Nueva América Central

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Fin de una Era

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Los mercados suben y bajan todos los días, pero la caída de 500 puntos hoy en el DJIA (que acumulado resulta en una pérdida de 10% en 2 semanas) y la consonante caída de las bolsas de valores en todo el mundo provocan una reflexión sobre lo que está pasando ahora en el mundo.

Apenas vamos saliendo de una recesión global muy grave —el resultado de numerosos factores, siendo el principal de ellos la expansión monetaria encargada por razones políticas a la Reserva Federal para inundar el mercado de crédito y así favorecer a personas y proyectos que por su perfil de riesgo no debieron ser sujeto de crédito. Esto es lo que llamamos una burbuja de liquidez, la cual estalló estrepitosamente en el 2008.

¿Quiénes predijeron esta debacle? Los economistas de la escuela austriaca. El presidente de Pacific Capital y adherente a esta escuela, Peter Schiff, le dijo a Arthur Laffer en un debate del 2006 que no pasarían 2 años sin que se sufriera una terrible recesión, así:

Cuando veas a la bolsa de valores caer y la burbuja de bienes raíces estallar, toda esa falsa riqueza se va a evaporar y lo único que quedará es la deuda que hemos acumulado con extranjeros.

El congresista Ron Paul —otro “austriaco”— advirtió en el 2003 sobre las tristemente recordadas Fannie Mae y Freddie Mac:

Irónicamente, al transferir el riesgo de un impago de crédito a gran escala, el gobierno ha incrementado la probabilidad de un doloroso desplome en el mercado inmobiliario. Como todas las burbujas creadas artificialmente, el auge inmobiliario no puede durar para siempre. Cuando los precios de las casas caigan, los dueños experimentarán grandes dificultades porque su patrimonio desaparecerá. Entre más personas inviertan en este mercado, mayores los efectos que ocurrirán en toda la economía cuando la burbuja estalle. Hasta el presidente de la Fed Greenspan ha expresado su preocupación por los subsidios gubernamentales que hacen que los inversionistas subestimen el riesgo subyacente a Freddie y Fannie.

Años después, cuando le preguntaron a Ron Paul cómo había predicho con tanta exactitud la extensión y la causa de la crisis, respondió que leyendo a “Mises, Hayek, Rothbard y Sennholz” —difuntos economistas de la escuela austriaca.

Si los austriacos tuvieron la razón entonces, ¿por qué no se les escucha ahora? Deberíamos estar saliendo de esa recesión pero en vez de eso pareciera que estamos cayendo en otra nueva, porque algunos gobiernos están haciendo exactamente lo mismo que nos condujo al abismo la primera vez: la fórmula keynesiana de un gobierno activista que gasta liberalmente con dinero inventado. Están intentando inflar otra burbuja de liquidez. La Reserva Federal ya ha inyectado trillones de dólares a la economía a través de compra de títulos de deuda. Al mismo tiempo el gobierno de los Estados Unidos impuso un paquete de “estímulo” de casi un trillón de dólares que lo único que ha logrado estimular es el desempleo.

El problema es que las tácticas keynesianas funcionan en el corto plazo si y solo si gozan de credibilidad porque no son más que un juego de expectativas. Pero ahora el mercado ya no cree que imprimir billetes sea crear riqueza. Los perros no se están comiendo la comida para perros. El mal sabor de la última porción sigue en sus paladares. Es imposible inflar una burbuja reventada.

Los electores están hastiados de los déficits fiscales y promesas imposibles de cumplir. En Europa y los Estados Unidos el clima político se ha volcado en contra del despilfarro. En Grecia ha quedado más que claro que consumir no es lo mismo que producir. Grecia es un país de pobres que vivían como ricos con dinero prestado. Al final del festín llega la factura pero todos los comensales quieren ser invitados. No se puede.

En esencia, lo que estamos viviendo es el fin de la era del Estado Benefactor. Esa gran idea del siglo XX, que Bastiat llamó con característica sabiduría “la ficción de que todos pueden vivir a costillas de todos los demás”, está chocando contra dos fenómenos físicos e ineludibles: la naturaleza humana y la escasez. Con mucho dolor estamos regresando al paradigma del siglo XIX: trabajo+ahorro=riqueza.

Esa es la respuesta a la pregunta de por qué no le hicimos caso a los austriacos; porque seguir su receta es demasiado doloroso. Es comprensible por qué quisimos inventar un esquema que sometiera las fuerzas impersonales del mercado a designios sentimentales. Es difícil explicarle a alguien que perderá sus ingresos porque la empresa en la que labora ya no es competitiva. Por eso es comprensible que el gobierno de los Estados Unidos haya dilapidado miles de millones de dólares en rescatar a empresas de automóviles que nadie quiere comprar pero que emplean a miles de sindicalistas con niveles de vida muy superiores a sus pares en otros países. Pero como canta José José: “uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser.”

Lo que “puede ser” en nuestro caso es una recesión real, donde se deje pasar lo que Schumpeter llamó destrucción creativa: quiebre de empresas y reasignación eficiente de recursos para que a través de la vieja fórmula de trabajo y ahorro se genere la riqueza necesaria para hacer crecer la economía real y el nivel de vida de las personas. Inflando burbujas solo conseguiremos más estallidos.

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Written by craguilar

agosto 4, 2011 a 4:58 pm

Una respuesta

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  1. Gracias por ponerlo tan claro, y esperar a ver que pasa

    bobbysr

    agosto 5, 2011 at 1:06 pm


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