Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Las mineras son el diablo y otras sandeces

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Quizá acongojada por el resquebrajamiento del “consenso” sobre el calentamiento global, donde los científicos empiezan a admitir los errores y exageraciones del reporte del IPCC como ratas saltando de un barco que se hunde, la siempre alarmada Alejandra Marroquín Rey Rosa ha decidido desquitarse con las empresas mineras. Y de qué forma:

“Según el DRAE, VIOLENCIA: Cualidad de violento. Acción y efecto de violentar o violentarse. Acción violenta o contra el natural modo de proceder. Acción de violar a una mujer.  La industria minera tiene y hace todo eso, literalmente” [énfasis mío.]

Sí, apreciable lector, ella está acusando a las empresas mineras de violar mujeres.

Posteriormente hace el siguiente análisis económico:

“Me van a decir que utilizamos metales, que no podemos vivir sin ellos, que son un mal necesario. Bueno, prioricemos entonces: el oro no es absolutamente necesario, y si lo fuera podemos usar todo el que ya sacamos. Perdón, las joyas no son necesidad de vida, un anillo no se come ni se toma, no me sirve de techo ni de ropa, no me quita un dolor de estómago. El 80% del oro que se saca hoy se destina a joyería y especulación.”

En lo personal, no creo que los metales sean un “mal necesario.” Creo que son la base de la civilización humana desde al menos la Edad del Cobre (3000 a.C). En el mundo ideal de Alejandra no hay minería, la expectativa de vida es 30 años y pueblos enteros son barridos por el hambre o alguna epidemia por carecer de tecnología médica para contrarrestarla. Me pregunto qué opinará ella sobre la minería de hierro y carbón –por mucho la de mayor impacto en el medio ambiente. ¿Cree también que el acero es un “mal”?

Para Alejandra el oro no tiene valor real, pero su precio demuestra que la mayoría de personas están en desacuerdo. Gracias a Dios vivimos en un mundo donde el precio de las cosas no lo define un grupito de iluminados sino las decisiones libres de millones de personas. En virtud de lo que la sociedad humana encuentra valioso se priorizan espontáneamente las actividades económicas, incluyendo a la minería. Quizá el oro no puede comerse, pero de su explotación y comercialización sí. Tampoco los microchips pueden comerse ni servir como material de construcción, pero de su fabricación se generan rentas para que millones de personas puedan acceder a comida, vestido y habitación. (Por cierto, los microchips son hechos de sílice, otro producto de la malvada minería.)

Finalmente, Alejandra arguye que las mineras son violentas porque “llegan a las comunidades o territorios y a pesar de que no los quieren, insisten en quedarse allí; después alegan que las comunidades son las violentas por quererlos sacar y manifestar abiertamente en su contra…” Su lógica es que las turbas manipuladas desatan violencia en contra de las mineras, lo cual no habría ocurrido si las mineras no hubieran llegado; ergo las mineras provocaron la violencia. 

Exactamente, Alejandra, si los judíos no hubieran llegado a Europa, entonces los Nazis no habrían tenido que exterminarlos; ergo los judíos provocaron la Segunda Guerra Mundial. ¡Excelente análisis!

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Written by craguilar

febrero 16, 2010 a 8:34 pm

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