Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

John Galt no es ni jamás será candidato

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Más randiana que Ayn Rand salió Marta Yolanda Díaz-Durán cuando opina que quien votó por el “menos peor” asume “la actitud sumisa de quien ha sido educado como súbdito.” Esto ha de ser noticia para casi todos mis conocidos que hicieron precisamente eso —votar por el menos peor— usando la misma voluntad individual, libre y soberana que Marta Yolanda usó para quedarse en casa felicitándose a sí misma por su pureza intelectual.

Quienes han leído este blog saben que no le rindo culto a la democracia ni mucho menos, pero igualmente ridícula me parece la pretensión de los pastores seculares que ven un “suicidio moral” en votar por cualquier candidato que muestre alguna divergencia con la catequesis liberal. La realidad política aquí y en todas partes es la de compromisos —la búsqueda de aquellos acuerdos viables que nos parecen menos repugnantes. Y lo que es viable en una sociedad democrática va a ser distinto de lo que es perfecto en la opinión de cualquiera de sus miembros. Para cumplir con el estándar imposible de Marta Yolanda, Guatemala debería ser un parlamento con 14 millones de diputados, donde cada votante vota sólo por aquel candidato con quien tiene plena coincidencia de principios y valores, es decir, por sí mismo.

Me pregunto si Marta Yolanda ha pensado en lo que pasaría si toda la gente que comparte su ideología en general siguiera su ejemplo. Debería admitir que, en la actual contienda, no habría ganado Pérez sino Baldizón. ¿Le es indiferente esta elección? Cambiemos hipotéticamente al segundo candidato para hacer un reductio ad absurdum. Digamos que la elección hubiera sido entre Pérez y Fidel Castro. ¿Aquí también se habría abstenido Marta Yolanda de cometer “suicidio moral” al votar por Pérez? Siguiendo la lógica de Marta Yolanda, en la contienda Pérez/ Castro, nosotros los que “protestamos como hombres libres” deberíamos quedarnos en casa y entregarle el país a un dictador comunista.

Evidentemente, mi negativa a votar por quien percibo es el mejor candidato incrementa la probabilidad de que gane el peor candidato desde mi punto de vista. Si los liberales nos abstenemos de votar por cualquier candidato que no sea un John Galt entonces estamos promoviendo indirectamente al candidato más alejado de ese ideal. No entiendo cómo nos acercaríamos de esta forma a la reforma del Estado Benefactor/Mercantilista que Marta Yolanda tanto menciona.

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Written by craguilar

noviembre 7, 2011 a 1:01 pm

2 comentarios

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  1. Que tal craguilar,

    Suelo leer tus artículos y este me llamó la atención porque noté (algo raro en tus posts) importantes errores lógicos que además, hablan de un tema que me interesa mucho. Tus suposiciones respecto a las “imaginarias” elecciones son inválidas porque si como dices, “Todas las personas que compartieran la ideología de Marta Yolanda hubieran seguido su ejemplo” (ie. el universo) entonces por ningún motivo hubiese llegado a la ronda de elecciones ninguno de los tipos que mencionas (Baldizón, Pérez, Castro).

    Segundo, de qué argumento de Marta Yolanda partes para decir “con el estándar imposible de Marta Yolanda, Guatemala debería ser un parlamento con 14 millones de diputados”??? En ningún momento leí en su artículo que ella promoviera la democracia directa y (verdaderamente, porque en GT ni en ninguna parte del mundo no existe tal cosa como el voto universal) universal en la que 14 millones de personas fueran las que tomarían decisiones.

    Dale una revisión a tus premisas con humildad intelectual respecto a tu apoyo al voto por “el menos peor” y compáralas con las de Marta Yolanda; quizás así podrían tener una conversación y aprender ambos algo nuevo.

    Saludos,

    condottiero

    noviembre 7, 2011 at 1:37 pm

    • Guillermo, agradezco tu comentario. Respeto mucho a Marta Yolanda y por eso he tratado de darle una lectura objetiva a su artículo. Ella es bastante clara en que quien escoge al “menos peor” demuestra la “actitud sumisa de quien ha sido educado como súbdito. Quien aún no ha protestado como hombre libre.” Mi modesta posición es que nadie tiene la obligación de ir a votar pero tampoco puede condenársele como cobarde moral si decide votar para evitarle a su país la peor opción entre dos opciones reprobables. Pero para tí mi posición tolerante exhibe menos humildad intelectual que la acusatoria de MY ¿?

      Cuando escribo sobre lo que pasaría si todos los que piensan como MY hicieran lo que hizo ella (abstenerse), me refiero a lo que pasaría partiendo del universo actual de votantes. No estoy preguntando qué pasaría si todos los votantes tuvieran la ideología de MY (tu y yo probablemente estamos de acuerdo en que este sería un país infinitamente mejor.) No comparto tu premisa de que si todos los que nos llamamos liberales hubiéramos hecho lo mismo que MY en la primera vuelta, ni Baldizon ni Pérez habrían llegado a la segunda vuelta, simple y sencillamente porque no somos suficientes para darnos una opción idónea en la segunda vuelta. Por definición, la segunda vuelta presenta candidatos que satisfacen idealmente a un menor número de personas, porque el menú se ha reducido.

      Con lo del parlamento de 14 millones hago una hipérbole para ilustrar el problema de buscar perfecta congruencia de principios y valores entre el votante y el candidato. No digo que ella proponga democracia directa ni nada parecido, sino que cumplir con su estándar de pureza requiere un grado de identidad moral con el candidato que es imposible a menos que el candidato sea el mismo votante.

      No has intentado rebatir mi punto que, en un mundo hipotético donde tenemos a un candidato como Pérez y otro candidato peor que Baldizón en cuanto a su compromiso con la libertad (digamos ahora Hugo Chávez), seguir el camino de MY de nunca escoger al “menos peor” es lo mismo que decir “vamos a quedarnos en casa” y necesariamente incrementar la probabilidad de que gane Hugo Chávez, y el resultado final sería menos libertad para los guatemaltecos. Y si en este caso extremo MY sí estaría de acuerdo con votar para salvar la poca libertad que tenemos incluso en este despreciable estado mercantilista, entonces echa al traste toda su teoría de que es una inmolación moral votar por el menos peor. De repente se volvió un imperativo moral votar por un candidato imperfecto pero mucho menos imperfecto que el déspota! En realidad todo en la vida y especialmente en la política, se trata de escoger la opción menos peor (otras veces llamada mejor.) Lo perfecto nunca está en las cartas.

      craguilar

      noviembre 7, 2011 at 8:10 pm


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