Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

MIFAPRO apesta

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Lo que el gobierno llama su “mayor logro” es el programa de compra de votos remesas condicionadas llamado Mi Familia Progresa. La propaganda oficial consiste de testimonios de gente expresando satisfacción por recibir Q300 mensuales a cambio de consumir bienes públicos. ¿Quién no estaría satisfecho de que le regalen dinero? En lo personal, estaría más que satisfecho si el gobierno dejara de quitarme dinero para pagar servicios que alguien más disfruta. Quédense con su salud y su educación, muchas gracias.

Que MIFAPRO no ha tenido impacto positivo en el desarrollo de Guatemala es evidente en las estadísticas de crecimiento económico y desarrollo humano. El gobierno tiene como única defensa la inscripción escolar pero esos datos son los que reportan los mismos beneficiarios del programa para recibir su pago y no dicen nada de la asistencia real de los niños a las escuelas. Escuelas, sea dicho de paso, que más parecen gallineros y donde los niños son educados por émulos del bochinchero Joviel Acevedo. En semejantes circunstancias ir a la escuela y desertarla parecen alternativas igualmente miserables.

Los programas de redistribución de riqueza no funcionan por dos razones: una de naturaleza formal (la eficiencia), y otra de naturaleza conceptual (la definición de riqueza.) Por un lado, la redistribución coactiva destruye riqueza porque de los Q100 que el gobierno le quita a Pedro para darle a Juan, solo Q50 llegan a Juan. Los otros Q50 son consumidos por la voraz burocracia repartidora. Léase este articulo, por ejemplo, donde se revela que en un año MIFAPRO estaría gastando más de Q100 millones en “Otros estudios o servicios”, “arrendamiento de edificios” y “divulgación e información.” Este monto no incluye los emolumentos del ejército de burócratas dedicado a administrar al programa estrella, ni los honorarios de los abogados que el regimen ha contratado para blindarlo de fiscalización.

Así que los Q100 que deberían estar en manos de quien los creó ahora están en manos de una burocracia corrupta y prolija y unos pasivos beneficiarios evidentemente incapaces de crear riqueza (de lo contrario, no serían beneficiarios.) El gobierno se convierte en el opuesto exacto del Señor en la Parábola de los Talentos: “al siervo útil echadlo en las tinieblas de afuera.”

La otra razón por la que estos programas nunca funcionarán es porque la riqueza no es dinero. La riqueza es mental, cultural. Transferir dinero no es transferir riqueza. Al contrario, en vez de propiciar hábitos y actitudes conducentes a la creación de riqueza, los programas de beneficencia compulsiva propician actitudes de dependencia y entitlement (se traduce como “creerse con derecho.”) Recurro nuevamente a esta metáfora: un país que espera desarrollarse a través de transferencias internas es como un hombre que se para en una cubeta y espera levantarse halando de las asas.

No debería pagársele a la gente para que inscriba a sus hijos en escuelas gratuitas ni para que los lleve a centros de salud. Suficiente se hace con proveer estos servicios con gratuidad. El incentivo para educarse vendrá cuando en el país afloren suficientes oportunidades de empleo que requieran de escolaridad. Y dichas oportunidades brotarán cuando el gobierno cumpla eficazmente sus funciones propias: seguridad y administración de justicia.

Lo peor de todo es que con MIFAPRO se confirma el axioma pronunciado por Ronald Reagan en 1964: “Los programas gubernamentales, una vez desplegados, nunca desaparecen. De hecho, un buró del gobierno es lo más cercano a la vida eterna que veremos en esta Tierra.” Ya se los había anunciado en este blog: hoy todos los partidos defienden alguna versión continuada de Mifapro (sólo que con “transparencia”) porque todos los partidos saben que no hay votante más animado y consistente que el beneficiario de dádivas gubernamentales. MIFAPRO apesta, sin duda, pero está para quedarse. ¡Muchas gracias, Álvaro Colom!

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Written by craguilar

febrero 17, 2011 a 12:08 pm

4 comentarios

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  1. Apesta por la ignorancia que destila el autor. El Indice de Desarrollo Humano solo ha medido ese indicador hasta el año 2008, es decir, cuando Mifapro apenas llevaba unos meses de existencia. Luego, ya USAID (no el Gobierno) demostró que es real la asistencia escolar y, lo mejor, que los alumnos terminan el ciclo, es decir, se ha reducido el ausentismo. Y no es cierto que las escuelas estén mal. Hay alrededor de 300 en todo el país que no reúnen condiciones (recordemos Ágatha y´demás) pero en el resto del país se ha ejecutado la mayor inversión en infraestructura escolar de la historia y casi han desaparecido los maestros por contrato, quienes han pasado a plazas fijas. A ver si tienen el valor de publicar esta aclaración.

    Edgar Rosales

    febrero 18, 2011 at 9:06 am

    • Al analizar el Índice de Avance Educativo no se puede establecer una correlación fuerte entre MIFAPRO y avance educativo. A veces municipios sin Mifapro avanzan más que municipios con el programa. Ricardo Valladares del proyecto Diálogo de USAID dijo en noviembre 2010: “no hay una relación significativa entre la presencia del programa y el avance educativo.”

      craguilar

      febrero 18, 2011 at 5:36 pm

    • a este ya lo compraron con las bolsas solidarias pobre

      Alex Gonzalez

      marzo 27, 2011 at 8:25 pm

  2. E autor de este articulo tiene una visión muy pobre de la realidad del país y de los programas de beneficio social a nivel mundial. Las transferencias Monetarias condicionadas es la única intervención que ha demostrado tener incidencia en salir de la pobreza en más de 90 países alrededor del mundo. Guatemala con mas del 50% de pobreza y más de 15% de extrema pobreza necesita urgentemente programas de beneficio social, que rescaten de la muerte a más de la mitad de la población. Urge más inversión social, somos el país menos solidario de América. Debemos colocar al ser humano como el centro del desarrollo económico. Por ultimo, estos programas son a mediano plazo y largo plazo, para ver resultados debemos esperar por lo menos veinte años. No se puede evaluar los objetivos de impacto en las áreas de salud y educación en 3 o 4 años. Preocupémonos de conocer mejor al país y de buscar soluciones inteligentes como ya lo hacen otros países con programas similares al referido. Con todo respeto, muchas gracias

    Juan García

    septiembre 21, 2011 at 7:06 am


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