Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Archive for the ‘Economía’ Category

Diga NO al etanol

leave a comment »

La gente se muere de hambre en Chiquimula, 48% de los menores en Guatemala padecen de desnutrición crónica —peor que Haití—, la producción nacional de granos es excepcionalmente susceptible a cambios en el clima, y el gobierno propone la brillante idea de usar a los alimentos como combustible.

Bueno, no puede culparse al gobierno de Guatemala de originalidad. En realidad está importando una idea desarrollada hace años en otros países, los cuales están reconsiderándola hoy al observar los terribles efectos que tiene en los precios de los alimentos. La estamos importando en el peor (¿o mejor?) de los momentos —el precio del maíz actualmente está rompiendo records históricos.

En principio sonaba atractivo: usemos fuentes limpias y renovables de energía en vez de los sucios combustibles fósiles que contaminan el medio ambiente.

Excepto que hay un par de problemitas. Uno, que al tomar en cuenta el proceso de producción, el etanol contamina tanto como la gasolina. Dos, que estamos matando de hambre a la gente más vulnerable del mundo.

Sí, cuando un motor quema etanol produce menos emisiones dañinas que la gasolina. Sin embargo cuando se toma en cuenta la menor eficiencia energética del etanol y las emisiones acumuladas durante su proceso de producción, el etanol sale peor parado.

Y si no logramos nada bueno para el medio ambiente, ¿cómo justificar el efecto en los precios de los alimentos? La FAO reconoce que “mientras que los altos precios de las materias primas para producir
biocombustibles benefician a los productores, significan a la vez costes suplementarios y menores ingresos a los campesinos que las necesitan para alimentar al ganado.”

¿Así que vamos a enriquecer a los ya riquísimos productores de maíz en Estados Unidos y a los magnates del azúcar en Guatemala, a costillas de todos los consumidores, la mayoría de quienes son pobres?

En este como en tantos asuntos, el involucramiento del gobierno solo puede empeorar las cosas. Si el biocombustible hace sentido económico, déjese que las fuerzas del mercado lo produzcan, pero que no se impongan mandatos de mezcla ni cuotas mínimas que sólo agravan la desnutrición sin beneficiar ni un ápice al medio ambiente.

Anuncios

Written by craguilar

julio 30, 2012 at 10:48 am

Publicado en Economía

Tagged with , , ,

La aplastante irrelevancia de la CEPAL

leave a comment »

Cuando el horror que fue el gobierno de Álvaro Colom todavía desolaba a los hogares guatemaltecos, una burócrata de la CEPAL vino a respaldarlo. Una tal Alicia Bárcena vino a decir que era obligación del gobierno procurar “igualdad de resultados” para los ciudadanos, entre otras estampas del marxismo propias de un apparátchik soviético circa 1965.

Quizá recuerden que la espiral descendiente de esta institución empezó bajo la dirección de Raúl Prebisch —aquel que se hizo famoso en los 70s con la brillante idea de “sustituir importaciones“— pero cualquier pizca de credibilidad que le haya quedado ha sido vaporizada por la estupidez incandescente de la Sra. Bárcena.

Bárcena fue a Cuba a felicitar y a reprender a los cubanos. Seguramente los felicitó por empezar a soltar las cadenas socialistas de la economía y a regañarlos por la falta de libertades políticas, ¿verdad?

Think again!

Muy valientemente, ella advirtió a los comunistas que tuvieran cuidado con esas reformas liberales que están planeando porque “el mercado es desigualador en esencia.” El resto de países de Latinoamérica tienen “mucho que aprender de Cuba” sobre economía, les halagó, quizá porque ahora la posición oficial de la Cepal es que una economía bien administrada es aquella donde el salario mensual promedio es $20.

Los cubanos entre broma y llanto cuentan que “cuando el jefe de familia cubano se levanta en la madrugada, sólo enfrenta dos problemas: el almuerzo y la cena.” Igualdad! dirían los cepalinos.

Bárcena también aprovechó la oportunidad para elogiar el manejo de otra economía latinoamericana — la de Venezuela. El país cuya gráfica de inflación parece un relieve del Monte Everest es ahora el modelo a seguir según la CEPAL.

¿Se requerirá mayor explicación de por qué esta institución se ha vuelto completamente irrelevante?

