Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Chunimá: Ley Maya en Acción

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Por ahora ya han de estar enterados de otro maravilloso fenómeno de la multiculturalidad en Guatemala: la conversión de ciudadanos libres en siervos de cacicazgos ilegales empoderados por la corrección política.

Me refiero a Chunimá, Chichicastenango. En este pintoresco rincón del país, los habitantes son obligados a hacer pagos a “líderes comunitarios” so pena de ser torturados o algo peor. Ley Maya, según dicen. Y debo creerles, porque, ¿quién es el experto sobre el contenido de algo que hasta hace un par de años no existía? ¿Acaso hay jurisprudencia Maya? ¿Dónde están los códices de esta misteriosa ley de nuestros ancestros? No existen. No hay referencia más allá de lo que los autodenominados mayas pronuncien sobre sus “tradiciones espirituales” que hay que respetar según convenios promovidos por países donde no hay indígenas. Tanto la identidad maya como sus instituciones auxiliares son una ficción de la política que está completamente al margen de la arqueología y la historia.

No me canso de recordarle a la gente que hace cincuenta años decir que conocías a un maya era como decir que conocías a un vikingo, un anacronismo. Algo pasó desde entonces —notablemente el auge del marxismo disfrazado de indigenismo—que de repente hizo brotar a “mayas” donde antes había sólo indígenas. El lapso de ocho siglos que había transcurrido desde los vestigios más recientes de la civilización maya desapareció mientras activistas de todo el mundo conspiraban para fabricar un vínculo cultural directo entre los antiguos habitantes de Tikal y los guatemaltecos del presente. El propósito ha sido minar la autoridad del Estado guatemalteco basado en un derecho occidental que en su predilección por los derechos individuales resulta tan indigesto para la progre mundial.

Me recuerda al viejo dicho soviético: “En la U.R.S.S. el futuro siempre es conocido; es el pasado que cambia constantemente.”

El resultado está a la vista: linchamientos, extorsiones y torturas fundamentadas en los caprichos de brujos, “ancianos” y ex guerrilleros convertidos en “guías espirituales.” Las autoridades se contorsionan para denunciar estos eventos y simultáneamente mostrar deferencia a los mentados convenios. Dice Anabella Morfín, de CEDECON, que el Convenio 169 obliga a reconocer “las formas de organización de las comunidades indígenas y respetar su espiritualidad”, no obstante “se hace la salvedad que las prácticas que adoptarían no tenían que violar la Constitución Política de la República y ser violatorio de los derechos humanos.”

¿Los derechos humanos según quién, Lic. Morfín? Su definición de los derechos humanos es individualista, occidental, y por lo tanto ilegítima para los “mayas.” No se puede quedar bien con Dios y con el Diablo. Se puede tener un estado de derecho o un estado multicultural, pero no las dos cosas. Escoja.

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Written by craguilar

agosto 31, 2010 a 4:52 pm

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