Nueva América Central

Todo empieza en nuestras mentes

Posts Tagged ‘violencia

Totonicapán

leave a comment »

Falacia que anda circulando por lo de Toto: el derecho a la vida es más importante que el derecho a la libre locomoción; por lo tanto no se justifica matar gente para despejar carreteras. QED.

El problema con este razonamiento es que ignora que el Estado de Derecho implica, en última instancia, la posibilidad de aplicar fuerza letal. No es que los agentes de seguridad lleguen con la intención de matar, sino que es el último recurso que el gobierno tiene para aplicar la ley, cualquier ley. Si la fuerza letal no estuviera sobre la mesa, entonces la ley carecería de poder coactivo porque el delincuente siempre podría evadir cumplimiento interponiendo su propia vida. Bajo este concepto no sería permisible dispararle a un asaltante de bancos (porque “el derecho a la vida es más importante que el de propiedad”), ni tampoco dispararle a un reo que se escapa de prisión donde está por defraudación al fisco (porque “el derecho a la vida es más importante que la obligación tributaria”), etc. Cuando un agente de seguridad en cumplimiento de su deber es enfrentado con violencia (como fue el caso de Totonicapán) —sea para liberar carreteras o para detener un robo— su obligación es responder del mismo modo. De lo contrario, cualquiera podría violar la ley a sabiendas que dispersaría a las fuerzas de seguridad tan pronto sacara un arma o pusiera su propia vida en juego.

Anuncios

Written by craguilar

octubre 5, 2012 at 1:30 pm

Publicado en Política

Tagged with , ,

Aclarando Conceptos

leave a comment »

En este blog se escribe sobre la ecuación Sistema=Cultura=Personas. El sistema está mal porque la cultura está mal, y la cultura está mal porque los individuos carecen de los principios y valores correctos. Mucho del análisis que encontramos en los medios se enfoca en el sistema (violencia, corrupción, ineficiencia), pero no profundiza en las causas. El sistema no puede cambiarse sin cambiar la cultura de la gente. Este es el atolladero infranqueable donde se atascan propuestas como ProReforma, que parten de la pretensión ingenua que un sistema político derivado de una cultura generalizada de corrupción puede acabar con la corrupción.

Aun si no es posible que el gobierno reforme a la cultura —por lo que cualquier proyecto verticalista de “reformar” al país está condenado al fracaso—, es perfectamente posible para un gobierno tomar medidas concretas que repriman aquellas conductas más destructivas exhibidas por algunos segmentos de la población. ¿Cómo sabemos que se puede? Porque lo vemos en nuestros migrantes quienes, al llegar a otro país donde el gobierno reprime efectivamente al comportamiento antisocial, empiezan a comportarse de modo distinto.

En Centroamérica, el centroamericano tira basura a la calle desde sus vehículos. Pero en Estados Unidos, no lo hace porque sabe que de hacerlo existe una alta probabilidad de que le impongan una multa. Si no paga la multa, perderá su licencia de conducir. Y si conduce sin licencia se va a la cárcel.

En Centroamérica, el centroamericano toma calles y destruye propiedad ajena para manifestarse. Pero cuando llega a Estados Unidos, se abstiene porque sabe que de exhibir semejante comportamiento se hará acreedor de una golpiza y una estadía en la cárcel.

Lo interesante de estos ejemplos es que la diferencia no son los principios de los individuos (quienes provienen de la misma cultura) sino de la expectativa de represión gubernamental. Les guste o no, tienen que convertirse en mejores ciudadanos. Podría argumentarse que es imposible que una sociedad como la nuestra —amante del desorden— elija a un gobierno dispuesto a imponer el orden. Pero yo no creo que sea tan difícil, en tanto la mayoría clama por orden aun cuando sus acciones muchas veces reflejan lo contrario. Es posible, aun si improbable, que un gobierno decida darle al pueblo que lo eligió la dura medicina que necesita para civilizarse.