Written by craguilar

febrero 15, 2012 at 11:27 am

Publicado en Economía

Tagged with , , , ,

¿Importa la desigualdad en el ingreso?

leave a comment »

En la economía uno de los debates que más pasiones despierta es el de la desigualdad. Que un reducido “x” porcentaje de personas reciba un creciente “y” porcentaje del producto es presentado como una evidente injusticia. Ya he manifestado mi disgusto con este tipo de análisis porque confunde criterios políticos con criterios económicos y desvía la atención del verdadero problema: la pobreza. A pesar de que los principales organismos internacionales sabiamente han cambiado su enfoque de combatir la desigualdad a combatir la pobreza (objetivos no necesariamente compatibles), no cesa el tamboril —últimamente gracias al movimiento socialista-anárquico “Occupy Wall Street” cuya motivación ostensible es la desigualdad en la distribución de riqueza en los Estados Unidos.

Lo curioso es que cuando alguien hace el reclamo de desigualdad, lo presenta como un mal incontrovertible cuya malevolencia no requiere esclarecimiento, como si fuera esclavitud o genocidio. Nadie parece interesado en explicar por qué es algo malo. Busque en Google “por qué la desigualdad en el ingreso es malo” y encontrará muchas entradas señalando que el “problema” de la “mala” distribución de la riqueza ha crecido en tal o cual país, con lujo de estadisticas demostrándolo, pero poco o nada explicando por qué es un problema para empezar.

Así que investigué un poco más y encontré este ensayo del profesor Arthur MacEwan de la Universidad de Massachusetts, titulado “Un Fin en Sí Mismo y un Medio para Buenos Fines: Por Qué la Igualdad de Ingreso es Importante” (traducción mía.) Hay que agradecerle por darse la tarea de justificar lo que tantos dan por sentado. Al final, sin embargo, sus argumentos no son persuasivos. Examinémoslos a continuación:

Argumento # 1: La pobreza es un estado relativo, no absoluto.

MacEwan postula que la pobreza no es sencillamente la incapacidad de adquirir un número finito de bienes y servicios, sino una condición relativa a la riqueza total de la sociedad. “Los pueblos más primitivos del mundo tienen pocas posesiones, pero no son pobres”, dijo Marshall Salins, ejemplificando que en diferentes sociedades la definición de pobreza está supeditada a los estándares materiales a los que están acostumbradas. Desde este punto de vista, qué tan pobre soy es una función de la razón entre mi ingreso y el ingreso social, o, lo que es igual, de la razón entre mi ingreso y el ingreso medio, porque el ingreso medio define la canasta prototípica de bienes y servicios en una sociedad determinada. Por lo tanto, no puede combatirse la pobreza sin combatir la desigualdad.

Si bien es cierto que para algunos la definición de pobreza varía en función de los crecientes estándares de vida en la sociedad, para otros está determinada por el nivel de consumo mínimo para sostener una vida saludable, y aún para otros (como los monjes tibetanos) es una condición espiritual sin relación alguna al producto material. Así que la conclusión de que la desigualdad en el ingreso significa más pobreza depende de que aceptemos una definición subjetiva y relativa de pobreza, la cual nos dirá, en contra de toda intuición, que si este año recibo un aumento salarial pero mi vecino recibe uno mayor, yo me hice más pobre. La mayoría de la gente no la entiende así, y con buena razón.

Lastimosamente, “pobreza” es un término político que se usa en contextos tan diversos que hoy carece casi por completo de cualquier significado económico. Pero si ha de significar algo que justifique la movilización de recursos públicos para combatirla, debe ser con base en las necesidades biológicas del ser humano. Quizá Donald Trump se crea pobre por poseer lo equivalente a una pequeña fracción de la riqueza de Bill Gates, pero cuando hablamos de pobreza como objeto de acción gubernamental no nos interesa la opinión de Trump ni de nadie más en cuanto a su posición relativa en la sociedad, si poseen lo suficiente para alimentarse, abrigarse y educarse plenamente. Después de todo, si el criterio relevante es la canasta “normal” en una sociedad y mi sociedad se limita al jet set, ¿por qué mi definición subjetiva sería inferior a la de alguien que se compara con la canasta del ingreso medio de la nación? ¿Por qué seleccionar arbitrariamente a una nación como el universo del ingreso y no a varios países, a todo el mundo, o limitarlo al grupo social con el que interactúo?

