Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Cría Cuervos…

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“…y te sacarán los ojos.”  Esta es una lección que el presidente Otto Pérez está aprendiendo (o debería) ahora que los “estudiantes normalistas” —aquellos que por la fuerza tomaron establecimientos públicos y cerraron calles— se rehusan a abandonar las medidas de hecho, luego de aprender que con este gobierno, como con los anteriores, la forma más rápida de conseguir un puesto en la mesa de negociación es cometiendo actos violentos.

Los inconformes ahora están agregando “peticiones” al acuerdo original. Y, ¿por qué no? Ante un gobierno débil e incapaz de hacer valer su autoridad, lo razonable es exigir más y más y más. Me pregunto cuántas veces tienen que estrellarse los gobernantes con la realidad de que es imposible negociar con antisociales, y que tratar de hacerlo solo invita más violencia, y que otorgar concesiones sólo estimula más exigencias (porque el antisocial por su naturaleza es insaciable), antes de que concluyan que esta es una estrategia que conduce al caos y por consiguiente al descrédito político ante las mayorías que claman por ley y por orden.

Que se reprima la violencia ilegítima de grupitos de interés, siempre y en todas partes. No me canso de decirlo: este país necesita más represión, no menos. Más represión en las colinas, en las calles, en los campos, en los centros educativos, en las aldeas y en las ciudades. Necesitamos más policías y cárceles y porras y estallidos de bombas lacrimógena en contra de esas minorías abusivas que tienen de rodillas a la gente decente de este país. Lamentablemente, dura es la medicina que requiere un pueblo avieso, extraviado por décadas de partidocracia corrupta y la proliferación de activistas de “derechos humanos” dedicados a consentir criminales, y una actitud general de complacencia con el desorden y la ley de la selva. Reprimir al antisocial es liberar al ciudadano honrado, y solo eso ya es progreso. Entre más temprano entiendan esto los políticos, más rápido podrá salir este país del pantano tercermundista en el que se encuentra.

Que mejor lugar para empezar que con estos cuervos “normalistas.”

Written by craguilar

junio 14, 2012 at 11:47 am

Un Semblante de Orden

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Durante el lamentable mandato de Álvaro Colom, la forma más segura y rápida de conseguir algo del gobierno era a través de la violencia. En ese momento era evidente para cualquier persona pensante que acceder a las demandas de los violentos era invitar a más violencia, independientemente de los méritos de las demandas. Es simple naturaleza humana —si recompensas un comportamiento, consigues más de él.

Así que es un cambio bienvenido que el presidente Otto Pérez esté desoyendo a los apologistas del desorden y empiece a responder a la violencia ilegítima de los inconformes con la violencia legítima del Estado. Por mucho tiempo se ha asustado en este país con el “petate del muerto” de la Guerra, que sigue ofendiendo las sensibilidades de comunistas nostálgicos y que desarma y postra pasivamente a las fuerzas de seguridad frente al actuar antisocial de pequeños grupos de interés.

Hoy en Guatemala, ese grupo de interés consiste de estudiantes normalistas que se oponen a cambios sobre la carrera de magisterio, o alguna otra nimiedad que a nadie más que a ellos le importa. Pero como afecta sus intereses, creen que en su derecho está cerrar calles importantes y atacar policías para presionar al gobierno a hacer la voluntad de ellos.

Los apologistas de esta locura provienen de los lugares usuales: facultades de humanidades de universidades izquierdistas y burócratas de derechos humanos. Carlos Aldana de la USAC dijo: “los universitarios se suman a la lucha ciudadana de los estudiantes normalistas. Equivocados o no, esto no es relevante ahora. Queremos que las autoridades demuestren tolerancia y diálogo. Desde hace dos semanas hemos pedido un diálogo serio, y no hay respuesta.”

Estoy medio de acuerdo con el Sr. Aldana. Efectivamente, que estén equivocados o no es irrelevante. Es tan irrelevante que no justifica semejante zafarrancho. Antes de pedir tolerancia y diálogo de las autoridades, debe pedirlo de sus “estudiantes” que están violentando el derecho a libre locomoción de la mayor parte de la ciudadanía y tratando de prenderle fuego a los policías. No se puede exigir diálogo con un coctel Molotov en la mano. Que renuncien definitivamente a cualquier tipo de violencia y después pidan diálogo, el cual de cualquier forma no están en derecho de exigir, porque vivimos en una democracia donde las decisiones políticas se toman en las urnas —al elegir a nuestros representantes electos— y no a través de un plebiscito permanente.

