Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Las ilusiones de una mente infantil

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Uno de los hitos del crecimiento emocional es reconocer que no hay tal cosa como un almuerzo gratis, que todo tiene un costo. Esta elemental verdad no parece haber cruzado la mente a Alejandra Marroquín Rey Rosa, quien en su última columna suspira por un modelo que “generará paz y alegría al Planeta [la mayúscula es de ella] y a todos los que en él vivimos.”  

Lo primero que uno debería preguntarse es por qué un modelo tan maravilloso no ha sido puesto en práctica. ¿Quién podría oponerse a paz y alegría para el “Planeta” y sus habitantes? Alejandra no lo dice, quizá porque hacerlo sería adentrarse en los enormes costos que hacen del ecologismo una quimera irrealizable.

Por poner un ejemplo, Alejandra se opone a los cultivos transgénicos, sin los cuales se dificulta alimentar a una población creciente y destinar más hectáreas a bosques vírgenes. Alejandra opera bajo la infantil suposición de que esta disyuntiva no existe, sino que es posible incrementar la producción agrícola sin tecnología y simultáneamente expandir las áreas protegidas. Como lo demuestra el caso cercano de Petén, no hay nada más destructivo para los bosques que los métodos tradicionales de agricultura.

Alejandra escribe: “[e]l tan soñado y esperado progreso no se ha visto reflejado en la realidad mundial. Por donde vemos hay hambre, violencia, guerras, desigualdad y miseria. Los supuestos de la economía tradicional (riqueza, desarrollo y abundancia al alcance de todos) sólo funcionaron para unos cuantos. La realidad mundial (no sólo la guatemalteca) así lo dice.”

En realidad, no. Los hechos dicen algo muy distinto: millones de personas han salido de la pobreza gracias al sistema de mercado. Hace dos siglos el 80% de la población mundial vivía con menos de un dólar al día (en valor de hoy), mientras que hoy menos del 20% se hallan debajo de este umbral. La expectativa de vida promedio —gracias al incremento del ingreso y avances tecnológicos en medicina— incrementó en este período de 40 a 67 años. En los países industrializados (y capitalistas), el promedio está por encima de los 75 años.

Los hechos desmienten la visión apocalíptica de Alejandra. Si se equivoca en identificar los síntomas, es lógico que se equivoque también en diagnosticar las causas. Ella opina que los países con “riqueza natural” tienen una ventaja sobre los demás, pero un vistazo al mundo revela que no hay correlación entre prosperidad y posesión de riquezas naturales. Países “ricos” en recursos naturales como Venezuela y Nigeria están terriblemente atrasados en relación a países “empobrecidos” de tales recursos, como Hong Kong, Taiwan y Suiza.

Alejandra nos insta a “dejar de ser egoístas y obligarnos a investigar, escuchar, a dejar nuestra zona segura, tenemos que atrevernos a observar y a pensar.” Medice cura te ipsum. Médico, sánate primero a tí mismo. No encontrarán un dogmatismo más impermeable que el de los ecologistas.

“El ecologismo”, concluye, “presenta un modelo fresco y aún no probado […] de hacer cambios estructurales positivos a corto, mediano y largo plazo para toda una humanidad.” Supongo que tiene razón en lo de no probado —tampoco hemos probado vivir en domos subacuáticos y alimentarnos de plancton. ¿Por qué habríamos de hacerlo?

¡Cuídense de vendedores de modelos que prometen cambios estructurales para toda la humanidad! El mundo está repleto de tumbas que testifican en contra de tan monumental arrogancia.

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Written by craguilar

octubre 5, 2010 a 5:02 pm

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