Para evitar semejantes extravíos, los organismos dedicados a combatir la pobreza la definen objetivamente como la incapacidad de adquirir los bienes y servicios necesarios para cubrir las necesidades básicas del hogar en el lugar donde se sitúa. Bajo cualquier definición objetiva de pobreza, el primer argumento del profesor MacEwan carece de aplicación práctica.

Argumento # 2: La igualdad tiene un valor intrínseco porque disminuye el efecto distorsionador del estatus en las relaciones sociales y en consecuencia cultiva sociedades más solidarias, empáticas y democráticas.

¿Quién no se ha topado con un ricachón que se cree superior a los demás porque tiene más dinero? Nadie puede negar que la riqueza y el estatus que confiere han jugado un rol importante en crear asimetrías en las relaciones sociales desde tiempo inmemorial. La cuestión es si creemos que una sociedad que aplica medidas igualitarias elimina las asimetrías o simplemente sustituye asimetrías de un tipo por asimetrías de otro tipo.

No hay nada que a priori nos asegure que las relaciones entre los miembros de la sociedad serían mejores si todos ganaran lo mismo, por la sencilla razón de que la igualdad en el ingreso requiere de injusticia, y la injusticia genera resentimiento y fricción social. No entiendo como puede mejorarse la relación entre una persona laboriosa y productiva y otra persona perezosa e improductiva confiscándole a la primera el fruto de su trabajo para que la segunda la iguale en ingreso. Digamos que su vecino no tiene para pagar la factura de energía eléctrica así que decide robársela a usted para que ambos tengan luz en sus casas. ¿Mejoraría la relación entre ustedes?

En la práctica sabemos que no hay correlación entre distribución del ingreso y la denominada “paz social.” Hay países altamente desiguales como Chile (índice Gini 55) que tienen menor tasa delictiva que países más igualitarios como Venezuela (Gini 41.)

Sabemos también que en países donde se impone la igualdad el poder debe concentrarse en un grupo de distribuidores del producto social quienes, a su vez, se convierten en los focos de poder y estatus. La Nomenklatura soviética, por ejemplo, sustituyó a la élite de los magnates con la élite de los burócratas. ¿Por qué una es superior a la otra? La realidad es que desde el punto de vista sociológico, ambas distorsionan las relaciones naturales entre seres humanos porque colocan a unos en situación ventajosa con respecto a otros.

Si la desigualdad en el ingreso significa que unos pocos pueden comprar el poder político para ajustar las reglas del juego a su favor, ese es un problema del sistema político y no de la desigualdad económica como tal. Un gobierno con el poder de regular industrias, intervenir en el comercio exterior y favorecer con privilegios a ciertas personas con base en sobornos y donaciones políticas es un mal gobierno, con o sin desigualdad en el ingreso. Si lo que se busca es blindar las decisiones públicas de influencias privadas, lo que debe hacerse es limitar constitucionalmente el poder del gobierno para otorgar privilegios, no repartir la riqueza en partes iguales para que todos puedan procurar privilegios.

Argumento # 3: Mayor desigualdad significa menor salud y mayor criminalidad

En cuanto a la salud, el profesor argumenta que en sociedades más desiguales se padece más estrés que en sociedades igualitarias, porque en las primeras los pobres están angustiados por no poder comprar la canasta “promedio” de la sociedad y los ricos están preocupados por caer de su encumbrada posición. Sobre esto, como podrá imaginarse, no existe más evidencia que las conjeturas de algunos psicólogos. Pero aunque fuera cierto, uno debe preguntarse si el estrés provocado por la desigualdad no es menor que el estrés provocado por la falta de empleo y el bajo crecimiento económico que conlleva aplicar medidas igualitarias coercitivas. Basta con ver, como ejemplo, los padecimientos emocionales de los manifestantes en la igualitaria Grecia (Gini 33) para darse cuenta de que en nada se compara el gasto emocional de tener a un vecino con una casa más grande con el gasto emocional de no tener ingreso suficiente para pagar la renta propia.