Por el bien común, mientras los inconformes no cesen la violencia en contra de sus conciudadanos, el gobierno debe seguir aplicando la represión, cada vez más intensa, para restaurar el orden en la nación. De lo contrario, su gobierno va a ser una degeneración a la barbarie como el del mal recordado Colom.

Written by craguilar

junio 7, 2012 at 11:04 am

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La Rehabilitación es Secundaria

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50% de los reos reinciden al salir de prisión, según esto. De 1,255 órdenes de libertad que el Sistema Penitenciario ha ejecutado en los primeros 4 meses de este año, 628 presidiarios volverán a delinquir.

La clase política dice que este es un problema de falta de presupuesto para reeducar a los delincuentes. Luis Alberto Pérez, director del SP, dice que necesita al menos Q12 millones al año para “rehabilitación social.” Osvaldo Samayoa, del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (ICCPG), dice que hay que pelear contra una “visión represiva y autoritaria” en las prisiones, donde se busca castigar “para quedar bien con otras personas.” (¿Preferirá este señor prisiones permisivas y democráticas?) Sandino Asturias, del Centro de Estudios de Guatemala (CEG), expresa que si “nuestro sistema penal lo que hace es meter a la cárcel a la gente y esta no sale mejor que como entró, entonces ¿para qué los estamos encerrando?”.

Qué le parece esta respuesta, Sr. Asturias: para que no sigan delinquiendo. La razón por la que metemos delincuentes a la cárcel no es para tratar de infundirles valores que no consiguieron en su hogar, sino para hacer justicia y librar a la sociedad del daño que ellos causan. La cárcel no es un sustituto del hogar —el único lugar donde las personas forman su carácter— ni puede aspirar a serlo. No con Q12 millones ni con Q1,200 millones. Hay muchos estudios que demuestran que, incluso en países con vastos presupuestos para reformar el carácter de los reos, la reincidencia es la regla y no la excepción. No se necesita ser sociólogo para reconocer la sabiduría en el dicho que dice “árbol que nace torcido jamás su rama endereza.”

Si no podemos enderezarlos, al menos deberíamos aislarlos para que dejen de hacerle daño a otras personas. Lastimosamente en Guatemala las cárceles tienen puertas revolventes, donde delitos graves como extorsión y asesinato reciben penas risibles, conmutables y recortadas a la mitad por “buena conducta.” Los “expertos” que he citado arriba aparentemente creen que la cárcel es una especie de instituto donde en 5 años puede extraerse del criminal la propensión delictiva. En realidad son universidades del crimen, desde donde se organizan secuestros, extorsiones, y se amplían las redes que los delincuentes usan para hacerse más efectivos.

El caso del pandillero Smiley es ilustrativo:

El Smiley tiene un amplio historial delictivo. A los 18 años llegó a ser jefe de una célula de la Mara 18, en la colonia Primero de Julio, zona 5 de Mixco, después de que algunos de sus cabecillas fueron asesinados o enviados a prisión.
Las investigaciones de la unidad antimaras de la Policía Nacional Civil (PNC) dan cuenta que creció en el sector denominado La Isla, de la referida colonia.
Fue expulsado del instituto donde cursó primero básico, porque fue descubierto cuando ingresaba drogas y armas. Además, con frecuencia extorsionaba a sus compañeros.
En julio del 2005 fue ingresado en el centro correccional Las Gaviotas, sindicado, junto a otros cuatro pandilleros, de haber matado a una menor.
Un mes después de haber ingresado en el correccional, atacó, junto con otros antisociales, a seis integrantes de una mara rival. Luego del ataque murieron Melvin Medrano Ortiz y Edwin Adalberto Sacrab Xol. Por ese doble crimen, el Smiley fue enviado al Centro de Detención Preventiva Pavoncito, en Fraijanes. Después de que fue condenado a cinco años y seis meses de cárcel por el Tribunal Décimo de Sentencia, fue enviado a la cárcel de Chimaltenango, desde donde se dedicó a efectuar extorsiones.
En noviembre del 2008 solicitó la redención de penas por trabajo y buena conducta, y porque ya había cumplido la mitad de la condena de prisión.
El 18 de diciembre del 2008 salió de prisión y tomó el control en la colonia Primero de Julio. Durante un mes, el Smiley se refugió en una de las casas del sector y empezó a reclutar a jóvenes para fortalecer su poder.
La célula de este pandillero mantuvo amedrentados a los habitantes de las colonias Primero de Julio, La Florida, Carolingia y San Francisco, según investigadores.

