Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

La Rehabilitación es Secundaria

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50% de los reos reinciden al salir de prisión, según esto. De 1,255 órdenes de libertad que el Sistema Penitenciario ha ejecutado en los primeros 4 meses de este año, 628 presidiarios volverán a delinquir.

La clase política dice que este es un problema de falta de presupuesto para reeducar a los delincuentes. Luis Alberto Pérez, director del SP, dice que necesita al menos Q12 millones al año para “rehabilitación social.” Osvaldo Samayoa, del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (ICCPG), dice que hay que pelear contra una “visión represiva y autoritaria” en las prisiones, donde se busca castigar “para quedar bien con otras personas.” (¿Preferirá este señor prisiones permisivas y democráticas?) Sandino Asturias, del Centro de Estudios de Guatemala (CEG), expresa que si “nuestro sistema penal lo que hace es meter a la cárcel a la gente y esta no sale mejor que como entró, entonces ¿para qué los estamos encerrando?”.

Qué le parece esta respuesta, Sr. Asturias: para que no sigan delinquiendo. La razón por la que metemos delincuentes a la cárcel no es para tratar de infundirles valores que no consiguieron en su hogar, sino para hacer justicia y librar a la sociedad del daño que ellos causan. La cárcel no es un sustituto del hogar —el único lugar donde las personas forman su carácter— ni puede aspirar a serlo. No con Q12 millones ni con Q1,200 millones. Hay muchos estudios que demuestran que, incluso en países con vastos presupuestos para reformar el carácter de los reos, la reincidencia es la regla y no la excepción. No se necesita ser sociólogo para reconocer la sabiduría en el dicho que dice “árbol que nace torcido jamás su rama endereza.”

Si no podemos enderezarlos, al menos deberíamos aislarlos para que dejen de hacerle daño a otras personas. Lastimosamente en Guatemala las cárceles tienen puertas revolventes, donde delitos graves como extorsión y asesinato reciben penas risibles, conmutables y recortadas a la mitad por “buena conducta.” Los “expertos” que he citado arriba aparentemente creen que la cárcel es una especie de instituto donde en 5 años puede extraerse del criminal la propensión delictiva. En realidad son universidades del crimen, desde donde se organizan secuestros, extorsiones, y se amplían las redes que los delincuentes usan para hacerse más efectivos.

El caso del pandillero Smiley es ilustrativo:

El Smiley tiene un amplio historial delictivo. A los 18 años llegó a ser jefe de una célula de la Mara 18, en la colonia Primero de Julio, zona 5 de Mixco, después de que algunos de sus cabecillas fueron asesinados o enviados a prisión.
Las investigaciones de la unidad antimaras de la Policía Nacional Civil (PNC) dan cuenta que creció en el sector denominado La Isla, de la referida colonia.
Fue expulsado del instituto donde cursó primero básico, porque fue descubierto cuando ingresaba drogas y armas. Además, con frecuencia extorsionaba a sus compañeros.
En julio del 2005 fue ingresado en el centro correccional Las Gaviotas, sindicado, junto a otros cuatro pandilleros, de haber matado a una menor.
Un mes después de haber ingresado en el correccional, atacó, junto con otros antisociales, a seis integrantes de una mara rival. Luego del ataque murieron Melvin Medrano Ortiz y Edwin Adalberto Sacrab Xol. Por ese doble crimen, el Smiley fue enviado al Centro de Detención Preventiva Pavoncito, en Fraijanes. Después de que fue condenado a cinco años y seis meses de cárcel por el Tribunal Décimo de Sentencia, fue enviado a la cárcel de Chimaltenango, desde donde se dedicó a efectuar extorsiones.
En noviembre del 2008 solicitó la redención de penas por trabajo y buena conducta, y porque ya había cumplido la mitad de la condena de prisión.
El 18 de diciembre del 2008 salió de prisión y tomó el control en la colonia Primero de Julio. Durante un mes, el Smiley se refugió en una de las casas del sector y empezó a reclutar a jóvenes para fortalecer su poder.
La célula de este pandillero mantuvo amedrentados a los habitantes de las colonias Primero de Julio, La Florida, Carolingia y San Francisco, según investigadores.

Los “expertos” dirían que este caso ejemplifica la falta de recursos para rehabilitación. La gente con sentido común diría que lo que ejemplifica es la blandura de un sistema judicial y penitenciario que trata a asesinos como si fueran niños traviesos. Necesitamos condenas seguras, penas más severas (especialmente en casos de reincidencia) y cárceles que aislen efectivamente a psicópatas incorregibles como Smiley.

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Written by craguilar

mayo 7, 2012 a 11:43 am

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