Como vimos arriba en el caso de Chile y Venezuela, la incidencia delictiva no varía en función de la distribución del ingreso. Hay estudios que establecen una correlación entre desigualdad y criminalidad, mientras que hay otros que la desmienten. Existe más evidencia de correlación entre pobreza y crimen que entre desigualdad y crimen. Recuerde que no son la misma cosa. Combatir la pobreza no es lo mismo que combatir la desigualdad. Todo esto sería un debate puramente académico si no fuera por el hecho que combatir la pobreza y combatir la desigualdad son frecuentemente objetivos incompatibles por el efecto negativo que la interferencia gubernamental tiene sobre el crecimiento económico. Si la correlación positiva entre crimen y pobreza es más fuerte que la correlación entre crimen y desigualdad, y si sabemos que buscando más igualdad a través del gobierno generamos más pobreza, entonces deberíamos enfocarnos en aquello que es más “eficiente” en términos de reducir el crimen; es decir, combatir la pobreza. Es como que si alguien tiene sed y un vaso de agua, y puede saciar su sed tomándose el vaso de agua o regando una maceta con una planta de tomate y luego absorber una parte de esa humedad comiéndose el tomate. Por un criterio puramente de eficiencia, para saciar la sed debe tomarse el vaso de agua directamente en vez de indirectamente a través del tomate. En el caso de la sociedad, si existe un vínculo entre la pobreza y el crimen (de por sí una hipótesis controversial), es más eficiente combatir el crimen reduciendo la pobreza directamente que indirectamente a través de un enfoque en la desigualdad.

Written by craguilar

octubre 12, 2011 at 6:44 pm

Steve Jobs y el Capitalismo

with 6 comments

Con el fallecimiento de Steve Jobs se ha escrito mucho sobre los logros de este hombre visionario y su impacto en la vida moderna. Más allá de los iPods, iPhones e iPads, también debe agradecérsele el desarrollo del sistema operativo que habilita a casi todas nuestras computadoras. Es difícil cuantificar el incremento en productividad que esto significa a nivel global, pero seguramente es una orden de magnitud mayor que el valor de mercado de Apple, ahora la segunda empresa más valiosa después de Exxon-Mobil.

Sin embargo, poco se ha dicho sobre el sistema económico que permitió que Jobs y su compañía existieran en primera instancia. Sin capitalismo, no conoceríamos al individuo excepcional ni a todos los maravillosos productos que diseñó. Sólo en un sistema donde las personas pueden acumular capital e invertirlo para realizar sus sueños —por extraños que le parezcan a otros— puede prosperar un empresario como Jobs.

La palabra “empresario” quizá le disguste a algunos de sus admiradores. Es un triste rasgo de nuestra época que empresario es casi un peyorativo, como sinónimo de “avaro insensible.” (Como muestra, tienen a estos jóvenes desorientados protestando en Wall Street en contra la misma clase de gente que produjo los artefactos que usan para promocionarse.) No obstante, Jobs fue un empresario y un inventor como Tomás Alva Edison y Henry Ford lo fueron antes de él.  Un empresario no es más que una persona dispuesta a arriesgarse para darle algo valioso a la sociedad. Es alguien que ve cosas que otros no ven, frecuentemente inspirado por sensibilidades estéticas y artísticas, como en el caso de Jobs. Un empresario no pide de otros más de lo que ellos están dispuestos a darle voluntariamente a cambio de lo que ofrece. En otras palabras, un empresario es lo que cada vez más escasea en sociedades como Grecia, ahogadas en deuda, donde todos exigen del Estado lo que no pueden conseguir a través de transacciones voluntarias.

¿Cuántos Steve Jobs habrían surgido en Cuba, en la China maoísta o en la Unión Soviética? ¿Cuántas innovaciones dejaron de existir por la represión sistemática del espíritu creador de tantos seres humanos durante tantas décadas? Bastiat reflexionó en el siglo XIX sobre Aquello que se ve y aquello que no se ve. Es fácil identificar los torpes logros de gobiernos que controlan todos los recursos de la sociedad. Los émulos de Fidel Castro no se cansan de glorificar al “excelente” sistema de salud cubano. Sin embargo, mentes más agudas saben reconocer el enorme costo oculto de someter a todos los individuos al designio del poder político. Bien, si hasta el gobierno cubano se ha dado cuenta de ello; no es por nada que esperan surja algún Esteban Trabajos entre la nueva camada de “cuentapropistas“.