El primer paso que necesitamos dar para conseguirla es depurar nuestro idioma de conceptos erróneos —palabritas mágicas— productos de la pereza intelectual y la viveza de los políticos que lucran con la confusión. A continuación algunos ejemplos:

Represión:  un concepto que en nuestros países asociamos con la soldadesca pateando a manifestantes pacíficos. No es ilógico que así sea considerando nuestra historia de dictaduras militares y sus flagrantes violaciones a los derechos humanos.

Sin embargo, la represión es también la función central de cualquier gobierno. Recuérdese que el principio fundamental de una sociedad libre es que los individuos pueden hacer todo aquello que la ley no prohibe. Por consiguiente, todo lo que no está prohibido por la ley compete a los individuos, mientras que todo lo que está prohibido compete al gobierno. El gobierno es por su naturaleza prohibicionista; está allí para evitar que los individuos hagan ciertas cosas, y evitar que alguien haga algo que desea hacer necesariamente implica reprimir sus impulsos o sus actos.

Violencia: popularmente considerado algo malo en sí mismo, independientemente de su origen, que consiste en herir a otra persona.

En realidad, la violencia en sí misma no es mala. Violencia (no diálogo, ver abajo) fue lo que liberó a Europa de los Nazis. La violencia o la amenaza de la violencia es lo que mantiene a la delincuencia bajo control. No es por nada que los policías andan con pistolas y no con animalitos de globo para los niños.

La violencia es mala cuando se origina en contra de un ente pacífico. La violencia de Hitler en contra de Polonia fue mala, no por ser violenta, sino por ser un ataque con fines ilegítimos en contra de una población pacífica. La violencia con que respondieron los Aliados fue buena precisamente porque su objetivo fue poner fin a la violencia ilegítima de los ejércitos del Führer. Quien diga que “la violencia no resuelve nada” simplemente no ha razonado correctamente.

Curiosamente, quienes se llenan la boca con este aforismo suelen ser las mismas personas que defienden actos de violencia de sus ahijados políticos. Considere quienes defienden a los manifestantes que cierran calles con piedras. Ellos le venden la idea de que la violencia consiste solamente de agredir físicamente a alguien, así que la violencia aparece solo cuando la policía desaloja a los manifestantes. En realidad, la violencia se originó al cerrar una vía pública que otras personas necesitan usar. Si usted transita por esa calle, los manifestantes le negarán el paso y si usted trata por su cuenta levantar las piedras, esto le será físicamente impedido por los manifestantes. Al final, la única forma en que una manifestación “pacífica” de este tipo puede sostenerse es a través de la amenaza o la ejecución de actos violentos en contra de quienes desean pasar.

Diálogo: se cree que es algo intrínsicamente bueno, propio de la democracia (ver abajo), a través del cual deben resolverse todos los conflictos sin importar el costo.

La verdad es que el diálogo es uno de muchos mecanismos para resolver disputas, y no siempre el indicado. El diálogo procede cuando es razonable pensar que una solución dialéctica es superior a otra que no lo es, y esto solo es posible cuando las partes que dialogan tienen la misma legitimidad, tanto moral como por su conocimiento, para aportar positivamente a la solución.

Nadie diría que es constructivo que un padre dialogue con su hijo de 2 años para “negociar” a la hora que el niño debe irse a dormir. Nadie debería proponer un diálogo entre las autoridades de una cárcel y los reos en torno a los requisitos de seguridad en la cárcel. (Aunque, increíblemente, esto pasa en nuestros países.) El niño carece del conocimiento y el reo carece de la legitimidad moral. En ambos casos, el diálogo retrasa y hace más difícil encontrar una buena solución.

Democracia: el máximo valor de nuestra sociedad; se cree que es el único sistema de gobierno moderno, bueno y apropiado para desarrollar las naciones y preservar los derechos humanos.

