Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Un Cambio

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ProReforma va rumbo a la gaveta del Congreso, donde dormirá el sueño de los justos. Es una lástima, porque representaba un cambio positivo aunque insuficiente para superar nuestra cultura de pobreza. Si tener un senado limitara la arbitrariedad de los gobernantes, entonces Argentina no padecería las extravagancias de la Botox Evita. Que lindo sería que con una buena constitución política lográramos superar lo fraguado por siglos de holgazanería e ignorancia, pero no es más que una linda fantasía.

Era un buen comienzo, al menos para cambiar los incentivos de un sistema que premia el desfalco y la mendacidad. Siento algo de pena por los izquierdistas que se autocongratulan por haber contribuido a su derrota, como este columnista. Opinar a favor del status quo es un oficio deshonroso en un país con tantos problemas. No, señor Velázquez, no es Hayek quien fracasó, sino Guatemala. Otra vez.

Los promotores de Proreforma deberían enfocarse ahora en un cambio más modesto: cambiar el sistema de elección de diputados. Actualmente la gente vota por listados – por marcas, realmente, que identifican a las bandas de mercenarios que asaltan al país desde el Congreso. Cada diputado supuestamente representa a todos los guatemaltecos, que es lo mismo que decir que no representa a nadie y no le rinde cuentas a alguien fuera de la jerarquía de su banda. Una vez desgastada la marca que lo llevó al poder por los actos de corrupción, empieza la búsqueda promiscua de un puesto en el listado de cualquier otro partido con buenas posibilidades en los próximos comicios.

Los tránsfugas no la tendrían tan fácil si las elecciones fueran uninominales; es decir, si los votantes eligieran entre personas en vez de listados. Cada partido propondría a un candidato para cada municipio y los votantes de cada municipio escogerían a uno de ellos para que los representara en el Congreso. Así al menos tendría sentido lo de los “gastos de representación” — los diputados realmente tendrían que viajar a sus municipios a conocer las necesidades y escuchar las quejas de sus representados. Los votantes se enterarían si es su representante quien incumplió su mandato o traicionó los principios del partido que lo postuló, y cobrarían la factura política correspondiente. En suma, finalmente habría algo de responsabilidad en el Congreso.

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Written by craguilar

febrero 25, 2010 a 9:21 pm

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