El gobierno no puede ni jamás logrará lo que logró Steve Jobs y lo que logran miles de empresarios todos los días, simple y sencillamente porque la genialidad es individual. Newton y Einstein no llegaron a sus teorías por comité. Si bien es cierto que construyeron sobre los descubrimientos de otros que les antecedieron, los avances conceptuales se desarrollaron en sus mentes individuales gracias a concentrada reflexión. ¿Qué comité de burócratas habría ordenado la investigación de anomalías en el movimiento aparente de Mercurio para llegar a la conclusión de que el espacio-tiempo se dobla en la vecindad del Sol? ¿Cómo podrían haber previsto la aplicación en tecnologías comerciales como GPS y energía eléctrica de la teoría de la relatividad?

La respuesta es que no podrían. Si un gobierno central se encargara de programar y supervisar todas las actividades de los científicos y las empresas, no tendríamos ninguna de las cosas que asociamos con la vida moderna, ni antibióticos para curarnos, ni esta computadora donde escribo estas palabras. Da risa entonces escuchar al presidente Obama decir que el gobierno de los Estados Unidos debe invertir en las “tecnologías del futuro” que, según sus clarividentes asesores, van a sustituir a los combustibles fósiles.  Para reconocer la necedad de esta pretensión, basta con preguntarse si hace 20 años el gobierno le habría apostado al desarrollo de algo conocido como “iPad.”

La verdad es que no sabemos cuáles son las tecnologías del futuro. No sabemos qué nos proveerá de energía eléctrica y cuál combustible usarán nuestros automóviles. De hecho, ¡ni siquiera podemos estar seguros si en veinte años todavía usaremos energía eléctrica y automóviles! Lo que sí sabemos es que en algún lugar de algún país libre alguien está reflexionando sobre estos problemas. Algún jóven Steve Jobs está estudiando como servir mejor a las necesidades de la sociedad y, ojalá, algún capitalista ponga el dinero para hacerlo realidad. Defendamos a la libertad económica y así honraremos mejor al legado de Steve Jobs que con la más inspirada de las elegías.

Written by craguilar

octubre 6, 2011 at 11:30 am

Fin de una Era

with one comment

Los mercados suben y bajan todos los días, pero la caída de 500 puntos hoy en el DJIA (que acumulado resulta en una pérdida de 10% en 2 semanas) y la consonante caída de las bolsas de valores en todo el mundo provocan una reflexión sobre lo que está pasando ahora en el mundo.

Apenas vamos saliendo de una recesión global muy grave —el resultado de numerosos factores, siendo el principal de ellos la expansión monetaria encargada por razones políticas a la Reserva Federal para inundar el mercado de crédito y así favorecer a personas y proyectos que por su perfil de riesgo no debieron ser sujeto de crédito. Esto es lo que llamamos una burbuja de liquidez, la cual estalló estrepitosamente en el 2008.

¿Quiénes predijeron esta debacle? Los economistas de la escuela austriaca. El presidente de Pacific Capital y adherente a esta escuela, Peter Schiff, le dijo a Arthur Laffer en un debate del 2006 que no pasarían 2 años sin que se sufriera una terrible recesión, así:

Cuando veas a la bolsa de valores caer y la burbuja de bienes raíces estallar, toda esa falsa riqueza se va a evaporar y lo único que quedará es la deuda que hemos acumulado con extranjeros.

El congresista Ron Paul —otro “austriaco”— advirtió en el 2003 sobre las tristemente recordadas Fannie Mae y Freddie Mac:

Irónicamente, al transferir el riesgo de un impago de crédito a gran escala, el gobierno ha incrementado la probabilidad de un doloroso desplome en el mercado inmobiliario. Como todas las burbujas creadas artificialmente, el auge inmobiliario no puede durar para siempre. Cuando los precios de las casas caigan, los dueños experimentarán grandes dificultades porque su patrimonio desaparecerá. Entre más personas inviertan en este mercado, mayores los efectos que ocurrirán en toda la economía cuando la burbuja estalle. Hasta el presidente de la Fed Greenspan ha expresado su preocupación por los subsidios gubernamentales que hacen que los inversionistas subestimen el riesgo subyacente a Freddie y Fannie.

Años después, cuando le preguntaron a Ron Paul cómo había predicho con tanta exactitud la extensión y la causa de la crisis, respondió que leyendo a “Mises, Hayek, Rothbard y Sennholz” —difuntos economistas de la escuela austriaca.

