Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Otra vez con la bendita carga fiscal

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“Centroamérica se comprometió a aumentar recaudación fiscal” reza el titular de esta noticia. Aparentemente los presidentes de los países del istmo se reunieron durante horas para prometerle a Hillary Clinton que destinarían el 18% del PIB de sus respectivos países al gasto público. ¡Qué afortunada coincidencia que justamente ahora Álvaro Colom busca implementar su “reforma fiscal”!

Estas declaraciones me han dejado perplejo. En primer lugar, ¿por qué estaría interesado el gobierno de los Estados Unidos en incrementar los impuestos que recauda un gobierno extranjero? Dejemos de lado la aplastante ironía de que los socialdemócratas que por desgracia hoy gobiernan Centroamérica siempre se han quejado del imperialismo yanqui, pero ahora acuden al Tío Sam cual escolares mocosos para rendir cuentas sobre un asunto interno. Suficientes problemas tiene los Estados Unidos con su presupuesto nacional anegado en tinta roja, especialmente gracias al dispendioso Barack Obama, como para preocuparse por la recaudación en otros países.

¿Qué le importa a los gringos cuánto tributan los centroamericanos y en virtud de qué legislación internacional, convenio o declaración universal de derechos humanos estamos sometidos a designios foráneos sobre impuestos internos? La respuesta, por supuesto, es que no hay tal legislación ni convenio, ni a los gringos les importa qué hagamos en nuestros paisitos siempre y cuando no les sigamos exportando más gente pobre. Que los presidentes centroamericanos –ávidos como están por poner sus manos sudorosas sobre la mayor cantidad posible de nuestro dinero– quieran arroparse de las barras y las estrellas para validar sus mezquinas intenciones, eso es otra cosa.

Es posible que alguna facción en el Norte y Europa quiera ver mayores impuestos en Centroamérica.  Y es que hay un fantasma que recorre el mundo, pero no el que pregonó Marx, sino el fantasma de la mediocridad que toma posesión de pequeños países subdesarrollados para imponerles el Estado benefactor que pesa como un albatrós muerto en el cuello de las economías industrializadas. El objetivo es evitar que la inversión fluya de países con impuestos altos a países con impuestos bajos. De allí se inspiran esas “listas negras” donde se aísla a pequeños y pacíficos países, como las Islas Caimanes, al marcarlos con el estigma de “paraíso fiscal.” Un paraíso fiscal es aquella nación que comete la barbaridad de minimizar los impuestos y la intromisión del gobierno en los negocios privados. ¡Qué horror!

Entiendo por qué un país como Francia, que tiene carga fiscal superior al 40%, quiera exportar su modelo de estancamiento económico y desempleo crónico a otros países, para así ganar algo de competitividad relativa. Pero no se me ocurre por qué países pobres como los nuestros querrían importarlo.

Por otro lado, ¿de dónde sacan estos porcentajes? 12%, 15%, 18% del PIB como carga fiscal “óptima.”  Alguien presénteme al trasnochado contador de la ONU, el FMI o el BM que genera estas metas, para preguntarle de una vez por todas qué cálculos están detrás de ellas. Como yo lo veo, la carga fiscal óptima es aquella que le da al gobierno justo los recursos suficientes para cumplir sus funciones, como lo son la seguridad, la administración de justicia, la infraestructura vial y la red básica de seguridad social. Los costos asociados a estas actividades son específicos de cada país. Por ejemplo, el costo de un policía no es el mismo en los Estados Unidos que en Guatemala. El costo de una carretera no es igual en Francia que en El Salvador. Entonces, ¿por qué se busca estandarizar un porcentaje del PIB como el idóneo para grupos enteros de países?

Es más, la carga fiscal óptima no tiene nada que ver con el PIB porque las funciones del gobierno y su alcance no crecen en proporción al ingreso de los habitantes. Considere, por ejemplo, a un país que gracias a un gobierno austero y fuerte atrae mucha inversión, resultando en que los habitantes del país duplican su ingreso promedio. ¿Implica esto que el gobierno necesita gastar el doble? Para una misma población en estas circunstancias no se requeriría del doble de estaciones de policía, ni del doble de escuelas, ni del doble de hospitales públicos. Quizá necesiten más infraestructura e incrementar el salario de los empleados públicos, pero esto dista mucho de lo que a todas luces sería ineficiente –duplicar el gasto en burocracia. Esto sería negar que existen economías de escala — como si las empresas duplicaran sus gastos de operación cuando duplican sus ventas. Sin embargo, esto es efectivamente lo que significan metas de recaudación definidas como porcentajes fijos del PIB (si el PIB crece 10% pretenden que la recaudación crezca también 10%.)

La lógica se invierte porque ya no se trata de recaudar lo que el gobierno necesita, sino gastar lo que el gobierno recauda. Si el PIB incrementara a tal grado que el gobierno empezara a recaudar más de lo que necesita para cumplir sus funciones propias, el gobierno no podría reducir impuestos para devolverle a los ciudadanos el excedente porque esto significaría bajar de la meta porcentual fijada por absurdas promesas políticas. El gobierno debería entonces buscar algún gasto adicional para emplear esos recursos “sobrantes” que le pertenecen a los contribuyentes. ¡Vaya lógica!

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Written by craguilar

marzo 19, 2010 a 9:39 pm

3 comentarios

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  1. Es cierto! “ya no se trata de recaudar lo que el gobierno necesita, sino gastar lo que el gobierno recauda” Y en Guate no sería tanto gastar si no robar. Pero hablando siempre sobre el supuesto idóneo que se expone en el post pareciera que los gobiernos desean existir bajo el principio económico que necesita recursos limitados para necesidades ilimitadas y esto estaría bien si fuera para los servicios básicos y principales por los que en principio se constituyó un gobierno pero la necesidad de poder del hombre e ideas económicas erróneas que nunca funcionaron y nunca funcionarán, hacen que se convierta dicha institución en un vampiro succionando a su víctima hasta matarla o dejarla medio muerta. Es imposible que un país se vuelva rico de esta manera.

    Mery

    marzo 20, 2010 at 3:11 pm

    • O como escuché a alguien decir: “No puede ganarse una carrera con el jinete más gordo que el caballo.” Un país no puede desarrollarse con un gobierno más grande que el sector privado que lo sostiene.

      craguilar

      marzo 21, 2010 at 6:25 pm

  2. […] este infortunado acuerdo fue que se debía incrementar la carga fiscal al 12% del PIB. Como he explicado anteriormente, no hay un porcentaje específico que sea la carga fiscal idónea. El costo […]


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