En realidad, la democracia no es un sistema de gobierno ni un valor moral (como la justicia lo es, digamos) sino una forma de tomar decisiones. Nuestros países no son democracias sino repúblicas. Una república susceptible a decisiones democráticas, sí, pero no una democracia pura donde la mayoría decide sobre todos los aspectos de la vida.

Una república establece (sabiamente) límites a lo que las mayorías pueden decidir en un momento determinado. Sin límites, las mayorías pueden violentar los derechos de las minorías o, en momentos de gran pasión, tomar decisiones inmorales propias de las turbas. Piénsese en El Terror después de la Revolución Francesa —este es el perfecto ejemplo de una democracia pura en acción.

Aunque nuestra república sea democrática, el ejercicio democrático es limitado en tiempo y alcance. El tiempo es aquel en que elegimos a nuestros representantes, quienes usarán su propio criterio (no el nuestro) para decidir sobre cuestiones públicas. El alcance es aquel delimitado por la Constitución. No puede el “pueblo” ni sus representantes hacer aquello que la Constitución no permite, aunque la Constitución misma puede ser modificada a través de un procedimiento que requiere más tiempo y deliberación que la aprobación de una ley ordinaria.

Recuérdese esto cada vez que una turba exija cierta decisión de algún ministro, o que una “consulta popular” dictamine que no aprueba de cierta actividad privada, o que la democracia es un fin en sí mismo cuando en realidad es solo un medio, y que como cualquier medio puede usarse para fines moralmente reprobables.

Written by craguilar

julio 4, 2012 at 12:37 pm

Publicado en Política

Tagged with , , , ,

Se Busca: Smiley y Pedro de Alvarado

with 2 comments

Si no hay capturas en el caso Rosenberg es por “la usurpación de tierras indígenas desde la Conquista.” Al menos eso cree el presidente Colom, quien expuso ayer una curiosa teoría sobre las causas de la violencia y la impunidad en Guatemala.

Hernán Cortés y Tonatiú son los precursores del delito porque robaron propiedades de indígenas y establecieron un sistema de “leyes que estuvieron saliendo para unos, abandonando a la inmensa mayoría.” De la resultante inequidad brota toda esta violencia.

Si queremos solucionar el problema debemos primero resarcir los despojos ancestrales, devolviendo sus propiedades a los indígenas o sus descendientes. Es tan sencillo como ir al registro de propiedad precolombino que mantenían los mayas. Excepto que no podemos -¿verdad?- porque jamás ha existido tal registro. El concepto de propiedad privada no existía en la civilización maya y en los asentamientos que quedaron después de su colapso (500 años antes de que llegaran los españoles.)

De hecho, una de las razones por las que la Conquista fue tan fácil para los españoles es porque miles de indígenas se unieron a su causa en contra de los únicos opresores que habían conocido hasta entonces, los nobles mayas, quienes para efectos prácticos eran los dueños de todo. ¿Sugiere Colom que el resarcimiento se haga a los descendientes de estos pocos privilegiados que esclavizaban, sacrificaban y se comían a otros indígenas?

La cuestión es absolutamente académica, por supuesto, ya que en Guatemala han transcurrido decenas de generaciones de mestizaje, haciendo imposible determinar cuál descendencia usurpó la tierra de tal descendencia. La mayoría probablemente lleva sangre tanto de usurpador como de usurpado.

En otros países, las injusticias históricas no han impedido la implantación de un estado de derecho. En los Estados Unidos, por ejemplo, los indios americanos fueron desplazados de sus tierras pero no por eso tienen tendencias criminales en el presente. Más recientemente, los japoneses fueron internados en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial pero todavía no he oído de bandas de secuestradores nipones. Los judíos en Europa fueron víctimas de robo sistemático, por no hablar de todas las demás ignominias que sufrieron bajo dominio Nazi, sin que por eso se hayan convertido en una amenaza pública.