Si los austriacos tuvieron la razón entonces, ¿por qué no se les escucha ahora? Deberíamos estar saliendo de esa recesión pero en vez de eso pareciera que estamos cayendo en otra nueva, porque algunos gobiernos están haciendo exactamente lo mismo que nos condujo al abismo la primera vez: la fórmula keynesiana de un gobierno activista que gasta liberalmente con dinero inventado. Están intentando inflar otra burbuja de liquidez. La Reserva Federal ya ha inyectado trillones de dólares a la economía a través de compra de títulos de deuda. Al mismo tiempo el gobierno de los Estados Unidos impuso un paquete de “estímulo” de casi un trillón de dólares que lo único que ha logrado estimular es el desempleo.

El problema es que las tácticas keynesianas funcionan en el corto plazo si y solo si gozan de credibilidad porque no son más que un juego de expectativas. Pero ahora el mercado ya no cree que imprimir billetes sea crear riqueza. Los perros no se están comiendo la comida para perros. El mal sabor de la última porción sigue en sus paladares. Es imposible inflar una burbuja reventada.

Los electores están hastiados de los déficits fiscales y promesas imposibles de cumplir. En Europa y los Estados Unidos el clima político se ha volcado en contra del despilfarro. En Grecia ha quedado más que claro que consumir no es lo mismo que producir. Grecia es un país de pobres que vivían como ricos con dinero prestado. Al final del festín llega la factura pero todos los comensales quieren ser invitados. No se puede.

En esencia, lo que estamos viviendo es el fin de la era del Estado Benefactor. Esa gran idea del siglo XX, que Bastiat llamó con característica sabiduría “la ficción de que todos pueden vivir a costillas de todos los demás”, está chocando contra dos fenómenos físicos e ineludibles: la naturaleza humana y la escasez. Con mucho dolor estamos regresando al paradigma del siglo XIX: trabajo+ahorro=riqueza.

Esa es la respuesta a la pregunta de por qué no le hicimos caso a los austriacos; porque seguir su receta es demasiado doloroso. Es comprensible por qué quisimos inventar un esquema que sometiera las fuerzas impersonales del mercado a designios sentimentales. Es difícil explicarle a alguien que perderá sus ingresos porque la empresa en la que labora ya no es competitiva. Por eso es comprensible que el gobierno de los Estados Unidos haya dilapidado miles de millones de dólares en rescatar a empresas de automóviles que nadie quiere comprar pero que emplean a miles de sindicalistas con niveles de vida muy superiores a sus pares en otros países. Pero como canta José José: “uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser.”

Lo que “puede ser” en nuestro caso es una recesión real, donde se deje pasar lo que Schumpeter llamó destrucción creativa: quiebre de empresas y reasignación eficiente de recursos para que a través de la vieja fórmula de trabajo y ahorro se genere la riqueza necesaria para hacer crecer la economía real y el nivel de vida de las personas. Inflando burbujas solo conseguiremos más estallidos.

Written by craguilar

agosto 4, 2011 at 4:58 pm

Impuesto de Seguridad

leave a comment »

Hillary Clinton vino —como tantos burócratas itinerantes que la precedieron y tantos otros que la sucederán— a exigir que paguemos más impuestos. Su objetivo es que financiemos la Guerra Contra Las Drogas® que su país inventó. Para mí es un misterio el por qué deberíamos prestarnos a sacrificar sangre y riqueza a la causa de impedir el flujo de productos que no producimos ni consumimos. Supongo que tiene relación con los miles de millones que el Tío Sam reparte entre la corruptela local bajo el rubro de combate al narcotráfico.

Pero como al Tío Sam ahora le salen palomillas de los bolsillos, la Secretaria de Estado elogia la iniciativa del presidente de El Salvador, Mauricio Funes, de crear un Impuesto de Seguridad®. Se trata entonces de que no sólo peleemos sino que financiemos la mentada guerra de Sísifo. Sin embargo, la demanda de seguridad del pueblo centroamericano tiene menos que ver con la confiscación de drogas destinadas a norteamericanos, y más con la seguridad ciudadana; es decir, con la defensa de la vida y la propiedad de los ciudadanos. Esta es la seguridad que los presidentes dicen se prestará una vez se cobre el antonomásico tributo, mas no antes.

Ahora bien, si para que el Estado cumpla algo tan fundamental se requiere de un nuevo impuesto dedicado singularmente a ese propósito, ¿para qué pagamos los demás impuestos? Si no es procurar la seguridad, entonces, ¿cuál es la justificación del IVA y el Impuesto sobre la Renta? La primera responsabilidad del gobierno es garantizar la vida y la propiedad de los ciudadanos, pero aquí estamos hasta el 2011 inventando un nuevo impuesto para cumplirla.

