Nueva América Central

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Antinarcodólares

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Mucho se dice de las fortunas que se hacen vendiéndolas, pero casi nadie habla de las que se hacen combatiéndolas. Miles de millones de dólares en armamentos y tecnologías de interdicción. Ejércitos de burócratas bien pagados llenan organismos nacionales y supranacionales con la consigna de que lo único peor que la droga es aquel que promueva su despenalización. Sólo los Estados Unidos gastó 15,000 millones de dólares en el 2010 combatiendo al narcotráfico. Estimados conservadores ponen la cifra a nivel mundial arriba de los 100,000 millones de dólares anuales. Lógico es que cuando a alguien se le ocurre poner sobre la mesa la idea de despenalizar la droga —como lo hizo Portugal con maravillosos resultados— todo el complejo prohibicionista, interesado en preservar sus ganancias, descienda sobre él como halcón hambriento sobre una liebre.

No es una opción”, sentenció un tal Hamid Ghodse, presidente de la Junta Internacional de Estupefacientes (JIFE.) Claramente no es una opción para aquel cuyo salario depende del status quo.

En el 2009, la Corte Suprema de Justicia de Argentina declaró inconstitucional la prohibición a poseer marihuana para uso personal. Ese año, México también despenalizó la posesión para consumo personal. Brasil, en parte gracias a la valiente iniciativa del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, cuya célebre declaración “la guerra contra las drogas ha fracasado” le dio vuelta al mundo, ha sustituido penas carcelarias con tratamiento obligatorio para los consumidores de droga.

¿Cómo respondió la JIFE a estos avances de la libertad personal? Con un reporte oficial lleno de críticas, chantajes y una interpretación espuria de un tratado de 1988, procurando imponer su voluntad sobre la de los pueblos representada en las instituciones democráticas de cada país.

Los millonarios intereses de la industria prohibicionista, cada vez más amenazados por el cambio en la opinión pública y la evidencia, está invirtiendo todos sus recursos para matar de raíz cualquier intento por discutir el costo-beneficio de la criminalización. No los culpo: es un debate que no tienen posibilidad de ganar, y lo saben perfectamente.

Pueden leer las risibles declaraciones a la prensa del burócrata de la JIFE. Exasperado por el argumento de que el tabaco y el alcohol —siendo más dañinos para la salud— son legales mientras que la marihuana no lo es, el Sr. Ghodse replicó que fue mala idea legalizar el tabaco y el alcohol. Así que allí lo tienen, damas y caballeros. La posición oficial del órgano de la ONU encargado de regular narcóticos es que en vez de debatir despenalizar las drogas, debemos considerar criminalizar al tabaco y al alcohol. ¡Imagínense cuántos recursos adicionales estarían a disposición del Sr. Ghodse, cuyos ojos se transforman en signos de dólar al visualizar esta fantasía! Creo que a Janet Napolitano también le encantaría regresar a los 1920´s y formar su propia banda de “Intocables.” La pregunta para el resto del mundo es por qué debería de tomar en serio a personas que dicen semejantes sandeces.

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Written by craguilar

febrero 28, 2012 a 11:29 am

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