Nueva América Central

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La paradoja de Mel Zelaya

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Qué suerte la de los catrachos. Votaron hace 3 años por un político de centro-derecha que, seducido por petrodólares, en funciones se volvió de izquierda. Como corresponde a un miembro del Team Chávez, intentó perpetuarse en el poder a través de una reforma a la constitución, de cuya ilegalidad fue advertido previamente por la Corte Suprema de Justicia. Su obstinación inconstitucional le ganó una patada en el trasero propinada en consenso por todas las instituciones del Estado. Lo echaron de su país, sin pena ni gloria, como corresponde a un aspirante a caudillo tercermundista en una época en que esto ya pasó de moda.

Sólo que Zelaya tenía un poderoso amigo, el dispensador de petrodólares, que tiene en su círculo de influencia a presidentes de varios países –suficientes países para constituir una mayoría en la OEA. De allí que un burócrata internacional haya persuadido, chantajeado y coaccionado a todo el mundo para que condene como Golpe de Estado algo que nunca lo fue.

Los hondureños se han mantenido firmes en su postura de defender su democracia no obstante las injerencias de la izquierda mundial. Hasta los Estados Unidos se unió a este coro taimado, al menos durante un tiempo, pero influyentes senadores como Jim Demint pusieron suficiente presión sobre la administración de Obama como para que ésta finalmente rectificara el rumbo. Los Estados Unidos ha manifestado que reconocerá las elecciones del 29 de noviembre.

Y es que todo esto puso a la izquierda latinoamericana en una posición muy cómica. Después de décadas de vociferar en contra de la “intromisión yanqui”, ahora se rasgaba las vestiduras porque los gringos no hacían nada -¡nada!- mientras los hondureños rescataban su propia soberanía ante la andanada chavista. ¿Irónico? Ohhh sí.  Ahora nos queda ver los contradictorios y demenciales desplantes del bigotudo, un refugiado en su propio país, que en un momento dice que está bajo ataques ultrasónicos israelitas, el siguiente que renuncia a las negociaciones para luego decir que todavía quiere llegar a un acuerdo que lo ponga en la silla presidencial.

El problema es que ya nadie cree que regresará a la presidencia. El bluff no funcionó. El acuerdo al que llegó con el gobierno de Micheletti está entrampado en un congreso que se halla inmerso en las próximas elecciones. Nadie en Honduras que no sea un agente de Chávez quiere saber de Zelaya. He is finished. Nadie cree en realidad que el ganador de las próximas elecciones no será reconocido por la comunidad internacional, aunque ahora ésta afirme lo contrario. Cuando los Estados Unidos reconozca al nuevo gobierno, todos le seguirán. ¿Qué? ¿Acaso pueden ignorar a Honduras para siempre? ¿Dentro de 10 elecciones presidenciales todavía estarán exigiendo la restitución de un Zelaya cuyo período terminó hace 50 años?

Así que seamos sinceros y veamos la caída de Zelaya como lo que realmente fue: la marca de agua de la era chavista, donde alcanzó su punto más alto antes de desplomarse. En Nicaragua, Argentina y Chile también va para afuera la siniestra. Su reino se acerca a su fin, y no fue lo suficientemente corto.

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Written by craguilar

noviembre 21, 2009 a 4:54 pm

Publicado en Política

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