Si hoy piden un impuesto de seguridad, no tardarán en pedir un nuevo impuesto de salud, educación, infraestructura, protección del medio ambiente, y cuanta causa social el gobierno haya desatendido por dilapidar los ingresos regulares en corrupción, prebendas (“derechos sociales”) y el mantenimiento de un sector público que es tan extendido como inútil. Sería mejor que el gobierno recortara sus funciones a lo esencial, ordenara su gasto como corresponde, y dejara que el sector privado haga el resto.

“No hay arte que los gobernantes aprendan más rápido que extraer dinero de los ciudadanos”, decía Adam Smith. Usar el poder coactivo del gobierno para despojar de recursos a los agentes productivos es muy fácil, pero no así administrarlos. Nuestros gobiernos nunca han recaudado ni gastado tanto como ahora, pero la delincuencia está peor que nunca. Si existiera una correlación entre recaudación fiscal y seguridad, entonces tendríamos más seguridad hoy que en el pasado, pero la realidad es lo opuesto. Donde sí hay correlación es con el crecimiento económico, sólo que negativa, lo cual no sorprende a cualquiera con alguna instrucción económica: siendo todo lo demás constante, entre mayor la tasa impositiva, menor es el incentivo a invertir. El modelo ofrecido por Hillary Clinton (El Salvador bajo el FMLN) es también el país con menor crecimiento económico e inversión en la región.

Written by craguilar

junio 24, 2011 at 7:01 pm

Alemania le da la espalda a la ciencia

with one comment

Todos tenemos la idea de los alemanes como gente profundamente comprometida con la ingeniería y la ciencia. No podría ser de otra forma para el país que vio nacer a Gutenberg (Johanes el de la imprenta, no Steve de las Police Academy), Rudolf Diesel y Albert Einstein, por mencionar solo a tres. Así que es una triste sorpresa enterarse de que el gobierno alemán ha decidido darle la espalda a la ciencia, prohibiendo para siempre la fuente de energía más avanzada tecnológicamente.

La excusa es Fukushima, pero Fukushima fue una excepción —una planta de diseño obsoleto situada en un lugar propenso a desastres naturales. Esta planta es de “segunda generación”, mientras que las plantas que actualmente se construyen son de “cuarta generación” y tienen sistemas redundantes de enfriamiento que, de haber existido en Fukushima, habrían prevenido completamente la crisis. Una crisis libre de fatalidades, sea dicho de paso. No se ha confirmado la muerte de una sola persona como consecuencia de ese evento. Hasta a la peor catástrofe nuclear en  la historia (Chernobyl) no se le pudieron atribuir más de 100 muertes, y esta fue protagonizada por un dinosario soviético que ni siquiera contaba con una estructura de contención, lo cual sería impensable ahora.

Por supuesto que hasta una muerte es una tragedia, pero comparado con otras fuentes de energía, la nuclear es extremadamente segura. La energía eólica, por ejemplo, favorita de los ambientalistas, ha provocado más de 35 muertes en los Estados Unidos en los últimos 30 años mientras que la nuclear no ha provocado ni una. Y las plantas nucleares producen más de 10 veces la cantidad de energía que las turbinas eólicas.

¿Es la energía nuclear totalmente segura? Por supuesto que no. Nada es completamente seguro en la vida. Más de mil personas mueren cada año en accidentes aéreos. ¿Dejamos de volar por eso?

Países como Francia y Gran Bretaña, que no están tan subyugados por los ecohistéricos, construirán más plantas nucleares y de esa forma le darán a sus ciudadanos energía más barata y confiable. Pobrecitos los alemanes que tendrán que conformarse con electricidad cara e insegura. Ese es el precio que se paga por supeditar el sobrio análisis costo-beneficio que requieren estas decisiones a la demanda de grupitos con agendas políticas.

Esta situación me recuerda a una respuesta que Milton Friedman le dio a un estudiante que le increpó que las decisiones que se toman en el mercado libre le ponen un precio a la vida humana. No, le explica el famoso economista, el precio de la seguridad es una realidad ineludible en un mundo de escasez y se requeriría de recursos infinitos para garantizar seguridad absoluta.

Written by craguilar

mayo 31, 2011 at 12:43 pm

Publicado en Economía

Tagged with , , ,