La historia del mundo es una historia de consecutivas conquistas y superposición de unas culturas sobre otras. Antes de que los españoles desplazaran a los mayas, los mayas habían desplazado a olmecas y zapotecas. ¿Por qué Colom se enfoca en la aparente injusticia de la Conquista pero no en las injusticias cometidas entre los pueblos bárbaros de Mesoamérica? Quizá porque lo políticamente correcto es culpar al “malvado hombre blanco europeo” y no al “indio noble.”

Tampoco es congruente que el presidente critique la emisión de “leyes para algunos” cuando en la era moderna él es el máximo promotor de la legislación con dedicatoria. Hablemos del “Femicidio”, la bandera y el embajador de los Pueblos Indígenas, el “Derecho Maya.” Todos estos conceptos, promovidos por la UNE, representan un distanciamiento del espíritu republicano que considera a todos los ciudadanos iguales en dignidad y derechos. 

Si la Conquista fuera la responsable de la crisis de violencia, entonces ¿por qué no se vivió hace 20 ó 30 años? Lucas, Rios Montt y Cerezo gobernaron en el mismo país que dejaron los españoles y además lo hicieron en tiempo de guerra civil. ¿Cómo explica Colom que bajo su mandato haya incrementado la tasa de homicidios?

Written by craguilar

septiembre 5, 2009 at 10:25 am

Alarmante Negligencia

with 4 comments

A pesar de la ineptitud ejecutiva del gobierno uneísta, demostrada en cuestiones tales como la eficiencia del gasto público, existiría alguna posibilidad de mitigar el problema de la inseguridad si éste fuera priorizado y comprendido, al menos conceptualmente, por parte de las autoridades. Lamentablemente, no existe tal posibilidad porque Álvaro Colom ha manifestado en repetidas ocasiones una pavorosa incomprensión del problema y de su responsabilidad de enfrentarlo. Sería fantasioso pensar que sin interés ni planes para enfrentar a la delincuencia, por algún azar del destino el gobierno logre aplacarla. De hecho, es tan probable que esto ocurra como que 10 monos tecleando al azar en máquinas de escribir escriban el Don Quijote de la Mancha.

El programa radial Despacho Presidencial es un excelente medio para enterarse de los extravíos del presidente. En su última edición, se rehusó a responder preguntas sobre la inseguridad, porque, a su parecer, la “problemática” del desarrollo rural “ha causado más muertos que la misma violencia, muertos por hambre o por problemas de salud.”

Surge la tentación de desafiar al presidente a que presente las estadísticas que demuestren que 17 personas mueren diariamente en el país de hambre o por problemas de salud asociados a la falta de “desarrollo rural” (sea lo que sea que esto signifique.) Pero no debemos dejarnos llevar por la tentación, ya que aunque el escandaloso supuesto de Colom fuera cierto, aún así su conclusión implícita (el gobierno debe priorizar el desarrollo rural sobre el combate a la delincuencia) es incorrecta. El desarrollo rural no es la responsabilidad del gobierno, el combate a la delincuencia sí lo es.

Estoy seguro que  en algún momento de su carrera política, Álvaro Colom leyó la Constitución Política de la República de Guatemala. Después de todo, juró velar por su cumplimiento cuando asumió el mando. Pues en este documento, antes de referirse al “desarrollo”, se obliga al estado a garantizar “la vida, la libertad, la justicia, la seguridad y la paz.” El Organismo Ejecutivo que preside Colom es el único responsable de hacer cumplir las leyes que garantizan estos derechos primordiales. Además, el incumplimiento de sus funciones practicamente garantiza que estos derechos sean violados constantemente.

No puede decirse lo mismo con el desarrollo. El desarrollo rural (y urbano) es el resultado de un sinnúmero de factores, la mayoría de los cuales se encuentran fuera del ámbito de acción gubernamental. El gobierno puede facilitar las condiciones que propicien el desarrollo en ciertas regiones, por ejemplo incrementando la cobertura de educación pública, abriendo centros de salud, construyendo infraestructura, y velando por la seguridad ciudadana en ese lugar. Sin embargo, no puede garantizar el desarrollo porque no puede crear las empresas que generarían los empleos y las oportunidades económicas de las que el desarrollo depende. Tampoco puede crear los hábitos productivos en las personas para que éstas puedan desarrollarse a sí mismas y a sus familias.

