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Más Impuestos

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Nada nuevo bajo el sol. Lo primero que hizo Otto Pérez al llegar al despacho presidencial fue sacar la “Reforma Fiscal” que su predecesor había dejado en la gaveta, mandar a cambiarle la fecha en la carátula, y presentarla como nueva en el Congreso. Pero, parafraseando a Shakespeare, así como “una rosa con cualquier otro nombre tendría el mismo dulce aroma”, el paquetazo de Colom sigue igual de hediondo.

(Un paréntesis aquí para agradecerle al nuevo presidente su atinadísima decisión de librarnos de la “Bandera de los Pueblos”, ese vergonzoso engendro de la corrección política. Ya los indigenistas de siempre se rasgan las vestiduras, como que si al monolito de Quiriguá lo hubieran encontrado arropado en el mentado trapo.)

Regresando al paquetazo fiscal, resulta que nadie lo quiere. Ni siquiera la izquierda, juzgando por lo que escribió Alvaro Velasquez en esta columna. Claro que las razones por las que adversamos la propuesta son totalmente distintas. Mientras que la izquierda no la quiere por “timorata” (entendiendo por esto que no traslada por completo el control de la economía al gobierno), los menos socialistas la denunciamos por contraproducente.

En efecto, incrementar la carga fiscal sobre esa pequeña minoría que actualmente paga impuestos sólamente logrará enrarecer la base tributaria. Entre mayor sea el castigo sobre la economía formal, mayor será el incentivo para que las personas se pasen a la informal. Entre mayor sea la carga fiscal, menor será el incentivo para invertir en este país, lo cual a su vez reducirá la base sobre la que se cobran impuestos. Alguien por favor contrate a Art Laffer para que venga a asesorar a Otto Pérez.

Cuando a Pavel Centeno le preguntaron que si eliminando la planilla del IVA  no reducía el incentivo para pedir (y, por tanto, emitir) facturas, el ministro respondió que ese incentivo es ahora innecesario porque las empresas “ya tienen cultura tributaria.” Se reporta que Centeno también cree que Santa Claus viene cada diciembre.

Dos cosas me llamar mucho la atención en la columna de Velásquez. Primero, esta denuncia al sistema político:

Me niego a aceptar un ajuste fiscal consensuado con bancadas en el Congreso por los cuales nunca votamos, pero que ahora existen con derecho de negociación, y con diputados que solo se representan a sí mismos y a sus financistas.

¿Hasta ahora se da cuenta Velásquez del problema de representación en el Congreso? ¿Hoy se percata de que la democracia es una farsa cuando no se vota por personas sino por sábanas, y que más rápido de lo que canta un gallo esas hordas anónimas de diputados se salen del partido que los metió al Congreso para pasarse a otro? Pues nunca me habría dado cuenta leyendo sus críticas en contra de ProReforma, la única propuesta seria para cambiar este sistema. Velásquez escribió que eso de las elecciones uninominales (se vota por el candidato y no por el partido) significarían la “muerte de los partidos políticos.”

En los Estados Unidos, donde la gente vota por personas, los partidos más importantes tienen más de un siglo de existir. En Guatemala, donde la gente vota por logotipos, los partidos tienen la longevidad promedio de una gallina de patio. Así que si de algún lado vienen los temores de Velásquez, no es del lado de la evidencia.

Más interesante es la aseveración de Velásquez de que transacciones privadas y voluntarias constituyen “impuestos.”

Y antes de que se castigue a las clases medias y trabajadores  (que ya cargamos con los impuestos del mercado: en salud, educación y seguridad vecinal privatizadas), se nos debe explicar por qué nos toca a las mayorías cargar con el peso del ajuste mientras que a las minoría de grandes empresarios se les va a premiar reduciéndoles el ISR.

Dónde empezar. Las “mayorías” no cargan con el peso del gobierno. Si ese fuera el caso, no habría déficit sino superávit fiscal. En el 2010, del total de contribuyentes activos, solo 529 mil 573 (42.6%) conforman la base tributaria. Y pueden apostar todita su planilla del IVA en que estos contribuyentes no son beneficiarios de MIFAPRO.

Por otro lado, una reducción al ISR no es un “premio” si al mismo tiempo se incrementa el gravamen a los dividendos, como lo propone la Reforma. Quizá esto sea noticia para el Sr. Velásquez, pero para que el empresario reciba el fruto de sus inversiones debe pagar impuestos dos veces: la primera vez sobre la renta y la segunda vez sobre los dividendos. Quizá Velásquez desea que el ISR se mantenga en 31% y adicionalmente se incrementara en 40% el impuesto a los dividendos —como lo propone la reforma—, pero esto lo único que lograría es poner al país en desventaja contra países como Chile y México, por mencionar dos ejemplos, donde las tasas de ISR a empresas son 17% y 28%, respectivamente. El gobierno puede poner las tasas que quiera, pero no puede obligar a alguien a invertir en Guatemala.

Y, ¿qué decir de este concepto de “impuestos del mercado”? A los que no fuimos privilegiados con una buena educación marxista, se nos enseñó que un impuesto es un pago obligatorio que se hace al gobierno. Pero aquí este señor escribe que pagar voluntariamente por atención médica y educación también son impuestos. No es un pensamiento tan ilógico si viven en el mundo patas arriba de los derechos positivos.

En este mundo bizarro, por el solo hecho de existir las personas tienen derecho a apropiarse del trabajo de otras personas. Así es como puede existir un derecho a la salud, a la educación y a la “vivienda digna”, por mencionar solo tres en la interminable lista de derechos “sociales.” Como no hay nada gratis en la vida y todas estas cosas tienen un costo, el gobierno ha de ponerse la tarea de poner a unos a trabajar a la fuerza para proveer de estas cosas a otros. Y si usted se niega a hacerlo, pues bien, usted está aplicándole un “impuesto” al necesitado.

Mal que bien esta es la cultura política que produce esperpentos como la Reforma Fiscal. Mientras no tengamos una mejor cultura, no tendremos mejores propuestas, y las pocas que surjan como ProReforma morirán una muerte ingrata.

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Written by craguilar

febrero 7, 2012 a 4:02 pm

Una respuesta

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  1. Y tenemos tambien la propuesta de quitar la planilla del Iva, que es una alternativa para compensar el ISR de los contribuyentes. Ahora nadie de las personas en relación de dependencia tendrán un incentivo para pedir facturas y por lo tanto tampoco las empresas tendrán que extenderlas, las dos partes no tienen incentivos, por lo tanto la recaudación por concepto de IVA se verá reducida. Esta no es una solución, el paquete no está bien planteado, alguién que le diga al Presidente que si quiere uno paquete que lo haga él mismo (que incluya a ampliar la base tributaria, ya sea incluyendo a la economía formal o atrayendo más inversión) y que se acuerde de su promesa de “pacto fiscal” que tanto habló en su campaña. Además antes de este tema se debe hablar de la transparencia en el Gasto Público, más importante aún que la recaudación de más fondos porque es ese la raíz del problema, si no se transparenta el uso de los recursos públicos y no se fiscalizan se seguira fugando todo por el mismo hoyo negro y podemos seguir firmando leyes y leyes que al final del día no beneficia a la población si no al contrario la perjudica.

    Mery

    febrero 9, 2012 at 12:55 pm


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