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Representatividad

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Circulando entre las iniciativas de reforma a la Constitución, hay algunas que imponen cuotas de participación política conforme a criterios de sexo y grupo étnico. Prescribe una que los listados de candidatos no podrán inscribirse si no se alternan hombres y mujeres. Grupos indigenistas exigen algo similar, demandando un ejercicio previo de clasificación racial al mejor estilo Nazi —que el DPI especifique a cuál grupo étnico pertenece el portador y por consiguiente a qué privilegios exclusivos tiene acceso. Aunque parezca chiste, se asoma también una iniciativa que impone cuotas para “jóvenes”, porque los jóvenes son la mayoría de la población y el Congreso no sería representativo si no comparte su proporción demográfica.

Todo esto es, por supuesto, aberrante y ridículo, y el solo hecho que el Congreso de la República lo esté considerando es una prueba más de la depravidad ideológica e ignorancia de nuestra clase gobernante. En el fondo yace una perniciosa idea que ya he tratado en este blog: que los aspectos hereditarios y biológicos de la identidad confieren representatividad política. La verdad es que el sexo, el color de la piel y la edad no tienen incidencia alguna en la capacidad de representar en el gobierno las ideas e intereses de la comunidad que elige.

Políticamente, una mujer puede ser tan capaz de representar a los hombres que un hombre. Decir lo contrario es machismo del más puro, porque la implicación es que las mujeres son incapaces de pensar como hombres o de gobernar en beneficio de estos. Un indígena es perfectamente capaz de representar los intereses de su comunidad aunque esta sea principalmente de ladinos, y negarlo es racismo porque es lo mismo que negar la capacidad de un indígena de pensar como cualquier otra persona y trascender los confines de su etnicidad.

Hay indígenas socialistas y hay indígenas libertarios. ¿Cómo puede afirmarse que los dos representan igualmente a la comunidad indígena, si sostienen ideas polarmente opuestas sobre cómo gobernar? Y si no hay un “pensar” monolítico entre la población indígena sino una multitud de ideas que se traslapan con la de otros grupos étnicos, ¿qué sentido tiene tomar en consideración criterios étnicos cuando lo que se busca es afinidad de ideas?

Indiscutible que hay una crisis de representatividad en el Congreso, pero no tiene nada que ver con sexo o raza. El problema es un sistema electoral que libra a los políticos de responsabilidad ante la comunidad que supuestamente representan. La culpabilidad radica en los famosos listados nacionales. Bajo este sistema, una comunidad vota no por candidatos sino por banderas, y como los candidatos no están atados a la bandera, el votante al final solo puede castigar banderas (de allí que los partidos políticos desaparecen tan rápido), pero no puede castigar a los candidatos/diputados que se dispersan como cucarachas a otras banderas.

Si se quiere mejorar la representatividad, la solución va por cambiar el sistema electoral a uno donde el diputado electo esté obligado a rendirle cuentas a su comunidad independientemente del partido al que pertenece. Un sistema de votación uninominal por distritos es una buena forma de conseguirlo.

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Written by craguilar

agosto 6, 2012 at 11:22 am

Un Cambio

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ProReforma va rumbo a la gaveta del Congreso, donde dormirá el sueño de los justos. Es una lástima, porque representaba un cambio positivo aunque insuficiente para superar nuestra cultura de pobreza. Si tener un senado limitara la arbitrariedad de los gobernantes, entonces Argentina no padecería las extravagancias de la Botox Evita. Que lindo sería que con una buena constitución política lográramos superar lo fraguado por siglos de holgazanería e ignorancia, pero no es más que una linda fantasía.

Era un buen comienzo, al menos para cambiar los incentivos de un sistema que premia el desfalco y la mendacidad. Siento algo de pena por los izquierdistas que se autocongratulan por haber contribuido a su derrota, como este columnista. Opinar a favor del status quo es un oficio deshonroso en un país con tantos problemas. No, señor Velázquez, no es Hayek quien fracasó, sino Guatemala. Otra vez.

Los promotores de Proreforma deberían enfocarse ahora en un cambio más modesto: cambiar el sistema de elección de diputados. Actualmente la gente vota por listados – por marcas, realmente, que identifican a las bandas de mercenarios que asaltan al país desde el Congreso. Cada diputado supuestamente representa a todos los guatemaltecos, que es lo mismo que decir que no representa a nadie y no le rinde cuentas a alguien fuera de la jerarquía de su banda. Una vez desgastada la marca que lo llevó al poder por los actos de corrupción, empieza la búsqueda promiscua de un puesto en el listado de cualquier otro partido con buenas posibilidades en los próximos comicios.

Los tránsfugas no la tendrían tan fácil si las elecciones fueran uninominales; es decir, si los votantes eligieran entre personas en vez de listados. Cada partido propondría a un candidato para cada municipio y los votantes de cada municipio escogerían a uno de ellos para que los representara en el Congreso. Así al menos tendría sentido lo de los “gastos de representación” — los diputados realmente tendrían que viajar a sus municipios a conocer las necesidades y escuchar las quejas de sus representados. Los votantes se enterarían si es su representante quien incumplió su mandato o traicionó los principios del partido que lo postuló, y cobrarían la factura política correspondiente. En suma, finalmente habría algo de responsabilidad en el Congreso.

Written by craguilar

febrero 25, 2010 at 9:21 pm