Los “expertos” dirían que este caso ejemplifica la falta de recursos para rehabilitación. La gente con sentido común diría que lo que ejemplifica es la blandura de un sistema judicial y penitenciario que trata a asesinos como si fueran niños traviesos. Necesitamos condenas seguras, penas más severas (especialmente en casos de reincidencia) y cárceles que aislen efectivamente a psicópatas incorregibles como Smiley.

Written by craguilar

mayo 7, 2012 at 11:43 am

La Viga en el Ojo Propio

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En principio, la iniciativa de Otto Pérez es loable. Sin embargo, su estrategia revela que lo que realmente busca es extraer concesiones de los Estados Unidos (en la forma de dinero y levantamiento de la restricción para vendernos armamento), no lograr la despenalización. Si lo que quisiera es despenalizar el narcotráfico en Guatemala, el cabildeo lo estaría haciendo en el Congreso y no con otros gobiernos. No he escuchado todavía un solo argumento convincente de por qué esta acción debe tomarse “en bloque” en vez de unilateralmente.

Pérez sabe perfectamente bien que los Estados Unidos no va a despenalizar la droga ni se mostrará anuente a que lo hagamos en Centroamérica. Mr. Brownfield puede tratar de taparle el ojo al macho con vaporosas alusiones a “análisis del concepto”, pero la realidad es que la evidencia científica importa poco para el político estadounidense. En ese país se hace lo que quiere el electorado. Y los votantes gringos, en su mayoría, quieren prohibición. Hasta un estado tan liberal como California no ha logrado aprobar referendos que legalizan la marihuana. Ningún candidato viable—Demócrata o Republicano— ha hecho de la despenalización una propuesta de campaña. Sólo Gary Johnson y Ron Paul —dos figuras tristemente marginalizadas— se han atrevido a tocar el tema, sin que por ello salgan de la cola de las encuestas.

Y la razón por la que los estadounidenses quieren prohibición es muy sencilla: porque no ven los costos. Los costos los vemos aquí, en Centroamérica y en México, todos los días, en los periódicos. La única forma de enlistar a más estadounidenses en la causa de la despenalización es trasladar las matanzas de Petén y Juárez a Chicago y Nueva York. Cuando ellos vean claramente el paralelo entre Al Capone y los capos modernos, no podrán escapar la misma conclusión a la que nosotros hemos llegado.

Por lo tanto, la forma de convencer a los estadounidenses no es platicando con Mr. Brownfield, ni con Mr. Biden, ni con la señora Clinton, ni con el mismísimo Obama. La única forma de ponerlos en nuestro equipo es regalándoles un día en la vida de un chapín o un mexicano. Y eso lo logramos despenalizando, aquí y ahora, y dejando que los narcos encuentren resistencia más al Norte, donde consumen su basura. Si Otto Pérez realmente cree en lo que dice, entonces hará lo consecuente y promoverá la despenalización en el único país que preside.

 

Written by craguilar

marzo 29, 2012 at 4:38 pm

Servilismo Funesto

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Según los medios, en la cumbre convocada por Otto Pérez en Antigua Guatemala para discutir nuevas formas de lidiar con el narcotráfico, el presidente salvadoreño Mauricio Funes le acarreó el agua al Tío Sam, haciendo las llamadas a sus colegas centroamericanos para advertirles que, de asistir a la cumbre, los gringos “no harían los desembolsos de créditos y donaciones previstos para septiembre.”

De ser un líder regional, aquel país donde José Matías Delgado, Nicolás Aguilar, Juan Manuel Rodríguez y Manuel José Arce dieron el primer grito de Independencia, El Salvador se ha vuelto en un lacayo de intereses foráneos, un peón confiable que vende su soberanía por permisos temporales de trabajo y donaciones gubernamentales. ¡Qué vergüenza!

¿Qué no se supone que el FMLN (el partido al que pertenece Funes) era un baluarte en contra del imperialismo yanqui?  ¿Qué sentido tiene para nuestros pueblos persistir en un curso de acción que durante décadas sólo ha generado muerte, gasto y corrupción, sin que por ello se logre reducir de modo apreciable el tránsito y consumo de drogas en el hemisferio? ¿Qué responsabilidad tenemos los centroamericanos de evitarles a los estadounidenses la oportunidad de encarar las consecuencias violentas de su política prohibicionista en sus propias ciudades? La respuesta a estas preguntas es un lamentable recordatorio de la falta de patriotismo y corrupción de nuestra clase política. No hay compromiso histórico ni conjunto de ideales, ni evidencia científica alguna que les haga olvidar el dulce sabor del soborno.

Written by craguilar

marzo 27, 2012 at 4:24 pm

Mensaje a Prensa Libre: cuando estás en un hoyo, deja de cavar

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Así que el editorialista de Prensa Libre pasó de exigir que cortaran cabezas en la Cancillería (“deducir responsabilidades”) por la supuesta indiscreción de promover un debate sobre la despenalización, a admitir que el objetivo de “colocar el tema sobre la mesa” fue cumplido, a luego admitir implícitamente que, cuando menos, los Estados Unidos ya estaría dispuesto a discutir medidas concretas para ayudar al país a pelear la guerra. En otras palabras, la iniciativa de Otto Pérez significará cosas buenas para Guatemala y el mundo, o lo que generalmente llamamos “un éxito.”

Sin embargo, Prensa Libre, empeñada en demostrar “poca sagacidad” de la Cancillería, insiste en enterrarse en su trinchera de lo absurdo afirmando que dicha discusión debe hacerse “en grupo, no en soledad, porque nadie tendrá la valentía política de representar el tema.” Ah sí, la marca de la valentía política: representar la posición del grupo.

Nunca en la historia se ha logrado algo nuevo buscando el consenso. Por definición, romper paradigmas implica desafiar la opinión predominante. Ser líder significa salirse del rebaño y trazar un rumbo distinto. Prensa Libre no sabe o no dice si la Cancillería buscó el apoyo de otras naciones centroamericanas antes de hacer pública su postura, pero ¿acaso la negativa en privado de los vecinos obliga a Guatemala a renunciar a su iniciativa antes de que vea la luz del día? Sí, dice Prensa Libre, y a eso le llama “valentía política.”

Cavando más profundo en el pozo de la contradicción, el editorial dice que debe escucharse “el pensamiento de la mayoría de la población.” No estoy en desacuerdo. En una república democrática y soberana, rige la voluntad del pueblo. Pero Prensa Libre también dice “si no hay aliados, Guatemala no tiene más remedio que disponerse al choque frontal derivado de la decisión de pelear la guerra como se hace ahora.” ¿Cuál es entonces, señores? ¿La voluntad soberana del pueblo de Guatemala o lo que decidan los “aliados”?

Written by craguilar

marzo 15, 2012 at 11:57 am

If it’s broken, don’t fix it

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Ese es el mensaje que Joe Biden trajo del gobierno de los Estados Unidos. Decenas de miles de muertos en la región debido a la Guerra contra las Drogas, nuestras instituciones terminalmente corrompidas por los narcodólares, y el consumo sigue creciendo a pesar del asedio constante de la propaganda oficial. (Vean las gráficas de las páginas 16 a 19 en el link anterior.)

¿Cuál es la respuesta de Estados Unidos? Nada, todo está de maravilla. Get back to work.

Los lacayos centroamericanos (Mauricio Funes, especialmente) que se opusieron a la iniciativa de Otto Pérez quizá pensaron que podían sacarle unos dolaritos más al Tío Sam a cambio de seguir sacrificando a nuestra gente en una guerra perdida. Not so fast, replicó el gringo. Nos hizo la siguiente contrapuesta: ustedes sigan gastando su escaso presupuesto en interceptar droga que viene para Estados Unidos porque nosotros no queremos gastar en decomisarla acá, y sigan muriéndose para evitarnos las balaceras en nuestras propias calles, y nosotros seguiremos poniendo $1 por cada $3 que ponen ustedes.

Thank you sir, may I have another?

Tan absurda es la posición de nuestros amos del Norte como la de los caciques locales quienes, tan corruptos como incongruentes, ahora proponen huevos tibios como lo es despenalizar el consumo mas no la producción y el trasiego. ¿Cómo funcionaría esto exactamente? Así que decidimos que el consumo no es un acto violento y por lo tanto no debe ser penado por la ley, ¿pero la libre compraventa que posibilita el consumo sí lo es? Por otro lado, si lo que queremos es reducir la violencia y la corrupción no hace sentido alguno resolver el problema del consumo local, el cual es un porcentaje ínfimo del negocio que pasa por aquí. El problema es el 90 y pico porciento que va encaminado al gran mercado estadounidense —allí está el pisto, la muerte y los incentivos para corromper. Si no hacemos algo para resolver eso, mejor no hagamos nada.

Written by craguilar

marzo 7, 2012 at 12:56 pm