Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

No hay tal cosa como los “derechos de la Naturaleza”

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Hay quienes sostienen que la Naturaleza es sujeto de derechos —tal es el caso de esta autora y el presidente cocalero de Bolivia. Por Naturaleza se refieren a  todo aquello contenido en la Tierra exceptuando a los seres humanos.

Rey Rosa cita a Eduardo Galeano, el celebrado autor de la Biblia del Idiota, fustigando a los antiguos imperios de Europa:

Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castigó la adoración de la naturaleza, que era pecado de idolatría, con penas de azote, horca o fuego. La comunión entre la naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y después en nombre de la civilización. En toda América, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio…”

Galeano nos haría pensar que si no fuera por la Conquista, los indios jamás habrían conocido “la espada” (guerra) y viviríamos en perfecta comunión con el bosque. En realidad la América precolombina no era exactamente como la Pandora de James Cameron, pero supongo que las prácticas del canibalismo, el sacrificio humano y la esclavitud —que los europeos también vinieron a abolir con la espada y la cruz— son perfectamente aceptables para Galeano mientras vaya acompañado de adoración ecologista.

Pero más allá del cansado mito del noble indio, vale la pena responder lo siguiente: ¿es o debe ser la naturaleza sujeto de derechos? La respuesta es “no”.

Nada que no sea humano puede tener derechos  porque el concepto mismo de “derecho” es un producto del Humanismo. Adscribir derechos a objetos o criaturas amorales constituye un antropomorfismo idéntico al ilustrado en fábulas infantiles como El Sol y el Viento del Norte, donde fuerzas físicas razonan y actúan como si fueran personas humanas. Lo que para Esopo fue un recurso literario  ha sido tomado literalmente por ecologistas como Evo Morales que se disponen a reordenar sus sistema legal como si el sol y el viento fueran realmente personas.

Los derechos han sido codificados en nuestro sistema legal desde la Ilustración como reconocimiento de que los hombres, como seres conscientes, se disponen a actuar moralmente. No hay moralidad entre objetos o animales inferiores porque éstos no saben distinguir entre lo bueno y lo malo, ni tampoco sienten inclinación alguna por el uno sobre el otro. Si el rayo parte al árbol en dos, ¿violó su derecho a vivir? Esta pregunta es tan absurda como el artículo de Galeano y la ridícula ley de Bolivia que codifica los “derechos de la Naturaleza.”

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Written by craguilar

enero 4, 2011 a 1:11 pm

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