Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Deseos para el Año Nuevo

leave a comment »

Como con todo lo demás, los logros del próximo año van a depender principalmente de nuestro comportamiento. Nuestro comportamiento, a su vez, depende en gran medida de nuestras actitudes. Para que tengamos un 2010 que inicie con pie derecho una mejor década que la tristemente convulsa 2000-2009, deseo lo siguiente:

  1. Un adiós para siempre al socialismo

Por demasiado tiempo el colectivismo ha seducido la mente de gobernantes y gobernados por igual. A pesar del clarísimo experimento de la Unión Soviética y sus émulos durante la mayor parte del siglo XX, persiste la ridícula noción de que un grupo pequeño de burócratas puede planear la vida de millones de personas de una mejor forma que las personas mismas. Es tiempo de reconocer que no hay tal cosa como socialismo del siglo XXI, así como no hay Feudalismo del siglo XXI. Las modelos rancios no dejan de serlo por agregarle “siglo XXI” a su nombre. Lo superado, superado está, y debemos tener la honestidad intelectual para reconocerlo.

Así que la nueva década debe iniciar con un adiós a los Chávez del mundo, quienes devoran la libertad bajo la bandera de “justicia social”, todo mientras agrandan sus propios poderes y reducen la crítica al silencio impuesto por las policías políticas. Los Chávez del mundo no se irán voluntariamente. Aunque les duela a los izquierdosos, en esto se distingue un dictador como Pinochet y los socialistas, como Castro y Chávez. A los 15 años de su mandato, Pinochet lo sometió a elecciones populares y aceptó los resultados que le fueron adversos, retirándose definitivamente del poder. Pero a 51 años de la Rev0lucion Cubana, Castro ni siquiera manifiesta una intención de aflojar el puño de hierro con el que controla la vida de los cubanos. Y es que Pinochet quería el poder para liberar a los chilenos, y habiéndolo logrado, carecía de buenas razones para perpetuarse; Castro, por otro lado, buscó el poder por el poder mismo, y la sed de poder nunca se satisface.

En el caso de Chávez, fueron los mismos venezolanos quienes, desencantados de la clase política de su país (con razón), empoderaron a este campeón populista para efectuar grandes cambios que ahora no podrán deshacer. El peligro para América Latina no es tanto la del dictator que asciende sobre los hombros de una revolución militar como el caudillo populista que explota los vicios culturales de la gente para agrandar su propio poder. Es precisamente sobre estos vicios que deseo ver un cambio.

     2. Un regreso a los valores de la libertad y la responsabilidad individual

No se puede reemplazar la demagogia con vacío. De la devastación material y espiritual que los Chávez, Colom y Cia. habrán dejado en sus respectivos países, debe florecer la filosofía vital que enriqueció a las naciones prósperas y que está detrás de cuanto progreso científico y social se goza en el planeta. El concepto de que las personas nacen libres, iguales en dignidad y derechos, y responsables de su propio bienestar, sigue siendo el concepto más nuevo y más poderoso en la historia humana. Durante toda la historia hasta la Ilustración, las sociedades pusieron en práctica infinidad de despotismos, algunos con mejores intenciones que otros, pero todos con la característica común que sometían al individuo a los designios de una o varias clases poderosas. Fueran jefes tribales, caciques, faraones, los nobles, monarcas, el clero, las castas o las “razas superiores”, todos funcionaban con base en la idea de que el individuo tiene una posición predestinada en la sociedad y que no es más que un instrumento de estas clases poderosas para alcanzar supuestos objetivos colectivos definidos por ellas.

De esto son tan culpables los poderosos como los súbditos. El poderoso impone su voluntad, pero el súbdito adopta la mentalidad correspondiente al esperar que el poderoso le arregle su vida. En el pasado, todos los cambios a este esquema ocurrieron porque los súbditos se cansaron de ser peones en el cuadro de ajedréz del amo y decidieron aceptar tanto los beneficios como los riesgos de la libertad individual –piense en la Revolución Estadounidense. El mayor obstáculo para la libertad es el instinto que tienen los seres humanos para buscar seguridad en los esquemas conocidos, por esclavizantes que sean. El siervo trabajaba la mayor parte del tiempo para enriquecer al Señor feudal y nunca sería realmente dueño de algo para heredar a sus hijos, pero el Señor le aseguraba protección y un nivel mínimo de subsistencia. Como consecuencia, muchos siervos se oponían a cambios a este sistema con base en su adversidad a los riesgos inherentes a la libertad; se contentaban con pedir unas cuantas migas más de la mesa del Señor feudal — tal es la factura cultural de un régimen antiliberal.

Piense en esto cuando analice la actitud de las personas en torno a las “remesas condicionadas” y las “bolsas solidarias”, entre otras migas con las que la clase poderosa en América Latina incrementa el número de sus siervos. No es a punta de pistola sino con la mano extendida que se pierde la libertad ahora en este continente. Según Benjamín Franklin, “aquel que intercambia su libertad por una seguridad temporal, no merece libertad ni seguridad.”

     3. Un Gobierno enfocado en sus funciones propias

“Un gobierno lo suficientemente grande para darte todo lo que quieres es lo suficientemente grande para quitarte todo lo que tienes.” Así explicó Thomas Jefferson la sabiduría esencial que dio génesis a la nación más exitosa de la historia. Los Padres Fundadores de los Estados Unidos sabían que al crear un gobierno federal estaban creando a un Leviatán que podría alcanzar un nivel de poder con el cual coartar los derechos individuales e inalienables que eran el espíritu mismo de la Revolución, tal como quedaron sintetizados en la Declaración de Independencia (Life, Liberty and the Pursuit of Happiness.) Así que desde su Constitución le impusieron cadenas al Leviatán, estableciendo que no tenía más facultades que aquellas enumeradas en el documento, y redactando una enmienda a la Constitución en la Carta de Derechos que estableció todavía más claramente los límites del Estado en cuanto a los derechos individuales de los ciudadanos.

No es que fueran “antigobierno”, como muchas veces se nos tacha a los liberales. Es que entendían que el gobierno más fuerte, en el sentido de que goza del consentimiento de los gobernados, es aquel que se enfoca en sus funciones propias, a saber: seguridad y administración de justicia. Un gobierno enfocado en sus funciones propias es aquel que le garantiza a sus ciudadanos la vida, su propiedad, su libertad y su capacidad de perseguir la felicidad como ellos subjetivamente la definan. En suma, un buen gobierno asegura lo esencial de la vida civilizada y pacífica. Puede agregar, dependiendo de las circunstancias, alguna red de seguridad social temporal para ayudar a los más pobres, pero ésto nunca puede venir antes de lo esencial, de lo que es propio y que justifica la existencia misma del gobierno. Ciertamente no debe convertir esta red de seguridad en un mecanismo permanente de redistribución de riqueza (¡procurar igualdad de resultados no es una función legítima del gobierno!) que cree una clase parasitaria en la sociedad.

En la medida que estos deseos de Año Nuevo se vayan cumpliendo, podemos esperar más prosperidad, tranquilidad y paz para la nueva década. En la medida que sigamos con los esquemas colectivistas del pasado, más probable será que la nueva década sea igual o peor que la anterior.

Anuncios

Written by craguilar

enero 1, 2010 a 1:01 pm

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: