Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

La pobreza es un desastre natural

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Todos los países del mundo sufren los embates de la naturaleza. Tanto países ricos como pobres reciben su prorrata dosis de tormentas, inundaciones, incendios forestales, terremotos y demás –fenómenos inextricables de nuestra aventura terrícola.

Sin embargo, mientras en los países ricos estas catástrofes se sobrellevan con un mínimo de muertes y sufrimiento, en los países pobres se convierten en crisis humanitarias.

Considere lo que pasó en Haití y Chile.

En enero 2010, Haití sufrió un terremoto de magnitud 7.0 en la escala de Richter. Dos meses después Chile sufrió un terremoto de magnitud 8.8 (500 veces más poderoso que el de Haití.) En Chile murieron unas 750 personas, mientras que en Haití murieron casi un cuarto de millón. Chile se ha recuperado mientras que los pobres haitianos persisten en la misma infernal existencia que conocieron antes, durante y después del sismo. ¿Por qué la diferencia?

Pues, para este columnista, el problema es que el Estado es muy pequeño. Él concluye que la lección a aprender de Agatha y la erupción del Pacaya es que debemos agrandar el sector público para que consuma el 24% del PIB (¿de dónde sacan estas metas tan precisas?) Así, él supone, el Estado estará en la capacidad de prevenir, enfrentar o de alguna otra forma mitigar el impacto de los desastres naturales.

Pero, ¿cómo se compara el gasto público en los dos países de nuestro ejemplo?  El gobierno chileno gasta, en promedio, 16% del PIB. En Haití; 17%. Esto desmiente las conclusiones del Sr. Velásquez.

En realidad, el factor crítico no es el tamaño relativo del gobierno sino la riqueza de los habitantes de la nación. En países ricos las personas tienen ingresos que les permiten vivir en casas bien construidas, acumular ahorros para sufragar gastos durante malas temporadas, y pagar impuestos (incluso con tasas bajas) que son invertidos en infraestructura de buena calidad. Estos frutos de la riqueza son la diferencia entre vencer y ser vencido por la naturaleza.

El Sr. Velásquez argumenta que la pobreza “no es una condición natural sino el resultado de una desigual organización política y económica de la sociedad.” Si quiere decir que una organización política y económica como la de Haití bajo el teólogo de la liberación Jean-Bertrand Aristide genera pobreza, entonces estamos de acuerdo. Pero debo increparle que no hay nada natural sobre la riqueza. Nacemos desnudos y hambrientos, y moriríamos en la misma condición si no fuera por la creación humana de riqueza, algo tan artificial como las computadoras, los vehículos y las hamburguesas.

La historia es absolutamente clara en que las sociedades que han superado la pobreza del tipo que aflige a Haití y, en menor medida, a Guatemala, lo han hecho a través del sistema de libre mercado. Por lo tanto, si queremos sufrir menos cada vez que la Tierra desate su furia sobre nosotros, necesitamos más libertad hoy.

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Written by craguilar

junio 3, 2010 a 3:00 pm

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