Nueva América Central

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Impuesto de Seguridad

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Hillary Clinton vino —como tantos burócratas itinerantes que la precedieron y tantos otros que la sucederán— a exigir que paguemos más impuestos. Su objetivo es que financiemos la Guerra Contra Las Drogas® que su país inventó. Para mí es un misterio el por qué deberíamos prestarnos a sacrificar sangre y riqueza a la causa de impedir el flujo de productos que no producimos ni consumimos. Supongo que tiene relación con los miles de millones que el Tío Sam reparte entre la corruptela local bajo el rubro de combate al narcotráfico.

Pero como al Tío Sam ahora le salen palomillas de los bolsillos, la Secretaria de Estado elogia la iniciativa del presidente de El Salvador, Mauricio Funes, de crear un Impuesto de Seguridad®. Se trata entonces de que no sólo peleemos sino que financiemos la mentada guerra de Sísifo. Sin embargo, la demanda de seguridad del pueblo centroamericano tiene menos que ver con la confiscación de drogas destinadas a norteamericanos, y más con la seguridad ciudadana; es decir, con la defensa de la vida y la propiedad de los ciudadanos. Esta es la seguridad que los presidentes dicen se prestará una vez se cobre el antonomásico tributo, mas no antes.

Ahora bien, si para que el Estado cumpla algo tan fundamental se requiere de un nuevo impuesto dedicado singularmente a ese propósito, ¿para qué pagamos los demás impuestos? Si no es procurar la seguridad, entonces, ¿cuál es la justificación del IVA y el Impuesto sobre la Renta? La primera responsabilidad del gobierno es garantizar la vida y la propiedad de los ciudadanos, pero aquí estamos hasta el 2011 inventando un nuevo impuesto para cumplirla.

Si hoy piden un impuesto de seguridad, no tardarán en pedir un nuevo impuesto de salud, educación, infraestructura, protección del medio ambiente, y cuanta causa social el gobierno haya desatendido por dilapidar los ingresos regulares en corrupción, prebendas (“derechos sociales”) y el mantenimiento de un sector público que es tan extendido como inútil. Sería mejor que el gobierno recortara sus funciones a lo esencial, ordenara su gasto como corresponde, y dejara que el sector privado haga el resto.

“No hay arte que los gobernantes aprendan más rápido que extraer dinero de los ciudadanos”, decía Adam Smith. Usar el poder coactivo del gobierno para despojar de recursos a los agentes productivos es muy fácil, pero no así administrarlos. Nuestros gobiernos nunca han recaudado ni gastado tanto como ahora, pero la delincuencia está peor que nunca. Si existiera una correlación entre recaudación fiscal y seguridad, entonces tendríamos más seguridad hoy que en el pasado, pero la realidad es lo opuesto. Donde sí hay correlación es con el crecimiento económico, sólo que negativa, lo cual no sorprende a cualquiera con alguna instrucción económica: siendo todo lo demás constante, entre mayor la tasa impositiva, menor es el incentivo a invertir. El modelo ofrecido por Hillary Clinton (El Salvador bajo el FMLN) es también el país con menor crecimiento económico e inversión en la región.

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Written by craguilar

junio 24, 2011 a 7:01 pm

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