Por lo tanto, es tan significativo que Colom diga que el desarrollo rural es su responsabilidad como que la prevención de huracanes es su responsabilidad. Es, en el fondo, una forma de abrogar sus verdaderas responsabilidades, aquellas enumeradas en la Constitución que juró defender, y aquellas sobre las que en términos prácticos tiene verdaderas posibilidades de incidir.

Written by craguilar

julio 30, 2009 at 10:32 am

Estado de Calamidad alias Gobierno de la Esperanza

leave a comment »

El heraldo de la muerte, Álvaro Colom, dejó por un momento de Cohesionar a la Sociedad para calmar a la población con un discurso radiofónico. Clausurando un día especialmente sangriento en lo que ha sido el período más violento en toda la historia de Guatemala (incluyendo a la Conquista), el autoproclamado heredero de la “Primavera Democrática” le pidió al pueblo que “no panda el cúnico.” Los comercios cierran sus puertas temprano, pero él no se inmuta porque –nos asegura- la “zozobra” terminará mañana.

Me pregunto, si el presidente puede garantizar tranquilidad para mañana, ¿por qué no la garantizó para hoy y para los días pasados? Si en verdad tiene este poder, entonces ha sido insensible al sufrimiento de los guatemaltecos y negligente en el ejercicio de sus deberes constitucionales. Y si no tiene el poder, entonces es un charlatán que dice cualquier cosa para comprarse tiempo. Sospecho que su proceder combina ambos vicios — negligencia y charlatanería. 

Es irónico que Colom se vea a sí mismo como la continuación de Arbenz, porque también se encamina al derrocamiento. El gran logro de la socialdemocracia ha sido que la gente pierda fe en la democracia. Gracias al presidente, las masas claman por una intervención de la CIA.

Nerón tocaba el violín mientras Roma ardía. Los buseros caen como moscas, mientras Colom se ufana de quiméricos logros en un conciliábulo socialista. Por ejemplo, el incremento de la matrícula escolar, logrado gracias a los pagos que a través de Cohesión Social le hicieron a padres por matricular a sus hijos. Pero matrícula no implica asistencia; si no pregúntenle al maestro del año, Joviel Acevedo, que cobra salarios sin dar clases. Como nos ha explicado Rigoberto Juárez Paz, los indígenas no se alfabetizan porque no lo necesitan, y no lo necesitan porque en sus comunidades se carece de oportunidades productivas que requieran de alfabetización. Mientras no se genere suficientes empleos formales en el país, seguirá siendo más rentable poner a los niños a labrar el campo que a estudiar. Pagarles por matricularse no cambia los parámetros de esta decisión, solo proporciona un ingreso extra.

Lo que el gobierno debe hacer es crear y mantener las condiciones que propicien la inversión productiva, la cual significa empleos. Los empleos, a su vez, proporcionan incentivos naturales para que la gente se eduque. La educación, al fin y al cabo, es un medio y no un fin. Si el Gobierno quiere hacer más, puede administrar eficientemente a la educación pública, construyendo escuelas, contratando, evaluando y capacitando a los docentes. Pero esto implicaría remozar completamente la burocracia del Ministerio de Educación y enfrentarse al sindicato magisterial, problemas de fondo que por razones políticas jamás abordarán Colom y Sra.

No sé si el presidente entiende que las condiciones esenciales para el desarrollo de un país son la seguridad y la certeza jurídica. Al instaurar un verdadero estado de derecho haría más por los pobres que cien Cohesiones Sociales.

Written by craguilar

marzo 24, 2009 at 11:22 pm