Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Despreciable hasta el Final

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El gran perdedor de la contienda de hoy tiene que ser Álvaro Colom. Se arrastra en Casa Presidencial como una sombra de la figura esmirriada que entró allí hace cuatro años. Al preguntársele de qué se lamenta al dejar un país donde 16 mueren violentamente cada día y la infraestructura se hace pedazos, responde únicamente que no logró la Reforma Fiscal. Claro. Hubiera querido engordar aún más las cuentas de sus testaferros para asegurarse un exilio palaciego. No le bastaron todos los negocios que hizo durante cuatro años en los que el gobierno gastó más de lo que cualquier gobierno guatemalteco logró gastar en el pasado, en el proceso enterrando a futuras generaciones en montañas de deuda, sin que por ello pueda mostrar una sola nueva carretera, un nuevo puente, un nuevo hospital, u obra alguna de las que antaño legaban hasta los sátrapas más miserables.

Llorón salió el desgraciado. Colom no ha tenido que pellizcarse muy profundo para soltar el llanto. Pero sus lágrimas no caen por las numerosas víctimas mortales de su negligencia —más de 20,000 a la fecha—, sino por las vacas sagradas de cuya profana adoración ha ganado políticamente. No lloró por haber designado al menos a dos delincuentes como ministros de Gobernación (Gándara y Velásquez), encargados como estaban con la seguridad de los guatemaltecos; ni por haber enlodado el prestigio de su país cuando fue a condecorar a Fidel Castro con el máximo honor que un presidente guatemalteco puede conferir, sin que tan siquiera fuera recibido por el dictador. No lloró tampoco cuando el ciclo lectivo de las escuelas públicas fue acortado a la mitad por sindicalistas voraces, mermando las escasas posibilidades de desarrollo que tienen los más desaventajados en nuestra sociedad. Pero balbuceó compungido por gratitud hacia el responsable de esta ignominia, el sindicalista Joviel Acevedo, de quien derivó grandes cuotas de poder a costilla de los niños.

No sorprende que al final se haya aliado al peor de todos los candidatos, a aquel que cortaron de la misma tela deshonrosa —Manuel Baldizón. Sólo el corrupto salva al corrupto. En esto contaba también el otro incondicional de Colom, Alfonso Portillo. Pero a pesar de todos los regalos y dinero sucio que distribuyeron entre el segmento más manipulable de la población, creyéndolo susceptible a vender su voto, no contaron con el elemental sentido de decencia de la mayoría de los guatemaltecos. Esta decencia, que para Colom es tan foránea como el buen gusto, se encargó de ponerle fin a su vergonzosa carrera política. Ojalá que la misma medida de justicia que está siendo aplicada sobre Portillo caiga sobre Álvaro Colom, Sandra Torres y toda su despreciable pandilla.

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Written by craguilar

noviembre 6, 2011 a 7:34 pm

Una respuesta

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  1. Felicitaciones
    Ya era hora que alguien exprese ‘claro y pelado’ acontecimientos socio-políticos.
    Ahora debemos tener cuidado pues don perdedor va a tratar de dificultar la administración del General. Así mantener popularidad para dentro de cuatro años. ¡No le quitemos el ojo de encima al don!

    Rodolfo RiveraSandoval

    noviembre 7, 2011 at 9:11 am


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