Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Conmemoración importante

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Hace 20 años, en Berlín, cayó el muro que separaba a una ciudad, a una nación y al mundo. Del lado occidental, los países con democracia y libertad. Del lado oriental, el imperio comunista donde las personas eran peones del Estado. Aquellos que del oriente querían pasarse al occidente cruzando el muro eran ametrallados –todos sus movimientos controlados por la Stasi. Como la Cuba presente, Alemania oriental y los demás satélites soviéticos fueron gigantescas prisiones hasta 1989.

Un par de años antes Ronald Reagan había pronunciado un discurso en el Brandenburg Gate donde le exigió al premier Gorbachev que “derribara a este muro.” En ese momento el discurso no recibió mucha atención mediática. La mayoría no creía que un mundo sin la Unión Soviética era posible. Pero Reagan siempre supo que el marxismo-leninismo era un episodio lunático que sería superado más temprano que tarde. Aún así, el comunismo fue el mayor asesino y destructor que la humanidad jamás haya conocido.

Conmemorar la caída del Muro de Berlín se trata precisamente de recordar el enorme costo del comunismo y del heroismo de sus opositores.

El Muro era algo absurdo — a un costo de inconfesables millones se erigió una enorme estructura improductiva cuyo único propósito era evitar que las personas salieran de su país, el cual para su desgracia estaba dominado por una ideología estúpida. Usualmente la gente construye muros para evitar que otros entren, pero bajo el comunismo todo es patas arriba. El “Gran Salto Adelante” de Mao Tse Tung fue realmente un gran paso atrás que mató a 30 millones de personas. En la Unión Soviética se llenaban enormes bodegas con cachivaches inútiles cuyo costo de producción eran mayor al valor de las materias primas usadas en su manufactura… lo cual era lógico en un país donde un par de burócratas le asignaban el precio a todas las cosas, desde una tonelada de hierro hasta un rollo de papel higiénico.  

Los rusos contaban este chiste: Antes de ser lanzado al espacio, Yuri Gagarin le deja una nota a su esposa: “Querida Natasha: me voy al espacio! Estaré arriba en el cielo y regresaré el lunes.” Gagarin regresa y encuentra una nota de su esposa: “Querido Yuri, fui a la tienda a hacer cola para el pan. No tengo idea de cuándo regresaré.”

El comunismo no fue un chiste. Costó vidas humanas reales y causó mucho sufrimiento. Ahora resulta que todos nos reímos del comunismo y que nadie era comunista, pero esto es amnesia. Abundaban los admiradores de Stalin y de Ho Chi Min, y en nuestras latitudes, de Arbenz, de Allende y de Castro, el ídolo de Hollywood. Otros apoyaron la causa del comunismo indirectamente: oponiéndose a la ayuda a los anticomunistas. Gente como John Kerry, quien fue candidato del partido Demócrata hace un par de años, se opuso fervientemente al apoyo que Reagan le dio al gobierno de El Salvador y a los Contras para detener la avanzada comunista en Centroamérica. Chapines como Eduardo Stein, Rigoberta Menchú y Sandra Torres formaron parte de la facción que quiso instalar en esta tierra un régimen súbdito a la Unión Soviética. 

Así que sirva esta fecha para humillar a quienes defendieron el totalitarismo en cualquiera de sus manifestaciones, y para honrar a quienes, como Ronald Reagan, creyeron que este sistema esclavizante estaba condenado al “cenicero de la historia”, y que hicieron algo para empujarlo a este merecido destino.

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Written by craguilar

noviembre 9, 2009 a 4:54 pm

Publicado en Política

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