Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

¿Derecho “Ancestral”?

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La boyante industria guatemalteca de extorsión síndico-ambientalista está protestando ante instancias internacionales por un supuesto complot de “intereses económicos y privados nacionales e internacionales” que buscan elaborar un reglamento para la aplicación del Convenio 169 de la OIT. El convenio en cuestión pide, entre otras cosas, que se realice consultas a los “pueblos indígenas” sobre decisiones que afecten su forma de vida. En este país, como en otros en Sudamérica, esto ha sido tomado como una licencia para que pequeños grupos de activistas impongan su voluntad sobre los demás al margen del proceso democrático.

Es así como “líderes comunitarios” que no han ganado ni una elección y no ostentan cargo oficial alguno producen acuerdos que muestran consensos absurdos (>95%) en torno a expropiar o liquidar proyectos específicos de infraestructura o de explotación de recursos naturales. Este poder arbitrario ahuyenta la inversión del país, además que se presta para todo tipo de tráfico de influencias. Para cualquier mente imparcial es evidente que debería existir alguna regulación que vele por la integridad y la transparencia de semejante mecanismo.

No obstante, las organizaciones indígenas se oponen a esta regulación argumentando que anula su “derecho ancestral a realizar consultas comunitarias.” Por supuesto que no se propone nada semejante, ni es la pérdida al derecho a consultar lo que realmente temen. Todos pueden consultar a quienes quieran sobre lo que quieran. Lo que temen es perder el derecho a imponer sobre el resto de la sociedad lo que muestren sus consultas efectuadas bajo inexistente escrutinio.

Y, ¿de dónde sacan esta idea del “derecho ancestral” a la consulta popular? Los mayas eran una sociedad de clases donde la mayoría ni siquiera podía mirar a los ojos a quienes tomaban las decisiones. Literalmente. Los gobernantes eran los nobles, llamados halach uinic, que se traduce como “hombre verdadero.” Estos afortunados herederos del poder absoluto caminaban entre el pueblo con un velo cubriéndoles el rostro para evitar que cualquier súbdito les dirigiera la palabra. Mientras tanto, las clases inferiores trabajaban de sol a sol para proveerles de sustento y de vez en cuando tener el “honor” de satisfacer las supersticiones sanguinarias de sus amos. Sin embargo, no hay registro histórico de que se haya efectuado una consulta popular para escoger a los desgraciados cuyos corazones serían arrancados de sus cuerpos, ni para decidir si construir un templo, ni para cualquier otra decisión de estado.

Claramente, el concepto de dignidad personal y el derecho a influir en su gobierno llegó a los pueblos indígenas con el derecho occidental.  Hoy recurren a un pasado ficticio para desprestigiarlo. Está bien. El derecho a proferir idioteces también les fue legado por los europeos. Pero sería mejor para todos que, ignorando tanto sobre la historia de su propio pueblo, ejercieran en cambio su derecho ancestral a permanecer callados.

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Written by craguilar

junio 6, 2011 a 3:56 pm

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