelan que en verdad es una ecohistérica.

Alejandra es una ecohistérica porque:

1.) Posee una certeza religiosa sobre su causa, no porque la confirmen los hechos, sino sencillamente porque así es. Su dogmatismo lo evidencia así:

El ecologismo es un tema que ofende a algunos y eso tiene algo de lógico: cuando a un bolito le dicen por primera vez que está enfermo del hígado, que es adicto y que tiene que dejar de tomar, se ofende y no acepta ni que es borracho ni que tiene que dejar de tomar para no morirse. De igual manera, a nosotros –los de las sociedades desarrolladas y de consumo– no nos gusta que nos digan que estamos haciendo algo mal y que tenemos que cambiar.

Así que quienes no nos tragamos completamente sus predicciones apocalípticas para el mundo somos como “borrachos”, es decir, con habilidades cognoscitivas incapacitadas. Es muy fácil desechar argumentos cuando ya has establecido que quien los hace es mentalmente incapaz.

Pero, ¿opina lo mismo Rey Rosa de quienes no creyeron en la “inminente” era glacial pregonada por sus predecesores en los 70s, o la “bomba poblacional” predicha por el ídolo ecohistérico Paul Ehrlich en 1968 en la cual aseguraba que la humanidad moriría de hambre en 10 años? ¿Eran estos incrédulos también unos “borrachos”?

2.) Hace afirmaciones categóricas sobre asuntos que no tienen nada que ver con su supuesto objeto de estudio.

Las sociedades de hoy somos adictas al petróleo y todos sus derivados; somos adictos al consumo, de cualquier cosa: ropa, zapatos, viajes, comida… Lo único que importa es consumir. Ahora, si observamos el problema más detenidamente, podemos afirmar que solamente un pequeño porcentaje de la población mundial tiene la capacidad para consumir casi todos los recursos del planeta, a costa de la vida de muchos y de la subsistencia misma de la humanidad y el planeta.

Pues sí, supongo que los seres humanos somos “adictos” a la comida. Lamentablemente, no veo en el futuro cercano que la evolución nos dote de fotosíntesis para que podamos vivir de agua y luz solar.

Lo importante es consumir, es cierto, pero para consumir debemos producir, ¿no es así? ¿Acaso no todas las personas — incluyendo artistas, periodistas y ecologistas– deben hacer algo con sus talentos y recursos (como el papel en el que está impresa la columna de Rey Rosa) para obtener los ingresos con los cuales consumen cosas para sostener su existencia? La cantaleta del “consumismo” ignora una verdad fundamental, que es que toda la producción humana tiene como fin único al consumo. Sin consumo, no hay producción; sin producción, no hay consumo.

Por último, la afirmación de que sólo un “pequeño procentaje de la población” consume una gran parte de los recursos debe ser contextualizada, porque el que la mayoría de la humanidad consuma relativamente poco se debe a que produce relativamente poco (PNB de los Estados Unidos es 24% del producto mundial, con una población que es sólo el 4.5%) Los que consumen menos no lo hacen porque tengan menores apetitos o una mayor sensibilidad ecologista, sino porque el sistema en sus países y quizá sus propias aptitudes no les permiten producir más. Los desmadres de los países no capitalistas no son responsabilidad de los países capitalistas.

3.) Identifica a la empresa privada (y sus facilitadores) como el gran villano.

[L]as grandes corporaciones, con los políticos que venden sus patrias y les hacen el juego […] son los que están marcando la pauta de qué queremos y de cómo lo queremos. Son los dueños del aparato de propaganda, desde donde nos bombardean con anuncios que nos convencen de que la felicidad está en consumir. Ellos pagan para ocultar daños, intimidan, amenazan e incluso matan si algo se interpone en su camino.

Sí, la infame publicidad de las omnipotentes corporaciones es la culpable de nuestra adicción a la comida. Y son sus amenazas y asesinatos las que nos motivan a seguir comprando sus detestables zapatos.

4. Hace predicciones apocalípticas, siempre.

[E]l cambio climático [es] uno de los factores que provocarán mayores tensiones y hasta guerras en el futuro inmediato. Aceptémoslo, estamos ante la crisis más grave que ha enfrentado la humanidad. (25/08/09)

¿En serio? ¿La crisis más grave que ha enfrentado la humanidad? ¿Más que la Peste Negra que mató entre el 25-60% de la población europea? ¿Más que la Segunda Guerra Mundial? ¿Más que el Comunismo que mató a más de 100 millones de personas?

La realidad es que el último siglo ha visto enormes avances para la humanidad. En 1900, la expectativa de vida mundial era de 30 años; hoy es 67. Tanto la longitud como la calidad de vida se ha incrementado gracias a los avances tecnológicos en medicina, alimentos y comunicaciones, y la diseminación de estos avances entre las clases media y pobres del mundo. Todo esto no habría sido posible sin la industrialización de la economía, la cual lamentablemente sigue siendo asediada por los ecohistéricos.

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Written by craguilar

agosto 25, 2009 a 1:01 pm

3 comentarios

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  1. Yo no soy ecohisterico, ni siquiera me podría considerar un ecologista de mediana calidad.
    Peor que eso: soy un típico consumidor y contaminador como muchos de mi generación que han disfrutado de ese progreso de las expectativas de vida que reiferes, pero me parece que los señalamientos de Alejandra Rey son serios y que tu postura es la que le atribuyes: histérica total.
    No dejas espacios a la distensión ni a la reflexión.
    Por favor, vuelve a leer lo escrito por A. Rey y descubrirás algunos conceptos sabios.
    Por cierto, mil gracias porque me permitiste descubrir a A. Rey. No conocía su artículo, pero tu argumentación me acercó a él. Me resultó enriquecedor.

    José Valdez

    octubre 14, 2009 at 12:06 am

  2. […] los errores y exageraciones del reporte del IPCC como ratas saltando de un barco que se hunde, la siempre alarmada Alejandra Marroquín Rey Rosa ha decidido desquitarse con las empresas mineras. Y de qué forma: […]

  3. […] titula su columna mi ecohistérica favorita, Alejandra Marroquín Rey Rosa. He allí el último recurso del ecologista frustrado por su […]


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